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La revolución “mata” a Dios y se construye a dios (3)

El new age “al desnudo”, desde sus orígenes históricos y antropológicos

Acuario, sustituto de Cristo, el símbolo de la Nueva era, de la new age, radical anti-cristianismo

Acuario, sustituto de Cristo, el símbolo de la Nueva era, de la new age, radical anti-cristianismo

En los dos artículos anteriores vimos la deificación usurpadora del hombre y la erección de ídolos por quienes rechazaron al Logos divino, al rechazar la razón humana. Esto trajo graves desbarajustes, entre los que no son menores las guerras, la opresión de la inmoralidad, el totalitarismo, la represión de la libertad religiosa. Pero hay mucho más.

El rechazo de Dios y de las doctrinas teológicas que habían vivificado a nuestra civilización, el Cristianismo, ha venido a parar en una confusión sincretista inaudita. Toynbee dice que uno de los signos de la entrada de una sociedad en fases de colapso y desintegración es la vulgarización. En Occidente, esa vulgarización, por el rechazo académico y de los otros “mayores” de la sociedad respecto de Jesús de Nazaret, es decir, por un movimiento que fue de arriba hacia abajo y, de abajo, en justo pago, ha venido a volver hacia arriba, está preñada del más bajo materialismo y de la más total “nesciencia”, como lo muestran las doctrinas que se mezclan.

Todo comenzó cuando, rechazada la Iglesia y rechazado el Verbo encarnado, los “humanistas”, los “renacentistas”, portadores de la “luz” [demoníaca], se autoarrogaron la vuelta a la verdadera sabiduría “antigua”. Más bien, se trataba de magia y mayormente de reciente data: cábala y hermetismo, mezclada con creencias inaceptables como astrología y toda clase de esoterismos. Reuchlin llevó el movimiento del sur, de Italia, al norte europeo; e Isabel I de Inglaterra se embarcó en la empresa, nombrando a su propio mago, John Dee, que debía poner las fuerzas ocultas a trabajar en el incremento del poder de la “reina virgen”. El “gran” Francis Bacon también se contagió de la voluntad de poder. Y, cuando el imperio inglés echó sus raíces y se formó, a todo este fermento se unió la fascinación por lo exótico: chino, indio, africano, siamés, etc. Ya antes, de Alemania había salido la magia rosacruz, llena de hermetismo y esoterismo, y su “ilustración”, a contaminar las aguas de la cultura europea. Todo esto vino a unirse al gnosticismo autóctono occidental, que, rechazando la mayor sabiduría nunca lograda por el hombre y nunca llegada a ser sustancia de una comunidad civilizacional, se convertía en una deshumanización de enormes proporciones. Todo el caldo dio pingües frutos y de los más variados; aunque con un sustrato común: el rechazo de Dios, la voluntad de poder, la irracionalidad, la creencia en algún tipo de magia, en sentido amplio, como sustituto de la vera religio. He ahí a la mal llamada “modernidad”, los rosacruces, el trascendentalismo estadounidense, la masonería, el new age, todos los cuales se mezclan en el menjurje contemporáneo de maneras altamente variadas.

En cuanto a la corrupción del hombre medio, merece una mención especial el new age, versión popular de este gnosticismo pseudo-religioso occidental. Es muy importante, entre otras cosas, porque es normal que los “grandes” se envanezcan, se ensoberbezcan y se rebelen contra Dios; mientras que los humildes siempre suelen permanecer fieles al Creador. El new age es una forma de “antídoto” contra la fidelidad respecto de Dios, un tremendo truco del homicida, mentiroso y padre de la mentira y sus hijos de este mundo (cfr. Jn. VIII,44). La astrología, el “pan-enteísmo”, la  “teosofía”, la “metempsicosis” o “metemsomatosis” de los reencarnacionistas, the craft, la wicca, el arte brujeril, la psicología transpersonal, el yoga, el druidismo, los gurúes índicos, el relativismo religioso y total, el materialismo, versiones descabelladas de pseudo-física pseudo-cuántica, gnosticismo, catarismo, maniqueísmo, neoplatonismo, pseudo-misticismo, y demás rasgos de esa masa informe denominada New Age, que, en su propio nombre, impone un rechazo radical de Jesús, cuya era, la era de Piscis, ya pasó definitivamente, para darle su lugar a la nueva era de Acuario. No nos detengamos ahora en la astrología o en los reencarnacionismos, que son tan manifiestamente falsos que no requieren de mayor consideración (que se ha hecho y se hará en este blog). Veamos a la teosofía, bastante cercana al “pan-enteísmo”, pseudo-“religión” profesada por muchos y que fue convertida en movimiento masivo por madame Blavatski en el siglo XIX.

