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La reina de Atlantis persigue a los impugnantes de la occulta philosophia (1)

Cuento sobre los orígenes del triunfo de la revolución: Isabel I abraza la revolución

La reina de Atlantis persigue a los impugnantes de la occulta philosophia
I.- La reina virgen busca ser la reina hada
Isabel I, la Reina Hada, reina con magos reales, inspira a Spenser, Francis Bacon y Shakespeare

Isabel I, la Reina Hada, reina con magos reales, inspira a Spenser, Francis Bacon y Shakespeare

La ciudad de Bensalem es la capital de La Nueva Atlantis. En ella, tiene su asiento el gobierno de ésta, la “isla de las hadas”, la isla mágica, cuna del capitalismo, propulsora del progreso, de la revolución universal. Hoy en día, todos quieren ser bensalianos o de algún país en los que los bensalianos fijaron colonias propiamente dichas o, al menos, quieren ser como los bensalianos. Pero nuestro caso tuvo lugar en una época inmemorial, en los albores de nuestro mundo. En la época en que otras eran las luces de esta Tierra; en la época en que nuestro sol nacía, de las entrañas mismas de aquella reina atlántica, aunque ella era virgen. En los arcanos del tiempo, reposaban las semillas de las que nació nuestro sol, fueron siendo depositadas en un semillero por grandes seres celestes, de muchas raleas, unos atlánticos, otros de allende los mares. Tres atlánticos, tres continentales, uno de los cuales conectaba todavía con un sol, anterior al sol que debía morir para que naciera el nuestro. Un sol de la época de los soles abuelos.

Del sol que había de morir, de sus propias entrañas, salió un atlántico especial, una suerte de fuente de chispas espirituales sin cuento. Él mostraría el camino a una nueva forma de asociación humana, en la que no habría gobierno, en la que el pueblo debía regir sus destinos; se trataba de seres nuevos, con derechos oponibles ante nadie y ante todos, seres que podían vivir sin sociedad: gran forma de magia ésta, productora de humanos nuevos, sin concurso de la divinidad o tan potente, más bien, que podía producir una nueva divinidad. Este atlántico trazaba caminos nuevos a la ciencia de lo natural, antecediendo a Renato de la Cartas, en su afán de despojar de cualidades al mundo y de reducir todo a mero movimiento sin conexión. De su varita salen deberes sin contenidos, mundos sin bienes, dioses locos y caprichosos, que imponen su voluntad a los libres que son su hechura, seres sin ser ni esencia; un mundo sin orden ni concierto. Todo en germen, todo en las semillas. Ellas habían de fructificar.

Otro bensaliano, en el comienzo del declive del sol antiguo, en el momento de la más larga conflagración de dos de las potencias que se acobijaban bajo el mismo, de las semillas anteriores, extrajo un nuevo tipo de chispas: los soles debían ser nacionales; el Sol universal debía nacionalizarse. Eso sería como una muerte para el verdadero Sol. En eso consistía la magia, en matar al sol verdadero, porque el orgullo debía forjarse su propio sol.

Todavía vino un tercer atlántico forjador de simiente solar. Éste se lanzaría al continente, para estar muy cerca de la reina madre del nuevo sol nacional, reportándole a ella lo que sucediera en las otras cortes, tratando de ganar traidores de otros países para ella. Éste traería ya la magia y el sentido del nuevo sol, para la tierra nueva. Esa magia era precisamente la magia, el formular encantamientos que no cambiaran el mundo, sino que tuvieran otra virtud: transformar todo en oro, era alquimia cabalística, es la nueva “justificación”, lo que se ha venido a llamar “racionalización”: todo vale para aumentar mi poder, destrozando al sol antiguo y universal.

El poder desnudo ya estaba provisto de sus más potentes armas, en un mundo sin verdad y sin orden, la reina virgen tenía camino libre para forjarse su mundo nuevo. Ese mundo terminaría cubriendo a la totalidad del universo. Pero eso todavía requirió del trabajo de tres Generadores de semillas solares. El primero, más que en un hombre, consiste en una mancha del sol universal, el sol antiguo, el sol padre. Es una mancha que lo atraviesa de lado a lado, de la que llueven chispas de soles falsos, paraísos en la tierra. Esas chispas, al que cae bajo su influencia, lo hacen ver un mundo podrido, hechura de un anti-sol. Eso da la tarea, el construir un mundo nuevo, con base en delirios hermosos de mi imaginación o de la tuya. Lo que la imaginación modele, eso será el polo positivo de la ciencia nueva. El conocimiento es completo cuando se reconoce que el mundo es putrefacción, caída radical de un paraíso perdido, que debe ser recreada, a la imagen de la fantasía, fantasía que supera, en esta tierra, todo paraíso pasado o trascendente, es un mundo de modelos del mundo o de partes suyas.

