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Entre gustos y colores… escriben los sensatos

Una muestra impresionante del Barroco: la catedral "Nueva" de Plasencia: es bella, bellísima punto, no hay más nada que decir

Una muestra impresionante del Barroco: la catedral “Nueva” de Plasencia: es bella, bellísima punto, no hay más nada que decir

Hablar de belleza, hoy en día, compañeros, es algo muy difícil. Hay tres escollos para eso. Pelen bien el ojo, que este tema es de ésos en los que hay que esforzarse… y vale la pena, porque lo que se gana o se pierde es mucho. Vamos a empezar por unas cosas difíciles, en los dos primeros artículos, y después vamos a bajar un poquito a lo más llano. Como les digo, esto paga todas las entradas, si logramos ver, al final, eso tan bello: ¿qué cosa? La belleza misma…

Escollo Primero: ¡Son tantos los que creen que se trata de una simple “cuestión de gustos”!, de algo “subjetivo”. Yo preferiría decir “personal”, lo que no se opone a “objetivo”, pues ni siquiera se opone a “imparcial” o “conforme a la verdad según ésta está en las cosas”: yo tengo por muy importante, mis amigos, sanear todo, desde el lenguaje.

Claro, desde Descartes y desde Kant esto de “subjetivo” y “objetivo” parece ineludible. Desde Descartes y su separación radical “sujeto-el que conoce” – “objeto-lo conocido”, donde el sujeto queda fuera del conocer real: no es conocido de ningún modo, es un completo desconocido para sí mismo, está fuera del conocimiento y, por tanto, de la ciencia. Y desde Kant y su distinción entre lo “objetivo”, verdadero objeto de conocimiento, y lo “subjetivo”, la opinión no científica, no sujeta a las reglas que él mismo establece para su modelo de ciencia, la física, según él la interpreta, es decir, como una “ciencia” que no conoce en realidad nada.

Pero esas distinciones y separaciones no tienen sentido: el sujeto se conoce, es parte del mundo, y su conciencia consiste, precisamente, en el autoconocimiento y el conocimiento del lugar que ocupamos en el mundo, como ustedes y yo sabemos muy bien: por eso es un gran insulto decir de alguien que “no sabe ni donde está parao”: lo de Descartes no tiene sentido.

Lo de Kant tampoco, mis panas: Kant describe muy mal lo que sea el conocimiento humano, empezando porque niega que conozcamos el mundo y que entendamos, que captemos con la inteligencia, los datos de los sentidos, lo que vemos, oímos, olemos, etc. Puesto que conocemos el mundo, el ser de las cosas, conocemos como ellas son, que somos humanos, lo mismo que conocemos que también nuestros padres y nuestros hijos son humanos, que nuestros padres son causa nuestra y nosotros causa de nuestros hijos, etc.; como conocemos todo eso y mucho más, lo de Kant, de nuevo, no tiene sentido y eso es más que evidente. Mi idea de hombre proviene de que, cuando niño, capté la humanidad de mis papás, la de mis hermanos, tíos, amigos de la familia, otras personas y, lo más importante, la mía propia. No proviene de ninguna “espontaneidad” de mi mente, o sea, de ideas que están ahí independientemente de la experiencia, como dice el alemán, prusiano.

Así, yo no hablo de “subjetivo” u “objetivo”, porque, en mi relación con el mundo, del que formo parte, se forma mi personalidad y en ella consiste, en gran medida, mi situación existencial, que se completa trascendiendo al mundo. Yo digo “personal” y “conforme a verdad” e “imparcial”; y lo que se opone a lo legítimo no es “subjetivo”, sino “mediatizado”, “parcializado”, “oscurecido por la pasión” y cosas así. SUPERADO EL PRIMER ESCOLLO.

Segundo Escollo: “Cada quien tiene su verdad; por tanto, a cada quien le gusta lo que le guste, según su gusto”. Éste proviene del anterior, de manera que, superado ése, éste debería quedar en el aire y caerse a continuación, ¿no? No, no siempre, no cuando se trata de nosotros los hombres, tan brutos tantas veces. Hace falta que nos demos cuenta bien de los razonamientos, que seamos coherentes y que nos entreguemos voluntariamente a lo que la razón nos enseña. No siempre es fácil, sobre todo si se trata de superar vicios arraigados. Un poco de fuerza, por favor, compañeros, que, no me canso de repetirlo, vale la pena.