La teosofía es de una gran simpleza (no simplicidad, que es una virtud): consiste en que la diversidad es una mera apariencia: en realidad, todos los seres no son más que uno y la conexión entre todos es lo que llamamos ‘Dios’, que no es más que una energía (he aquí el materialismo metafísico, que no entiende la trascendencia de Dios respecto del cosmos creado). Por lo que ha de buscarse, según los teósofos, la disolución de toda diversidad y de toda oposición: materia-espíritu, sujeto-objeto, hombre-mujer, animado-inanimado, ying-yang, etc. A la verdad, de acuerdo con ellos, todo es Dios, pues cada cosa es parte del todo, de ese todo que es un solo ser. No sólo es materialismo, pues, en este punto, es ya cuestión de insania mental: el no admitir la más palmaria evidencia de la diversidad de los entes, incluyendo a los mismos teósofos. Cabría preguntarse cómo fue que esta unidad divina llegó a producir unas apariencias engañosas de diversidad para partes de sí misma, o sea que se engaña a sí misma o a algunas de sus partes: ¿habrá sido por un pecado de estas partes de sí misma? No parece, dado que el pecado para los New Age no existe y la diversidad es sólo una apariencia.

Hay, según la interpretación teosófica, unos seres superiores, más evolucionados (algunos de los cuales son –otros no– los que han fundado las religiones, que en el fondo son diversas sólo por la poca evolución de los hombres comunes), que han tenido una conciencia viva de esa enfermedad que es la diversidad y han podido ver a ese “Cristo Cósmico”, del que ellos son una manifestación y que es ese vínculo de cada cosa con el todo. Los “médiums” y chamanes modernos tienen por función principal conectarnos con estos seres más evolucionados. Este materialismo tan radical, o la “conciencia” de que ésta es la realidad, es lo que ellos, los New Age, en general, y los teósofos, en particular, llaman ‘espiritualidad’ y ‘misticismo’; y cada quien debe tratar de ampliar su conciencia, por alguna técnica o droga alucinógena, para adaptarse a la psicología trans-personal de Abraham Maslow, y debe descubrir el dios que hay en él, que se reduce a su deseo de poder y perfección, según Carl Gustav Jung, para deificarse, no cristianamente, por una gracia del Todopoderoso, sino por una conciencia de esa evolución de la que se habló. Es claro que esas técnicas, esa evolución, esos grados de conciencia, etc., postulan la necesidad de esoterismos, sociedades secretas, ritos de iniciación, etc., que existen y que tienen mucho poder hoy en el mundo y que trabajan activamente para acabar con el cristianismo y para acabar toda forma de religión particular y para tratar de cambiar las relaciones de Poder en el mundo, muchas veces a través de la UNESCO, la ONU, etc. Demás está decir que estos intentos de reducir todo a unidad, acabando con las religiones, no podrían terminar sino en la más total caída de todo vínculo social de la humanidad, jamás vista, y así en guerras y demás plagas. Pura revolución. Unidos a Cristo, unidos a lo mejor de la racionalidad humana, a los clásicos griegos, los grandes autores cristianos, desde los padres apostólicos, hasta el más grande de todos, Santo Tomás, unidos a la Iglesia, sus tradiciones y el Magisterio de la sucesión de los Vicarios de Cristo, sucesores de Pedro en la Sede de su martirio (Jn. XXI,15-19), nos rebelamos. ¿Nuestra rebelión? La única verdadera en los tiempos de la revolución, la del orden y el sentido, la rebelión de la esencia.

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