Otro monje del sol antiguo, ferviente seguidor del atlántico más especial, el antiguo generador de semillas, daría lugar a semillas poderosas de nuevos soles. Éste vería que el sol mismo antiguo es caída, todo él es corrupción babilónica. Él traía consigo el verdadero sol. Éste consiste en que el hombre es caída, pero debe creer que sin el sol alcanza al meta-sol, leyendo en su libro, sin ninguna ayuda, cosechando de él lo que el meta-sol le diera. Éstas son semillas poderosas, que darían pingües frutos, en lecturas infinitas, cada una más bizarra que la otra, del libro del meta-sol, el único vínculo entre el meta-sol y la caída que son los hombres. Es el conocimiento de la mancha en el sol antiguo y universal que se describió antes, pero llevado estrictamente a las relaciones entre los hijos del sol antiguo, devenidos ahora en renegados de ese sol antiguo y universal y portadores de semillas nuevas. En 50 años, la simiente de la ruptura radical estaba puesta y más de 100 mil almas habían sido despachadas al otro mundo, a ése del que ahora se renegaba con tanta fuerza, aunque sea inescapable. En un año, en un hijo continental de Atlantis, 4 mil sacerdotes del sol antiguo y universal fueron linchados; destruidos 2 mil monasterios y ultrajados más de 20 mil templos. La reina virgen reía jubilosa.

La última fuente de semillas, chispas, solares que toca describir es la más particular de todas, surgida de un manantial antiguo, llegó a ser lo que es, al renegar de su origen prístino, al desconocer la culminación de todas las promesas que contenía. Cuando, negado ese sentido, se negó a aceptar todo sentido proveniente del logos subyacente, provisto por el propio meta-sol, buscando su afirmación, en un sol inmanente, paraíso en la tierra. Primero, buscó sobrevivir entre los habitantes del mundo bajo el sol antiguo y universal, permitiéndose mentir para sobrevivir; la trampa para medrar y satisfacer su deseo de superar a los que vivían bajo el cobijo del sol que él rechazo. Luego, dio y dio alas a su esperanza en un sol libertador, que le permitiera a sus pies horadar los soles de toda la tierra, hasta sometérselos y convertirlos en otros tantos escabeles a sus pies. Más adelante, forjó una magia arcana, con poder para producir un androide vivo; y para recoger todas las chispas solares esparcidas y conquistar un poder nunca visto para sí y ya no erigirse en gobernante supremo, sino en tirano total, obrando a sus anchas.

Una gran magia debía reunir todas estas semillas, para que, fecundándose mutuamente, se erigiera, primero, el nuevo sol en el horizonte de Atlantis; y, luego, quedara completamente destruido el sol antiguo y universal, de modo que el nuevo sol atlántico cubriera con su sombra al mundo entero. La reina virgen se creyó capaz de producir pócimas y conjuros, erigirse en la guía hacia la nueva revolución cósmica. En efecto, de su vientre, nuevos modos de hacer la guerra surgirían, que se unirían a los antiguos. Una legión inmensa de propagadores de la nuevamagia y el nuevo sol; otra mayor descubriría cómo hacer que el sol antiguo y universal fuera visto como monstruo horrible y verdugo opresor, pura corrupción, caída total. Bajo su égida el antiguo sol quedaría excluido de Atlantis, ¿para siempre? (eso sólo lo sabía el meta-sol): todo el que quisiera serle fiel, sería a su vez y por definición enemigo del reino, traidor y reo de muerte, en juicio sumario; y sus bienes pasarían a los magnates y príncipes, lacayos, de la reina virgen. La ciencia atlántica, la occulta philosophia y el modo de comprender a éstas y ponerlas al servicio del poder del sol nacional, germinaron en la tierra y lanzaron sus frutos para la conformación de ese mismo sol. En cuanto a la filosofía de verdad, ella debía ser tragada por el conocimiento, por la gnosis, y por la ausencia radical de orden del atlántico antiguo y especial generador de germen solar. Todo era auspicioso en su largo reinado de 44 años, hasta que le tocó ir a verse con el meta-sol trascendente, en quien reside el verdadero poder y cuyo juicio no podemos evitar, aunque busquemos paraísos en la Tierra y nos ceguemos ante su gobierno infalible, como dicen del avestruz, metiendo la cabeza en la tierra.

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