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Monthly Archives: mayo 2013

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Cuando la revolución arrasó la expresión de la sociedad

Gnosticismo revolucionario y arte

La Madre Teresa y Lady Diana: dos bellezas, la más luminosa es la que refleja más a Dios, aunque eso, como sabía El Principito, "sólo se ve con el corazón"

La Madre Teresa y Lady Diana: dos bellezas, la más luminosa es la que refleja más a Dios, aunque eso, como sabía El Principito, “sólo se ve con el corazón”

¿Qué tienen de común, en cuanto bellos, un bebé de 5 meses, una monjita que despliega una generosidad increíble, formando una congregación llamada Misioneras de la Caridad, Miss Universo, un amanecer de oro y grana, la amistad y la justicia, la Capilla Sixtina, la Alhambra? Lo dice Aristóteles, al presentar a la “virtud total en relación con otros”, a la justicia: “brilla más que el Héspero y el Lucero”. La belleza es luminosidad (S. Th., I, 5, 1). El arte siempre ha tendido a ello, en cualquier sociedad. Ahí están las piletas de la Alhambra, representaciones brillantes del Brillo inefable, para demostrarlo. Pero el arte occidental, el Cristiano, refiriéndose siempre a la manifestación sensible perfecta de la Gloria celestial, tuvo por tema a la luz, desde el Románico al Barroco, pasando por el más bello, en arquitectura, el Gótico, y por el más bello en la pintura, el mal llamado “Renacimiento”. De nuevo, el arte es vida interior de la comunidad y expresión de ella que se desborda; y el arte es reflejo de la teología comunitaria: de ambas teologías, la civil y la trascendente (cfr. Voegelin, New Science of Politics), el arte es conexión con el fondo trascendente, el sentido profundo de la comunidad, es exteriorización de esa legalidad más profunda, que subyace a la legalidad superficial (cfr. Orestes Brownson, The American Republic; Voegelin, ibíd.; Platón, La República, II-IV). Por eso, el arte fecunda, pues es conexión con lo Bello en sí (Platón, El Banquete), por mejor decir, conexión con Dios, Belleza suma subsistente, en cuanto la sociedad es “pueblo elegido”, una manifestación particular del orden del cosmos y de la Voluntad que subyace al mismo (cfr. Voegelin, ibíd.; Brownson, ibíd.).

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San Agustín: el hombre que, cambiándose, cambió al mundo (1)

San Agustin: En su itinerario vital, se preparó para servir a Cristo, siendo hábil para enfrentar todas las batallas

San Agustin: En su itinerario vital, se preparó para servir a Cristo, siendo hábil para enfrentar todas las batallas

Eric Voegelin, quien es uno de los autores que conoció y entendió mejor la historia de la humanidad y del pensamiento humano, dice que San Agustín es el padre de Occidente. Déjenme parafrasear, para que no queden equívocos en el aire: no es que fue el único “padre de la Iglesia” en la parte oeste del Imperio romano, no; es que es el progenitor de la civilización occidental. Por supuesto, hay muchos otros aspirantes al título o, por mejor decir, el padre de una sociedad así no puede ser uno solo, sino un esfuerzo conglomerado de los valientes, los sabios, los piadosos, los prudentes y justos de los siglos. Cuando San Bonifacio lograba la coronación de Pipino, en el siglo VIII, cualquiera podría decir que estaba siendo el padre de Occidente; o lo fue el Papa León III, cuando, en la Navidad del año 800, coronaba a Carlo Magno; o puede haber sido este gran emperador, al extender la sociedad cristiana y poner su imperio completamente a la órdenes de Cristo; pudo ser Alcuino, su consejero, su mentor, el jefe de su más grande invención, las escuelas catedralicias, madres de las universidades. El Padre pudo ser San Patricio, quien, fundando la Iglesia de Irlanda, en el siglo V, puso las bases de todo lo que siguió en la isla, en los siglos siguientes, desde San Brendan el Navegante, Santa Brígida, el gran San Columbano, que sembró un bosque de monasterios irlandeses en el centro de Europa, y, más que nada, ese Cristianismo del norte de Gran Bretaña, que se encontró San Agustín de Canterbury, cuando estaba llevando adelante su misión, con tanto futuro en la historia de la humanidad. El padre puede decirse que fue San Benito, con su regla y sus monasterios, que salvaron la cultura, por los siguientes 8 siglos, desde la invasión de los lombardos, hasta las de los normandos y los magiares, elemento clave para todo renacimiento cristiano, desde la evangelización de la Gran Bretaña, hasta el mismo nacimiento de las universidades, pasando por el Renacimiento Carolingio y la Reforma de Cluny. O el padre fue ese hijo de San Benito, San Gregorio Magno, con una obra tan grande, con su canto polifónico, con las misiones, salvando al mundo, en el más completo caos, cuando todo parecía hundirse, bajo la bota de los lombardos, sangre y fuego. O el padre es una madre: Santa Brunihilda, logrando la conversión de Clovis y lanzándolo a la formación del imperio merovingio, franco, base de operaciones, en la Galia, de toda la política católica, en lo porvenir, hasta la división del Imperio, en el testamento de Carlo Magno. (más…)

