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“Seamos racionales, no oscurantistas: los hombres son piedras, no hay conciencia, etc.”

Noveno de la serie Todos contra Dios

El gran Anaxágoras, el primero que dijo en Grecia que el Nous, el intelecto, era el origen y el principio subyacente. Los materialistas actuales no son presocráticos, decir eso es un grave insulto a una serie de prohombres de la humanidad toda

El gran Anaxágoras, el primero que dijo en Grecia que el Nous, el intelecto, era el origen y el principio subyacente. Los materialistas actuales no son presocráticos, decir eso es un grave insulto a una serie de prohombres de la humanidad toda

De manera, amigos, que tenemos un panorama bien bueno, de un lado, hay gente como Stephen Hawkins, Richard Dawkins, Phillip Pullman, Daniel Dennett, John Searle y otros, que se lanzan contra Dios en nombre de una explosión o un universo causalmente cerrado, la tercera ley de la termodinámica, etc. Otros se lanzan contra Dios, usando a los extraterrestres. Hay de muchos tipos y calañas, están ésos, de los que no hemos hablado (sobre los que podremos escribir algún artículo más tarde), ésos que dicen que el Cristianismo es un reencauche de mitos egipcios, babilonios, griegos, sirios, fenicios, sobre la fecundidad sexual o sobre los ciclos de la cosecha o el ciclo de las estaciones; nada de un Dios trascendente e histórico a la vez, del que se tienen mil testimonios muy cercanos a su paso por la Tierra, respuesta a las promesas que hizo Dios a los judíos, a los increíblemente obstinados en su monoteísmo judíos (¡¡¡!!!). Muy común a todos los anteriores es el evolucionismo, la creencia común a los que se imaginan a una piedra recibiendo un rayo que la convierte en protozoario, que da a luz a un pluricelular, del que sale un insecto, que da a luz a un pez, que pare a una pájara, que alumbra a un reptil, del que sale un mamífero X, del que surge una mona, que da a luz a un humanoide bruto, del que sale un inteligente. Todo en un universo material, en el que no hay especies ni seres unitarios ni vida ni ninguna cualidad y todo es al azar; en el que, sin embargo, al lado de la materia hay leyes (no materiales, obviamente) y la ley de leyes es, precisamente, la evolución. Los defensores de extraterrestres son así, creen que, si encuentran una bacteria por ahí volando, ya tendrán un “inteligente”, así sea en potencia: si de la presencia del agua han querido “deducir” la vida y la inteligencia, sin pasar por “go” ni cobrar los 200 $. ¿Por qué no cogerán, verán que hay rayos y piedras y dirán, de una vez, “¿viste?, ahí están, los aliens”? Total, no hay distinción, en un mundo puramente material, entre piedras e inteligentes…

Pero, del otro lado, compadres, tenemos a unos con los que no mejora mucho el enfermo, que oponen una irracionalidad, quizás, peor aún, si bien fiel de algún modo a Dios; aunque en esa fidelidad difícilmente se reconozca a un Logos, razón creadora, que se encarna. Unos que dicen que el universo fue creado en 6 días, aunque antes de ser creado no hubiera, evidentemente, días ni consideraciones temporales de ningún tipo. Últimamente, han opuesto una línea de argumentos que no es tan despreciable: el universo es muy complejo y en él se dan increíbles regularidades, luego, no puede venir del azar, hay un “diseño inteligente”. Se supone que ese diseño es impreso directamente por Dios. El argumento no es malo, si se piensa bien, es decir, no es infame; sólo que para nada es concluyente, sino de mera probabilidad (“es improbable que este orden sea mera apariencia, producto del azar”); y, en definitiva, no es respuesta a los materialistas, porque no se eleva sobre el nivel de realidad que ellos afirman. Un mecano bien puesto no es un animal, no tiene unidad real: el materialismo no puede ser verdadero, porque esa unidad de los seres materiales unos sustancialmente, principalmente los seres vivos, tiene que venir de un principio no material, real, de unidad. No es material por una razón muy obvia: la materia de la que estamos hechos no presenta unidad, es más bien muy diversa y dividida, millones y millones de átomos, electrones, protones, etc. Y, para colmo, la materia no es, ella misma, principio de vida ni de cualidades ni de conocimiento, etc. Luego, los materialismos son inadecuados, pero también estas corrientes del “diseño inteligente”.

Frente a ambos, estamos los católicos y toda persona con un mínimo de sensatez (Aristóteles y Platón, por supuesto, no eran católicos), que buscamos la racionalidad en la obra de un Dios que crea todo “con Sabiduría y Amor”. Así, al buscar la ciencia y la filosofía, el católico no tiene miedo: como dice Einstein, la ciencia supone un universo inteligible; y lo es, porque Dios es infinitamente sabio e inteligente… y bueno, lo hizo así. De ese modo, en los acontecimientos y las cosas, los seres, los entes, Santo Tomás, por ejemplo, busca toda una cantidad de causas, tipos de causas y niveles causales. Yo muevo la silla, mi brazo mueve la silla, la silla se mueve porque el piso es liso, la silla se mueve porque Carlos está poniendo un ejemplo, la silla se mueve porque yo lo decidí, la silla se mueve porque yo la toco, la mueven mis dedos, la mueven mis músculos, se mueve para que mis amigos entiendan lo que digo, porque es liviana, porque es de madera, porque resiste mi acción y pare de contar.

Todo lo que dije es verdadero y todo lo que dije es causa del movimiento de la silla; pero son causas más cercanas o lejanas y causas de diverso tipo: causas materiales, la silla que puede recibir mi acción; causas motrices, mi mano, mis músculos, yo; finales y formales, mi ejemplo, mi deseo de explicarme, mi amistad con ustedes, mi decisión. Así, Dios muestra su poder y bondad al crear unas cosas capaces de ser causas ellas mismas y según su ser, según el nivel de bondad y “poder” que tengan, por lo que son, por el ser que Dios les dio. Al ellas obrar, la última explicación permanece en Dios; pero la explicación próxima está en ellas. Se trata de una relación semejante a la que va de mi decisión de mover la silla, al movimiento de mi mano… Así, Dios es causa de todo, pero en estructuras causales muy complejas.

Como cada ciencia estudia cada nivel causal y de ser, etc., cada ciencia es “autónoma” dentro de su objeto. Pero no puede erigirse en ciencia única, pues hay muchas, por todos los órdenes de lo real; ni se puede creer la suprema, si es que no estudia la realidad como totalidad y desde el punto de vista de las causas más altas. Esto sólo le corresponde a la filosofía y la teología.

Ni la teología, mucho menos una irracionalista, se traga a toda la realidad, rebajando a Dios a un artesano más torpe que un chiquito jugando plastilina. Ni la física se traga toda la realidad para que todo sea materia y movimiento sin sentido y no haya bien ni verdad ni inteligencia ni dignidad ni Dios. En el próximo hablamos ya de evolución, propiamente.

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