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Pidamos al Padre todopoderoso, lo que necesitamos, como criaturas corporales

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Oración de alabanza, gloria y acción de gracias a Dios uno y trino, creador y salvador

Multiplicó los panes como signo de la sobreabundancia de los bienes mesiánicos y, de manera más sublime, como signo de la Eucaristía: se nos da Él ¿nos va a dejar que nos falte algo que necesitemos de verdad?

Multiplicó los panes como signo de la sobreabundancia de los bienes mesiánicos y, de manera más sublime, como signo de la Eucaristía: se nos da Él ¿nos va a dejar que nos falte algo que necesitemos de verdad?

Les dejo una oración, para rezarse en varios días, yo digo que como novena, la “Novena de la Fe y la vida cristiana”, que recoge mucho de todas mis meditaciones y de lo mejor de lo que he leído entre santos, pastores, autores de espiritualidad, teólogos y filósofos, desde el día de mi “gran conversión”. Espero que esto sirva un poquito, aunque sea a alguien, a elevarse hasta la esencia divina y a encontrar en su vida al orden natural, Voluntad de Dios, y al orden de la Gracia, vida misma de la Trinidad, en nuestros corazones, que no anula la naturaleza, sino la perfecciona y la eleva, como dice Santo Tomás. Hoy los dejo con la novena entrega:

Pidamos al Dios generoso, que es Padre todopoderoso, todo lo que necesitamos, como criaturas corporales

Pidamos al Dios generoso, que es Padre todopoderoso, todo lo que necesitamos, como criaturas corporales

Señor, Tú nos creaste para darnos todo lo que necesitamos; y nos diste un cuerpo que, en su materialidad, está lleno de necesidades. Luego del pecado de nuestros primeros padres, Dios nuestro, este cuerpo es signo de debilidad y en muchas ocasiones de rebeldía al espíritu. Empero, referente a las cosas materiales que necesitamos, nos has mandado: “no os preocupéis de vuestra vida, por lo que habéis de comer; ni por vuestro cuerpo, por lo que habéis de vestir; porque la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido. Mirad los cuervos, que ni siembran ni cosechan, que no tienen despensa ni granero y Dios los alimenta: ¿cuánto valéis más vosotros que un ave? ¿Quién de vosotros, a fuerza de cavilar, puede añadir un codo a su estatura? Si, pues, no podéis ni lo menos, ¿por qué preocuparos por lo más? Mirad los lirios del campo, cómo crecen, y no trabajan ni hilan; y os digo que ni Salomón, en toda su gloria, vistió como uno de ellos. Si a la hierba que hoy es y mañana se echa al fuego, así la viste Dios, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca Fe? No andéis buscando qué comeréis y qué beberéis y no andéis ansiosos, de estas cosas se preocupan los paganos, bien sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de estas cosas. Buscad, más bien, el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura. No temáis pequeño rebaño, que vuestro Padre del Cielo ha tenido a bien daros el Reino”[i].

Conforme a tu Palabra, pues, Señor, danos buscar tu Reino, danos que ninguna preocupación mundana nos aparte de él. Danos ser siempre fieles y tenerte siempre presente, obrando lo que sea tu santa Voluntad y aceptándola, cuando sean situaciones que se nos imponen, favorables y desfavorables. Pero Tú, que quieres dispensarnos de todo lo que nos haga falta, danos esas cosas que se necesitan, para llevar una vida humana digna, lo que precisamos para tener una sede adecuada para nuestro hogar, lo que es menester para la educación de los niños y nuestra formación, lo que requerimos para descansar y rendir así más en la jornada, lo que hace falta para vivir alegremente, en familia, cara a Ti, y para ayudar a los necesitados. Casa, carro, libros, colegios, comida, ropa, enseres, juguetes, equipo deportivo, viajes turísticos, recreativos, culturales y para visitar a los deudos que tenemos lejos, y las herramientas de trabajo necesarias en la época que nos ha tocado vivir. Que esos bienes no nos aparten de Ti, Padre, que no nos distraigan de lo que vale más, sino que, más bien, nos dirijan a la virtud verdadera, en tu Verdad, que es la nuestra. Que nunca perdamos de vista que son dones que has puesto a nuestra disposición para tu servicio y el del prójimo. Que nunca creamos que en ellos consiste la buena vida o que, por ellos, valemos más. Que, si los perdemos, no sea tal eventualidad motivo de tristeza y abatimiento. Que ellos sean, en consecuencia, otros tantos talentos, que pongamos a trabajar para tu Gloria y la Victoria de tu Reino sobre la Tierra.

Dios nuestro, te adoramos, glorificamos, te damos gracias, te pedimos perdón y esperamos de Ti todo bien. Que se haga siempre, Señor, tu santa Voluntad. Amén.


[i] San Lucas, XII,22-32.

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