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Código da Vinci vs. Newton, la ciencia y la Fe

Newton: un grande, cristiano, protestante, calumniado por Dan Brown

Newton: un grande, cristiano, protestante, calumniado por Dan Brown

Isaac Newton fue un gran genio, ¿quién podría dudarlo? Fue matemático y físico de lo más grande que ha dado la humanidad, poniendo el primer gran sistema astronómico coherente de atracción universal, en el que se resolvían los problemas de las órbitas, de acuerdo a las elipses de Kepler, y un sistema mecánico que ponía coronación a muchos siglos de investigaciones de muchos sabios, desde la Grecia helénica, pasando por Bizancio (donde destaca Juan Filopón, que, entre sus muchos aportes, postuló la idea del ímpetus, antecedente más importante del principio de inercia) y los primeros califatos musulmanes, mayormente el omeya y el fatimita, la Cristiandad latina y los aportes de muchos cristianos, incluidos Teodorico de Freiberg, Ockham (monje franciscano), Roberto Grossetesta (monje), Nicolás de Oresme (obispo de Lyon), Tomás Bradwardino, Copérnico (cura), Tico Brahe, Kepler (protestante), Galileo (fiel católico), Descartes (fiel católico criado y educado por los jesuitas de La Fleche), Roberval (fiel católico) y paremos de contar y citamos a éstos para citar varios de los más destacados.

En matemática, el cálculo integral, descubierto al mismo tiempo que el fiel Leibniz (protestante, quien quería la reconciliación de todos los cristianos y para eso trabajó una buena parte de su vida), no es un aporte menor; y, de hecho, los cálculos hipotético-matemáticos de Newton aplicados a las órbitas de Kepler son la base de su sistema de gravitación universal y de mecánica celeste (Cfr. Duhem, La teoría física, su objeto y su método, Herder, Barcelona, 2.003, pp. 250-257).

En esta historia, el gran Newton es uno que se monta sobre los hombros de muchos gigantes, como reza la antigua frase, atribuida a Galileo y retomada por varios en el siglo XX, entre los que está Einstein. La imagen mejor es la de una escalera de acróbatas, unos encima de otros, pagando el tributo de los siglos, en una tradición ininterrumpida, de lo más admirable y que es crédito de la humanidad y de las civilizaciones, de sociedades que, aunque antagónicas a un nivel, colaboraron en esta gran obra, de Avicena y Avenpache a Newton mismo o Huygens o Fresnel o La Place o Plank o Heisenberg… y la tradición sigue ininterrumpida aunque hoy esté en severa crisis en Occidente, en un Occidente que demuele las raíces de su propia racionalidad, la que lo hizo grande, desde las universidades de Oxford, París, Padua, Boloña. En esa tradición, la mayoría de los contribuyentes son cristianos y una gran parte católicos. Newton mismo es cristiano, fuertemente creyente en el monoteísmo y en un Dios creador y trascendente. Sólo hay que revisar su Óptica: “¿Cómo es posible que la naturaleza no haga nada en vano, y de dónde vienen el orden y la belleza que vemos en el mundo? … ¿Cómo pueden haber sido concebidos los cuerpos de los animales con tanto arte y a qué fines sirven sus partes? ¿El ojo ha sido inventado sin conocimientos de óptica y la oreja sin los del sonido? ¿Cómo pueden resultar de la voluntad los movimientos de los cuerpos y de dónde viene el instinto de los animales?”. Según él, en esa vía, no hay un paso en que se dé Dios, pero cada uno nos acerca más al Creador trascendente, inteligente, omnisciente, y por eso es muy relevante. De ese modo, en la ciencia, Newton no consigue a Dios, no puede conseguirse, pues Él no es objeto físico. Pero, reflexionando sobre ella, el sabio consigue razones para creer.

De lo anterior, es muy claro que no se oponen la Fe y la ciencia, ni lógicamente ni en la mente de muchos grandes sabios, en especial, en la época en que Occidente no había decidido embarcarse como majadera en la senda de la estulticia negadora de Dios. Pero eso no es asunto de ciencia, sino de ideología y voluntad de poder, como lo fue la mal llamada “ilustración” y todo lo que vino de ella, lo “post-ilustrado”. Además, es claro que Newton fue cristiano y, para más señas y precisión, fue un cristiano protestante, que odió a la Iglesia, a la que nunca tuvo ningún reparo en vilipendiar de todos los modos, llamándola incluso la “Gran Prostituta”, Babilonia, etc., etc. Es lastimoso, me habría gustado que este hombre al que aprecio mucho hubiera sido participante en mayor medida de las verdades más trascendentales, pero fue así. Más aún, él fue el símbolo de la mal llamada ilustración y de los movimientos revolucionarios que la precedieron en Inglaterra, concretamente, de la Revolución Gloriosa. Ésta consistió en que los Whigs tumbaron mediante golpe de estado al rey legítimo, Jacobo II, para poner al usurpador extranjero, Guillermo de Orange (hoy de moda su familia, la realeza de Holanda), quien, para colmo, era yerno de Jacobo, sólo porque este último era católico. Esto último también es muy lamentable, pero verdadero: es lamentable ese odio a la Esposa verdadera y Cuerpo Místico de Jesucristo, como es lamentable la traición a la patria y a la familia, en nombre de dicho odio, pero eso fue de tal modo.

Ahora bien, en esa Inglaterra vivió y prosperó el cristiano y gran físico y matemático Newton, odiador de la Iglesia. Dan Brown, por su parte, en sus fantásticas versiones históricas, dice que Newton era un new age hippie de los años 60, como él, creyente en la divinidad femenina y que Jesús vino a afirmar que hay dioses y con sexo, o sea, con cuerpo, o sea, visiones bien pueriles de lo divino; según el novelista-historiador, Newton sabía que el Cristianismo que se ha sostenido estos 20 siglos es falso, invención de san Pedro o bien de Constantino, que es “la mentira más grande de todos los tiempos”, pero, por miedo a la malvada y asesina Iglesia, no lo reveló. Que baje Dios y lo vea: esto no tiene ningún sentido, no tiene ni una letra de verdadero ni de verosímil ni de correspondencia con el personaje la sociedad en que vivió, las cosas que hizo, las creencias que expresó.

Esto es pura revolución, revolución de la mentira, la calumnia y la ignorancia y lo arrabalero, dioses con sexo y cosas así, de gente de baja ralea. Eso es la revolución. En el nombre de la humanidad: REBELIÓN, ESENCIA, FUERA LA MENTIRA Y LA IGNORANCIA. LA ÚNICA VERDADERA REBELIÓN EN ESTE MUNDO DE HOY, EN ESTA PRISIÓN REVOLUCIONARIA: LA REBELIÓN DE LA ESENCIA.

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