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Harvard: “la felicidad es cantidad”

A lo mejor ponen una vara en París, con el metrofeliz

Instrumentos a aplicar a la satisfacción existencial, a la identificación con el sentido de la vida, con la virtud y el fin último de toda la vida

Instrumentos a aplicar a la satisfacción existencial, a la identificación con el sentido de la vida, con la virtud y el fin último de toda la vida

Hace un tiempo, me encontré un artículo muy curioso, firmado por Raúl Fain Binda, de la BBC, el 23-3-09. Se llamaba La Felicidad es latinoamericana. Citando al periódico inglés, The Guardian, daba un resumen de un ranking de felicidad de países. Sólo les digo que Colombia estaba en el segundo lugar (ojalá y sea así, que los hermanos de allá sean muy felices) y Estados Unidos de 150, entre 178.

Me interesa que vean esto: el referido diario “destaca, en su edición del lunes 23 de marzo, que los países ‘más felices’ no son necesariamente los más ricos. Y lo ilustra con un cuadro comparativo, citando el Índice de Felicidad. A diferencia de los indicadores convencionales, que reflejan la riqueza material de cada país, el ‘Happy Planet Index’ refleja la percepción del bienestar, tanto social como individual, asociado con la eficiencia ecológica de su manifestación y la expectativa de vida en cada país”. Están tan ciegos, que dan estos palos. Haberse visto, unos “líderes de este mundo” pretendiendo medir lo inmensurable y poniéndose a discutir sobre cuáles sean los patrones de medida y no de una persona, sino de países enteros. Después, que midan cuántas ganas tengo de estar siempre con mi familia o de conocerlos a todos ustedes… y que luego me cuenten.

Pero me vine a enterar de algo más inquietante aún: los verdaderos “líderes” de este mundo se lanzan a esta tarea de prometeos tontos. Harvard, Princeton o la London School of Economics, por ejemplo. Las cuales, teniendo como base concepciones positivistas, que creen que todo puede ser tratado como objeto de una ciencia física, concebida la naturaleza como un mero mecanismo; y utilizando parámetros de teoría política tomados de concepciones utilitaristas y hedonistas, se creen capaces de medir la felicidad de las personas e, incluso, las comunidades políticas mediante encuestas. Como si lo esencial no fuera invisible a los ojos, como dice El Principito de Antoine de Saint Exupéry. Según un estudio de académicos de la Universidad de Harvard y de la Universidad estatal de Pensilvania, el dinero puede comprar la felicidad en la sociedad estadounidense; pero (oh, sorpresa) no elimina la insatisfacción. De acuerdo con el Daily Princetonian, los estudios globales (es decir, que preguntan a los entrevistados sólo sobre su vida, de manera general) de felicidad son inexactos; y, por esa razón, se ha de medir el nivel de felicidad tomando en cuenta las actividades específicas de las personas. La London School of Economics es capaz de hacer un ranking mundial de países, del más feliz al menos feliz, con mediciones por encuestas*.

Llegará algún día en que se den cuenta de que nuestro principal modo de conocer consiste en captar con la inteligencia la realidad, lo que hay en ella de esencial, el ser íntimo de las cosas. Esa experiencia y lo que conocemos por ella exceden a la ciencia, la superan, están más allá de ella. De hecho, si hay física, abstracción matemática, química, biología, y son ciencia, conocimiento seguro de las cosas, por sus causas, es porque esa experiencia es lo que está en la base de la conciencia humana. Esa conciencia, que es cognoscitiva y que incluye valoraciones, amores, quereres, emociones, etc., no puede ser medida por ningún procedimiento científico, porque ella es la que hace posible la ciencia… y todo lo demás. En ella, en lo que es más alto y más cierto, es donde hallamos la felicidad, lo bello, lo bueno, lo noble, a Dios, a la persona, la divina y la humana. O sea, ahí están nuestros amigos, nuestros amores y nuestra alegría, nuestra virtud, nuestro Dios y nuestra inmortalidad. Ahí nos encontramos en este blog. Ahí está la esencia, ahí está nuestra rebelión. ¡¡¡A medir rebaños de ganado y cargas eléctricas, mediocres revolucionarios!!!


*  Estos datos son tomados de: Globovision.com (el de Harvard), del dailyprincetonian.com y de NRI Online (el de la London School of Economics).

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