La virtud, madurez, paz y libertad (4)

Diversas capacidades psicológicas, diversas virtudes; las curas del alma; virtud es paz y libertad verdaderas

La suma de la sabiduría, una virtud muy eminente: luz y vida, gracia de Dios: los grandes clásicos, con Santo Tomás y el Cielo abierto

La suma de la sabiduría, una virtud muy eminente: luz y vida, gracia de Dios: los grandes clásicos, con Santo Tomás y el Cielo abierto

Para un mayor entendimiento del significado de la virtud y, más aún, de en qué consiste un carácter virtuoso, hay que considerar el esquema de las capacidades del alma humana; y revisar las virtudes o vicios que corresponden a cada capacidad. Las capacidades relevantes son las intelectivas y las sensitivas, cognoscitivas y apetitivas, ya que el carácter reside precisamente en tales capacidades; y él, que consiste en los modos como nos relacionamos con el mundo, con los bienes que contiene, está “compuesto” por nuestros hábitos, viciosos o virtuosos. De este modo, adicionalmente, se puede ver cómo distintas virtudes, incluso de distintas capacidades se relacionan entre sí.

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La virtud, madurez, paz y libertad (3)

Virtud, recta pasión, segunda naturaleza: libertad verdadera, en el apetito recto por la razón recta

Santo Tomás: su gran templanza fue premiada con una gran sabiduría y una gran agudeza intelectual

Santo Tomás: su gran templanza fue premiada con una gran sabiduría y una gran agudeza intelectual

Como se vio en el anterior artículo, la virtud moral-apetitiva supone sabiduría, por la que conocemos el fin último, el bien que da sentido a todas nuestras vidas; y prudencia, la virtud de nuestra inteligencia que nos permite ponderar adecuadamente las situaciones y los bienes y determinar, en cada circunstancia, lo que es adecuado realizar, según sea proporcionado al fin último del hombre o no. Pero supone más, la virtud supone recta pasión, es decir, un orden de los afectos, de los apetitos. Para ver esto de un mejor modo, hace falta distinguir entre la virtud, el vicio, la continencia y la incontinencia, que son como grados de separación o cercanía respecto de los hábitos buenos o malos. La virtud, como se dijo, es recta razón, una razón apta para distinguir lo bueno, lo proporcionado; pero es también recta pasión, o un apetito que tiende, digamos, espontáneamente a los bienes adecuados y con el ímpetu adecuado. La continencia también es recta razón, pero no es recta pasión; en este caso, el hombre elige el bien, dado que lo puede reconocer, pero para realizarlo requiere de un esfuerzo, pues sus apetitos no están ordenados a él: la voluntad juega un papel central “contralor”. El incontinente sabe también lo que es bueno y lo que es malo, pero no realiza el bien, puesto que sus pasiones no están ordenadas y no puede controlarlas: es dominado por ellas. El vicioso es el que tiende a los bienes aparentes, desproporcionados a su naturaleza; y que cree que eso es muy bueno.

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La virtud, madurez, paz y libertad (2)

Las virtudes, la  recta proporción, que se opone a los extremos, y la verdad

San Juan de la Cruz, modelo de sabiduría, por su intensa concentración permanente en el Amor divino

San Juan de la Cruz, modelo de sabiduría, por su intensa concentración permanente en el Amor divino

