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Todos y todas: es la “era común”, no la cristiana

No es sólo autocensura, como dice la leyenda de la foto, es verdadera censura, por parte de quienes manejan las transnacionales de la opinión, las reglas del discurso

No es sólo autocensura, como dice la leyenda de la foto, es verdadera censura, por parte de quienes manejan las transnacionales de la opinión, las reglas del discurso

Estoy dando varios cursos en la Universidad, en Santiago de Chile, ciudad que nos ha acogido a mi familia y a mí, en los tiempos de dificultad de Venezuela, mi patria querida. En realidad, con todas las diferencias, se trata de vivir en otro país occidental, con su pasado cristiano, sus instituciones tributarias de ese pasado, con las distinciones entre gobierno, academia e iglesia, propias de mi civilización; más aún, se trata de un país hispano y, para completar, suramericano. Parece que no hay modo de perderse mucho en los recovecos del espíritu de este pueblo. Pero menos aún en el mundo de hoy, el mundo en que un imperialismo llamado globalización y una tiranía orwelliana, con su neolengua y sus modos finos para idiotizar, esto es, para diluir al espíritu en superficialidad, ignorancia, pobreza y limitación de horizontes, abulia espiritual, ánimos parranderos, videojuegos, drogas, “espiritualidades” materialistas new age, etc.; para dividir a las personas, destruyendo las instituciones que articulan mayormente sus relaciones sanas y sólidas, como la familia, con las nuevas parejas “líquidas” y sus concubinatos, sus poligamias, de parejas concomitantes o sucesivas, sus divorcios express, su irresponsabilidad en la anticoncepción y sus abortos, ahora súper-express, con la pastillita de depo-provera y similares. En este país, también, la neolengua existe, of course, y, for sure, se llama CORRECCIÓN POLÍTICA.

En esta neolengua, no hay educación de niños con problemas de aprendizaje ni nada por el estilo, no puedes llamar a nada por su nombre, a menos que el nombre provenga o sea conforme o aceptable con alguna de las ideologías del “status”: sexismo, feminismo, ideología del género, abortismo, divorcismo, eugenecismo, maltusianismo odia-pobres y no-blancos europeos; cientificismo; anticristianismo, irreligiosidad, anti-islamismo, new age; si vas a ser cristiano, que seas anticatólico, al menos; materialismo radical; “tolerancia”, es decir, pro inmoralidad y relativismo teórico, ético, religioso, cultural; y paremos de contar. Así, si estudias la carrera de educación para las personas dichas, tienes que llamarla “educación diferencial”, no “especial”, como antes, sino “diferencial”, sin importar que no se entienda qué es lo que se quiere decir, sino salvo luego de una explicación. “Ahora los negros son afrodescendientes, como mi vecino rubio hijo de un sudafricano; los cojos son personas con discapacidad motora, aunque sigan cojeando de la misma pata; y todos ya no somos todos, sino que también tenemos que ser todas” (Jorge Sayegh, Políticamente incorrecto, El Universal, 10-03-13).

Según Jorge Sayegh, articulista inteligente, independiente de verdad, pro-modernidad y muy desavisado en lo que se refiere a la tiranía contemporánea, la corrección política “del siglo XXI” es un “formalismo intrínsecamente estúpido”. Es lo que sucede “cuando la estupidez se oficializa”, pues “tiene el siniestro poder de parecernos normal”. Mas “corta los talones de la iniciativa y nos autocensura o, peor aún, nos convierte en fariseos implacables que censuran escandalizados a todo aquel que llame las cosas por su nombre” (ibíd.). Aquí tiene razón Sayegh, se trata de la censura, de la autocensura, debida a un cierto algo que se oficializó, sin que autoridad alguna representante de la soberanía de alguna comunidad lo sancionare. Sí, es un “formalismo”, aparentemente estúpido, pero no inocuo y no inocente: es una censura, una censura de ciertos “enemies of the people”, es decir, de la tiranía, como dicen en la película The Inner Circle de los enemigos de Stalin.