Decir que cada quien tiene su verdad proviene de visiones como la de Kant: “no podemos conocer el mundo, no podemos captarlo con nuestra inteligencia, no podemos decir que nuestras ideas de él le correspondan, sino, máximo, que son nuestras ideas”. Pero, eso no es verdad y no se lo cree ni Kant mismo, por eso escribió, tuvo amigos, habló con ellos, iba para su trabajo, cada día: sabía que las palabras significaban, que los amigos existían, que eran humanos, que sabían hablar como él, que el día es el día y el trabajo el trabajo, etc. Si no creyéramos que hay verdad y nos lo tomáramos en serio, no haríamos todas estas cosas. Como tampoco diríamos que hay humanos, que nosotros somos humanos, pues venimos (causa y efecto) de padres humanos, etc.

La verdad es un juicio de nuestro entendimiento, por el que le atribuimos a un sujeto un predicado, cuando la realidad es como dice el juicio: “yo soy humano”: esto es verdadero, porque yo soy humano, en realidad. Conocemos la verdad, porque podemos conocer la realidad y que nuestros juicios son como ella es. Es así de sencillo.

No cabe, entonces, esa típica objeción: “¿quién tiene la verdad, el católico, el judío, el musulmán, el budista, el ateo, etc.?” No cabe la objeción, porque no hay “verdad absoluta” fuera de Dios, es decir, el único que conoce algo así es Él, que conoce todo de manera absolutamente perfecta contemplándose a Sí mismo. Nosotros conocemos muchas verdades, conociendo muchas realidades distintas. Entonces, ¿saben quién tiene la verdad? El católico, el judío, el musulmán, el ateo y todos los demás, cada vez que captan algo con el juicio de su inteligencia, realmente. Así, uno no tiene que tener ni miedo ni presunción: todos conocemos millones de verdades y cometemos muy pocos errores, en proporción. Por eso, podemos hablar, porque comunicamos en todas esas verdades, que son comunes a todos. ¡Qué ánimo da esto, ¿verdad, compadres?! SUPERADO EL SEGUNDO ESCOLLO.

Tercer escollo: “Sí, pero, de todos modos, a cada quien le gusta lo que le guste, según su gusto”. Aquí caemos en algo muy importante. Antes digo, ustedes recordarán, que, en vez de “subjetivo”, yo acepto que se diga que algo es “personal”. El juicio, el estético o el de conocimiento, es personal, no hay duda, es obvio. Pero eso no quiere decir que no haya nada que decir sobre gustos. No me creen, ¿verdad? Vamos a pensar un segundo: dos ejemplos:

1) Un tipo cayendo a golpes a un bebé, horrible ¿cuestión de gustos? No me digas. 2) Una exposición de arte, un bidet lleno de excremento con una imagen del Papa semi-sepultada en el mismo y hundida en orina, horrible, ¿cuestión de gustos? Yo te digo: “¡¡¡NO!!!”, no es cuestión de gustos. “Hay gente que considera lo segundo arte”. Sí, y hay gente que, bajo cierta consideración, hubiera gozado con la primera: los voldemortianos soñando con el Señor Oscuro aplicando exitosamente el “avada-kadabra” a Harry Potter bebé (seguro que creyeron que iba a poner el ejemplo de un nazi o de un comunista, ¿no?, malpensados).

Entonces, admitiendo que el juicio estético es personal, hay una estética “conforme a la verdad que está en las cosas” o, como dicen hoy, “objetiva”. Eso es obvio de los ejemplos. Creer otra cosa es admitir que nos guste cualquier barbaridad, o sea, que seamos conformes con cualquier barbaridad, ¿no es así? ¿No nos gozamos en eso con que somos conformes? Si la barbaridad es lo que nos produce gozo, entonces seremos conformes con ella, con que el representante de Cristo en la Tierra sea vilipendiado de esa manera o con que la sensibilidad legítima de varios miles de millones sea pisoteada o con que el máximo jerarca de la institución más antigua y venerable de la Tierra sea tratado así o con que el máximo jerarca de la institución que provee más educación y salud en el mundo sea infamado de tal modo. Es horrible la cuestioncita, ¿no? Lo es en realidad, conforme a la verdad.

Pero llegamos a unas conclusiones muy útiles para avanzar en los próximos artículos: 1) la belleza no es “subjetiva”, se puede conocer que las cosas sean conformes o no a lo bello según la verdad; 2) el juicio estético es personal, pero eso no quiere decir que sea arbitrario; 3) los gustos no están en nuestras manos, nos gozamos por nuestra constitución, que no manipulamos como nos dé la gana; 4) hay gustos horribles y que manifiestan conformidad interior con lo horrible y, viceversa, hay gustos bellos, que revelan conformidad con lo hermoso; 5) la verdadera belleza tiene algo que ver con la verdad y con el bien. SUPERADO EL TERCER ESCOLLO.

No hemos dicho nada todavía de la belleza, de qué es y de cómo se relaciona con nosotros, pero hemos avanzado tanto, un camino larguísimo. Me alegra sobremanera, amigos. Vamos a ir all the way, hasta el final, mis hermanitos.

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