En el artículo anterior, se hizo claro que la virtud, en general, es decir, la posesión de todas las virtudes en un solo carácter o personalidad, es la madurez del hombre; mientras que, en particular, cada virtud es una cualidad, un hábito, una segunda naturaleza, una conformación de nuestras capacidades, que nos inclina a tender, apetecer, y realizar el bien. Se debe desentrañar más detalladamente en qué consiste, como se adquiere y qué consecuencias se siguen de su posesión o de la privación de ella, que es precisamente el vicio. En primer lugar, conforme con el plan anunciado, se ha de decir que la virtud es un término medio entre dos extremos viciosos. Y no se ha de confundir virtud con mediocridad, ya que lo que quiere decir la expresión ‘término medio’ no es otra cosa que recta proporción, que se opone al exceso y al defecto. Pero lo proporcionado en lo práctico no es nunca una receta universal; depende de las circunstancias en que se halla la persona. De este modo, la castidad es un término medio entre el exceso, que es la lujuria, y el defecto, que es la frigidez, en las mujeres, y, en los hombres, la “insensibilidad”, por decirle de algún modo. La moderación en la comida es recta proporción entre la gula y la, digamos, “inapetencia”. La sobriedad es un término medio entre la ebriedad y –lo que difícilmente pueda pensarse que es un vicio– la abstinencia. Pero, por ejemplo, qué sea gula o glotonería, qué inapetencia y qué moderación es un asunto que depende de muchas circunstancias; no será la misma cantidad de comida la que constituya un exceso para una muchacha de cuarenta y cinco kilogramos y un metro sesenta de altura, que la que lo haga para un muchacho de noventa y cinco kilogramos de peso. Igualmente, la laboriosidad puede reclamar que alguien se mantenga estudiando partes importantes de los días por venir, cuando un examen está cerca; pero, si ya se domina la materia, por haber estudiado la persona muchas horas, incluso antes del comienzo del período académico, lo mejor posiblemente sea ir al cine o a la playa, para despejar la mente, y retomar los libros apenas horas antes de la prueba. También, es mejor la salud que la enfermedad, pero si lo que está en juego es la vida y la integridad de toda mi familia, parece que lo mejor es arriesgar la salud para intentar repeler a, digamos, unos asaltantes, violadores y asesinos que la amenazan. Los ejemplos podrían multiplicarse ilimitadamente, como en todo lo práctico, que es infinito.

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La virtud, madurez, paz y libertad (1)

La virtud en general: la madurez

La Madre Teresa y juan Pablo II, par de modelos eminentes de virtud en nuestros días

La Madre Teresa y juan Pablo II, par de modelos eminentes de virtud en nuestros días

Una primera aproximación es la de la virtud, como excelencia total del hombre, como realización total de lo que él es ésta: El hombre es un caso muy particular, pues él puede llegar a su plenitud en dos sentidos, por ser material y espiritual. Pero para que se entienda bien este ejemplo, se debe hacer una precisión muy importante. Un animal de reproducción sexuada es generado en el momento en que se fecunda la madre por su acción conjugada con la del padre. En ese momento, el animal de que se trate empieza a ser; y por eso llega a ser perfecto. Mas la semilla que se produce allí, de la que se puede decir que es, sin referencia a ninguna otra cosa, no se puede decir que sea perfecta simpliciter, o sin más referencias, sino sólo en cierto sentido. La razón de ello es que en el embrión, primero, y luego en el niño, las perfecciones del animal, del hombre, en este caso, sólo están en él potencialmente; y requieren de un desarrollo temporal para desplegarse. Siendo el embrión o el niño seres humanos, sin embargo, la generación no es total hasta la madurez. Es decir, la generación es instantánea en el primer momento de la concepción, pero el niño tendrá que ir actualizando, desplegando, realizando, potencialidades, hasta el pleno desarrollo. Es claro que el embrión es un ser humano, pues esa actualización no le viene de otro lugar que de sí mismo; y, como lo potencial, lo que puede ser, no puede actualizarse, sino por la actualidad, por lo que ya se ha realizado, que ha dejado de ser posible meramente, en él ya hay actualidad humana; además de que esa potencialidad que se realizará es también intrínseca al embrión, desde el primer momento.

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Dan Brown vuelve a servir a la humanidad: nuevo libro, su Inferno dantesco

Según él, “el demonio es la superpoblación”; ergo, a tener hijos, los que Dios mande

El Inferno de Dan Brown: libro maltusiano, sobre el mito de la superpoblacion, la contracepción, el aborto. Si Brown lo dice, seguro lo que hay que hacer es tener hijos sin tardanza

El Inferno de Dan Brown: libro maltusiano, sobre el mito de la superpoblacion, la contracepción, el aborto. Si Brown lo dice, seguro lo que hay que hacer es tener hijos sin tardanza

Si Jesús es, para este hijo de la mentira, el profeta de la diosa feminista radical-pagano-new age, entonces, hay que saber que el mundo necesita de una poderosa y vigorosa política de promoción de la natalidad. En efecto, como a él hay que entenderlo al revés, para que tenga un poco de sentido lo que afirma, dado que dice que el problema es la superpoblación, que su nuevo libro trata de que el Inferno dantesco no es un descripción poético-teológica del “lugar” del castigo sin fin, sino una profecía sobre los males que acaecerían a este mundo cuando terminara de superpoblarse, entonces hay que buscar familias fuertes y muy numerosas, para salvar a esta humanidad en grave crisis. Así tenemos que presentar este nuevo servicio que el autor de El código Da Vinci hace a la humanidad.

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