Así, con toda su independencia e inteligencia, Sayegh equivoca completamente el objetivo de la maniobra. Él cree que se trata de un modo de evitar males, mediante la inducción de conductas, a través de “eufemismos” lingüísticos. Pero no es así. Si ves que es políticamente correcto decir que estamos en el año 2.013 de la “ERA COMÚN” y no de la ERA CRISTIANA, como es el caso, se darán cuenta de cuál es el verdadero objetivo: la única manera en que esto tenga sentido es viendo al Cristianismo como un mal muy grave y a Cristo como el fundador de una gran secta destructiva o algo por el estilo. Para los cultores e impulsores de esta maniobra contra la libertad, por medio de la lengua, el caso es precisamente ése.

“Uno de los grandes errores del lenguaje ‘políticamente correcto’ es que se aísla del contexto y olvida el poder semántico de las intenciones”, dice Sayegh. En verdad, la intención mala o buena de una etiqueta lingüística depende del contexto y el ánimo que se le ponga a la misma: en Venezuela, ‘negro’ es un término positivo y de cariño; y “mi negro” es ya cercanía afectiva profunda, nada de peyorativo. Pero Sayegh se equivoca: los politicorrectistas saben muy bien lo que él está diciendo, el que no ve la mala intención es él, el ciego es él.

Eso es muy claro en su siguiente ejemplo: ‘género’. “En español, ‘género’ denomina el accidente gramatical con el cual podemos categorizar las palabras en masculino, femenino o neutro. Por ejemplo: ‘mesa’ es una palabra de género femenino, pero todos sabemos que no tiene hormonas ni cromosomas XX. Es decir, género no es sinónimo de sexo. Hoy, por influencia de su equivalente en inglés, gender, que en ese idioma también quiere decir sexo, hemos incorporado el concepto ‘discriminación de género’ para referirnos a un problema real entre personas. Por un lado está bien. El machismo es un problema social y la discriminación contra las mujeres o contra los homosexuales es una realidad que hay que combatir. Había una necesidad de inventarse un término y ese nos venía a pelo, pero sucede entonces que le hemos otorgado al género gramatical una identidad sexual de la que carecía y ahora el politicorrectismo se empeña en diferenciar los sexos cada vez que enunciamos una frase”. De ahí viene la zamarra estupidez de las “concejalas”, las “médicas”, las “estudiantas” y demás por el estilo. Claro, como Sayegh sabe, nadie dirá los jirafos ni, como dice mi padre, los “economistos”. Lo que tendría que preguntarse a continuación es “¿POR QUÉ?”

Él no puede responderse, por algo que está muy claro en el pasaje de su artículo que cito úlimamente: él es pro-homosexual y pro-sexista, entonces no puede ver que los movimientos que promueven la inmoralidad a través de tales ideologías buscan es poner las bases para tremendo totalitarismo de algún líder gnóstico. Es algo como los pobres ignorantes que les creen a los líderes anarquistas (¡mayor contradicción, PERO INEVITABLE!): no ha habido ni habrá, pues es un imposible, sociedad humana de tipo alguno que no posea una autoridad y un mando. Cuando un avispao quiere que se derribe a este o aquel gobierno, lo único que quiere es ponerse él o que se pongan los suyos, sin ningún principio natural de orden del gobierno, que constituya un límite para él y su poder: los engañados seguidores no lo pueden ver, encantados con la “belleza” abstracta de los “principios anarquistas”. Sayegh padece de esa ceguera: ve como estupidez, lo que es maniobra de avispaos: destructores de la familia, para arrasar los vínculos humanos y el lazo de las generaciones; destructores del Cristianismo, para dejar sin fundamento alguno a la sociedad cristiana…

Luego de ese arrase, no quedará más que nihilismo puro y duro. Gracias a Jorge Sayegh que nos ayudó un poquito a verlo. Ahora es muy claro todo: en Venezuela o en Chile, vivimos el mismo movimiento, que sacude a todo el mundo occidental y, con él, al planeta humano. Ojalá todos se dieran cuenta. Vieran este avance de la revolución terrible y horrible. Sería más fuerte nuestra rebelión, la única verdadera, la rebelión de la esencia…

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