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¿Derechos… reproductivos? Odio al hombre que procrea y a Dios que crea

Hay capacidad para alimentar varias veces la población mundial, según la ONU

Thomas Malthus inventó que el problema no era la pobreza, sino los pobres. Tiene infinitos seguidores hoy, aunque más radicalmente odiadores del hombre... y de Dios

Thomas Malthus inventó que el problema no era la pobreza, sino los pobres. Tiene infinitos seguidores hoy, aunque más radicalmente odiadores del hombre… y de Dios

Según la ONU, la OMS, Planned Parenthood y Obama, la Unión Europea y la mayoría de los políticos iberoamericanos, los problemas del mundo de hoy son 1) la superpoblación: aborto, esterilización, infanticidio, guerra, contracepción; 2) la muerte de madres en el parto: aborto, esterilización, blablá; 3) la homofobia. Este último, vamos a dejarlo, por ahora, for the time being. La superpoblación, que, según los maltusianos, genera hambre y calentamiento global (¿habrá quien crea en esto todavía?, ¿no será esto una muestra suficiente para que sea evidente la mendacidad de la “opinión pública” actual?), y la muerte de las madres son la piedra angular de la victoria de lo que de feminismo tiene la ideología de género: la afirmación de los derechos reproductivos. Éstos son curiosos derechos, derechos a no reproducirse, derecho a matar al producto de la PROCREACIÓN. Derecho de la mujer a liberarse del yugo por antonomasia: el pene; y de lo que viene con él: el hombre, la familia, el compromiso, los niños, las responsabilidades. Son derechos a que las naciones ricas se salgan con la suya, como sabemos por el Plan 2000 de Población de los Estados Unidos, que consiste en hacer que los políticos de los países pobres sean los representantes del suicidio de sus poblaciones, en favor de los gringos y europeos y en nombre de la libertad [de suicidarse]. El problema es el que denuncia, en Aviso a los navegantes, don Mario Briceño-Iragorry: luego de participar, como embajador de Venezuela, en la tercera reunión de la Liga de las Naciones, quedó horrorizado: el delegado de EUA, señor Voght, justificaba la guerra de Corea y el antinatalismo, pues, ¡¡¡en 1953!!!, “sobraba un tercio de las bocas del mundo”. A lo Ted Turner, quien dice que se debe aplicar la política del hijo único china, en todo el planeta (Steven Mosher, Ted Turner pide que se aplique política de un solo hijo a nivel mundial, Population Research Institute, Reporte Semanal N. 105, 2010): tiranillo el líder ateo, premio Hombre del Año, de la American Humanist Association. Entonces, según los maltusianos, el problema es la gente. I Think not, ése es el problema para los que odian al hombre, porque odian al Creador, a cuya imagen y semejanza se creó el ser humano.

El problema es la inmoralidad, que los maltusianos mismos promueven. Abajo citaré dos artículos que muestran que el mundo está muy lejos de la superpoblación. Claro, toda la población del planeta cabe en el estado Bolívar de Venezuela, con 35 metros cuadrados para cada uno… y sobra el planeta entero. Y lo peor es que el columnista, Kliksberg, cita a la propia ONU y a la propia OMS como organismos que aportan los datos para refutar su propia inmoralidad. Claro, como buenos maltusianos, el razonamiento es así: “los pobres están muy mal, los podríamos mejorar con un buen esfuerzo; luego, tenemos que matarlos a todos, para lo que tenemos que inventar todas las excusas imaginables [incluida la mentira del calentamiento global o la de la superpoblación o cualquiera] y los medios para, desmoralizándolos, hacer que ellos aplaudan su propio genocidio o que, incluso, se lo auto-inflijan”. Vamos a refutarlos, a dejarlos en la calle, es muy importante, nos manda el amor, la esencia:

“En el 2008 la humanidad tuvo la segunda mayor cosecha de toda su historia. Sin embargo, según denuncia un organismo internacional, Acción contra el Hambre, ese año murieron 5 millones de niños por hambre. En el Día Mundial de la Alimentación que termina de cumplirse a pesar de los enormes avances tecnológicos en la producción de alimentos no hay mucho que festejar. 24.000 personas mueren de hambre por día en un mundo que puede generar alimentos para una población muy superior a la actual, y el 75% son niños. El número total de personas con hambre creció en un 9% en el último año, y es ahora un récord, 1.020 millones, uno de cada 6,5 habitantes del planeta. El 20% de todos los niños del mundo está desnutrido. El hambre mata madres a diario. Fallecen anualmente durante el embarazo o el parto 500.000 madres, el 99% en países en desarrollo. Una causa es la anemia que las madres con recursos evitan sin problema ingiriendo tabletas de hierro. Cuestan muy poco pero las madres pobres no tienen para comprarlas. Mueren por año 9 millones de niños menores de 5 años. De una tercera parte, la mitad por una de las consecuencias de la desnutrición: la diarrea. ¿Y por qué esta discrepancia enorme entre la capacidad de producción de alimentos y tantas muertes por hambre? El tema de la alimentación no es solo un problema de producción. Cuanto más alimentos se produzcan, mejor, pero el tema central es hoy el de acceso a los mismos. En un mundo de groseras desigualdades como las llama las Naciones Unidas, que hacen que las tres personas más ricas, tengan más que el Producto Bruto del 20% de la población del orbe, muy amplios sectores no tienen trabajo, ni ingresos ni protección, para poder tener alimentos. A ello se suma la especulación activa en ese mercado, y su fuerte concentración monopólica, que incide en la contradicción aguda de que los pequeños agricultores con frecuencia padecen ellos mismos hambre. Según la FAO con 30.000 millones de dólares todos podrían comer en el mundo actual. Es muchísimo menos del 10% de lo que se lleva en asistencia a las entidades financieras, cuyo mal manejo incidió fuertemente en la crisis actual. Algo muy importante debe cambiar, y cuanto antes” (Bernardo Kliksberg, Director del Fondo España-PNUD/ONU, Algo debe cambiar urgente, El Universal, periódico venezolano de circulación nacional diaria, del 21-10-2.009).

Es decir, nada de superpoblación o de “derechos reproductivos”, ninguna de las excusas de los maltusianos. Pero el mismo autor de ese artículo, la misma autoridad, da más datos aún:

“Hay una injusticia silenciosa que termina de denunciar la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard. Muchas enfermedades requieren cirugía, como temas cardiacos, cáncer, accidentes automovilísticos, nacimientos complicados. La ciencia médica puede hoy ayudar muy efectivamente. Pero en un mundo tan desigual el acceso a salas de cirugía es totalmente disparejo. Se practican por año 234 millones de cirugías. El 1/3 más rico de la población mundial recibe el 75%, y el 1/3 más pobre sólo el 4%, 18 veces menos. Más de 2.000 millones de personas no tienen acceso adecuado a un tratamiento quirúrgico. Analizando 92 países, Harvard encontró que las regiones de altos ingresos tienen 14 facilidades quirúrgicas cada 100.000 habitantes. Las de bajos ingresos, sólo 2. Además, éstas son las que tienen una incidencia mucho más alta de enfermedades que requieren cirugía. Los investigadores examinaron si había un oxímetro, monitor que mide a través del pulso la cantidad de oxigeno en la sangre de los pacientes durante la cirugía, y es esencial. Mientras que está presente en el 99% de las operaciones hechas en áreas de altos ingresos, falta en más del 50% de los casos en zonas de bajos ingresos. Se realizan por año 32 millones de cirugías sin él. Dicen el informe: ‘1/3 de la población del mundo no tiene acceso a servicios de cirugía esenciales, como cesáreas de emergencia, y tratamientos para heridas serias de accidentes en los caminos’. La inequidad en estos aspectos tan básicos, es parte de cuadros generales de desigualdad en el acceso a la salud más amplios que llevan finalmente a que la distancia de esperanza de vida entre los países desarrollados y los en desarrollo alcance los 30 años. Estas disparidades integran las agudas desigualdades de nuestro tiempo en ingresos, acceso a activos productivos, educación, salud pública, acceso a las nuevas tecnologías, y en definitiva posesión de bienes. Según un estudio de la Universidad de las Naciones Unidas, sobre la distribución de los activos acumulados en el mundo, el 10% más rico tiene el 85% del capital mundial, mientras que el 50% más pobre sólo posee el 1% de dicho capital. Una reciente encíclica de la Iglesia llama a las desigualdades actuales ‘hirientes’, y en informes de Desarrollo de la ONU se las ha calificado de ‘groseras’ […]. La Comisión Mundial de Determinantes de la Salud, establecida por la Organización Mundial de la Salud, realizó sugerencias muy concretas al respecto: ‘La distribución desigual de los recursos sanitarios es el resultado de una nefasta combinación de políticas y programas sociales deficientes, arreglos económicos injustos, y una mala gestión política’” (Kliksberg, Injusticias, en: El Universal, 28-07-2.010).

De nuevo, nada de los maltusianos. Tiranía y odio al hombre es lo que son ellos, los totalitarios. Pura revolución, puro gnosticismo odiador de Dios y de su orden. La respuesta es la rebelión, la rebelión de la esencia…

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1 comentario

  1. Jonatan dice:

    No sean necios. La muerte de miles de millones de personas es inevitable si no hacemos algo por mantener las condiciones naturales que hacen posible la vida en el planeta.

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