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Gran Músico contemporáneo: “del rock a la salsa, lo que hay es pseudomúsica”

Se refiere a la mal llamada “música” pop, al rock, a la salsa, la cumbia, el ballenato, el reggae, el rap y el hip hop, el raggaetón, la cosa ésa que mientan “tecno-music” y pare de contar

Volodos, el gran pianista, en plena acción, nos da una clasecita sobre estética y música, con tres palabras

Volodos, el gran pianista, en plena acción, nos da una clasecita sobre estética y música, con tres palabras

Su nombre es Arcadi Volodos, es un grande de la música en nuestro tiempo, ciertamente, uno de los mejores pianistas, el legítimo heredero de Horowitz. Si no lo sabías, se debe, muy probablemente, a la brutal ignorancia y carácter arrabalero que caracteriza a nuestro mundo. No dice, realmente, lo que yo pongo en su boca arriba: eso es la manera en que yo traduzco lo que él dijo a mi vocabulario técnico. Lo que dijo fue: “la música de hoy es ruido organizado” (El Universal, 26-05-13). Para mí, él es, además de músico, un tipo muy amable, que no gusta de herir sentimientos. En verdad, lo que llaman hoy en día “música”, los “géneros” de la lista del acápite, son estridencia y, como la música no es estridencia, ambos son antagonistas, lo que llaman hoy “música” es, en verdad, anti-música. Lo que él describe como ruido organizado, no es tanto esto último, es, más bien, estridencia con ritmo. Y, como dice un gran amigo, el ritmo sigue a la melodía, no al revés: un ritmo sin melodía no es música, mucho menos si el tal ritmo lo que “organiza” es estridencia. Mucho menos, cuando la estridencia organizada se hace acompañar de letras que dejarían morada a cualquier prostituta de burdel de cualquier sociedad que no fuera la más arrabalera de la historia, esto es, la nuestra.

Época singular la nuestra. Toynbee muestra que los colapsos y fases moribundas de las civilizaciones conllevan, un número importante de veces, la vulgarización de los gustos y las costumbres. ¿En qué fase se hallará esta sociedad ordinaria, orillera, tosca arrabalera, ramplona, esta sociedad en que los centros comerciales parece que fuera a explotar y las bibliotecas languidecen, menguadas como desiertos? Qué progreso: universidades que no entienden lo que es la sabiduría y su función sapiencial, que, peor aún, la niegan y se encierran en nihilismos, sobre el presente y proyectados al universo y a la historia, utilitarismo y tecnocracia. Aquí florece el arte. La arquitectura es cajas con vidrios y así es definida por sus más autorizados representantes, Le Corbusier o Gropius. Las representaciones pictóricas o escultóricas, a lo más, ponen videts llenos de orina en el medio de una sala, con fotos del Papa o imágenes de Jesús o de su Madre Santísima o del profeta del Islam Mahoma, dándose un bañito en la muestra biológica del “artista”. En la que la literatura da grandes premios a gente que odia al hombre y odia lo que da sentido a su vida, de modo que odia a los más queridos símbolos de los bienes más altos, de lo más sagrado; lo que expresan en sus sátiras que son más muecas y morisquetas diabólicas que gracejos y retruécanos y gestos profundos, simpáticos, sutiles, altos, de los que tocan lo mejor.  La sociedad que llama música y se va detrás, en masas sin precedentes, de las estridencias con ritmo.

Platón, quien tenía una idea sublime y completa de la formación del ser humano y su relación con la política, la cultura social y todas sus manifestaciones exteriores, tenía muy claro la trascendencia de la misma en todo el entramado social. Aquí, el arte, paradigmáticamente, y la música tienen el primer lugar. Por ello, “habrá que buscar artistas capaces de rastrear la huella de todo lo bello y gracioso, para que los jóvenes vivan en un lugar sano y reciban ayuda por doquier, expresada en las bellas obras que impresionen sus ojos y sus oídos, al igual que un aura llena de vida que ya desde la infancia y apenas sin darse cuenta les moviera a imitar y a amar lo bello de perfecto acuerdo con la belleza expresiva”. Esta educación, que incluye la de las virtudes y la de la contemplación de lo bueno, verdadero y bello, tiene como resultado final una capacitación para lograr lo trascendente: “¿seremos capaces de dominar la música (…), si no reconocemos dondequiera que sea la forma de la templanza, del valor, de la generosidad, de la grandeza de alma y demás virtudes hermanas de éstas, así como las que les son contrarias, y si, por otra parte, no nos damos cuenta de que existen, ellas mismas y sus imágenes, en cuantos las poseen? No creo que debamos despreciarlas [a la educación musical y a las formas de las virtudes] ni en las pequeñas ni en las grandes cosas y, por el contrario, hemos de pensar que son objeto del mismo arte y del mismo estudio”. La adecuada educación en la que se realiza el orden es el camino para que las personas, los educandos, “no ya nosotros [legisladores], sino los guardianes cuya educación nos compete”, puedan realizar y contemplar el orden (Platón, República, libro III, 401b-402c).

Por eso, él sabía muy bien que, movidas un centímetro las reglas de la formación musical y de la expresión artística, la ley perdería todo su valor, habiendo sido removida la piedad de los corazones de las personas, en especial de los jóvenes y, más adelante, de las sucesivas generaciones. Pío X lo sabía muy bien, en conexión con la sabiduría cristiana de los siglos, capaz de asimilar toda la ciencia y todos los aportes de lo bueno, verdadero y bello que hay en el hombre. Por eso, a principios del siglo XX, cuando estaba en su batalla impresionante con los modernistas pseudocristianos, dentro de la misma nota, expulsaba la OPERA de la liturgia, en la cual se había colado… Los revolucionarios rusos lo sabían también, en conexión con su inspiración diabólica; y, por eso, en 1.927, giraron órdenes por todo el mundo de que se produjera una música revolucionaria. La misma fue lograda por Bob Dylan, en 1.965, en el festival Folk de ese año, inspirado en buena parte, en los también revolucionarios beats, de Jack Kerouac, sacudiendo al mundo, dando lugar al rock and roll, tal como lo conocemos, y todo el movimiento musical que se ha gestado hasta hoy, mucho más allá de los más radicales sueños del Politburó de 1.927. Quienes no se enteraron fueron los descendientes de la grey de Pío X, dando lugar al más total triunfo revolucionario: iglesias-cajas con vidrios, “arte” católico vanguardista y conceptual; la estridencia con ritmo contaminando la liturgia. Hay que ser orillero, arrabalero, ordinario, vulgar, ramplón, menos que mediocre, tosco y grosero, para meter creer que hay “rock cristiano” o “balada adulto contemporáneo cristiana” o “teno-Cristo” o algo así. Ay, dolor del espíritu, en esta opresión revolucionaria. Levántense, se necesita rebelión, rebelión de la esencia…

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