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Apogeo del “progreso” y claudicación del hombre: modernidad y posmos en arquitectura

Serie sobre estética, subjetivismo e historiografía del arte occidenntal, octavo inning

El "modelo" arquitectónico de Gropius, el actual, pura funcionalidad, geometría, materialismo: cajas con vidrios, ninguna remisión al sentido infinito. Así se extrañan de que haya tanto drogadicto...

El “modelo” arquitectónico de Gropius, el actual, pura funcionalidad, geometría, materialismo: cajas con vidrios, ninguna remisión al sentido infinito. Así se extrañan de que haya tanto drogadicto…

En la arquitectura, la luz es ineludible, físicamente, el hombre necesita de la luz, tanto como espiritualmente de la Luz, porque, en ese ámbito, necesita ver, como en el interior necesita Ver. Los desbarajustes interiores de la rebelión del hombre, que pretendió matar a Dios, como Nietzsche, se tradujeron en resultados en todos los ámbitos. Como dijéramos en el artículo anterior, citando a Papa (quien, a su vez, cita a Sedlmeyr), “la calidad se transforma en cantidad; surge una verdadera sed de luz en la arquitectura en hierro y vidrio de los edificios de cristal […] esto debe recordar a nuestra mente la infinita sed de luz que arde en el hombre en el que está apagada la luz interior” (Papa, Cuando la luz no contaminaba todavía las iglesias, Zenit 03-05-11). El vacío de dentro trajo una tremenda inquietud y un deseo de extroversión, que se tradujo, entre otras cosas, en todo el gigantesco movimiento actual del divertimento masivo, las drogas, la soledad, la ansiedad y la desesperación. Así es como la luz entra y es considerada en la arquitectura moderna.

Pero ésa no es la única característica distintiva de nuestros edificios modernos, hay un par que es de los que más se ufana nuestra sociedad. La arquitectura moderna es geometría materializada y materiales combinados para que, produciendo tales efectos, en ellos consista el esplendor de la obra, ya no como signo de algo superior, sino como algo en lo que consiste todo lo valioso.

La pérdida del sentido comienza por producir una pérdida de la comprensión de la decoración y al ornamento: antes remitían a lo Alto, ahora ya no se ve nada más que lo material, de manera que no hay a qué remitir. “A principios del siglo XX, Adolf Loos escribía; ‘esto constituye la grandeza de nuestro tiempo, el hecho de que no es capaz de producir un ornamento nuevo. Nosotros hemos superado el ornamento, con dificultades nos hemos liberado del ornamento’ (A. Loos, Ornamento y delito [1908] en Palabras en el vacío [1962], trad.it, Milán 1972, p. 219)”. A mí me parece, desde hace tiempo, que la arquitectura actual busca construir cajas con vidrios o de vidrio, edificios chatos, sin significado, lo único que les da algo de apariencia de belleza, que ya es una reminiscencia de lo valioso y, por tanto, de lo superior, es los materiales y el diseño “atrevido”, como de ingenieros, no de arquitectos. Fíjense bien, así es; y lo dicen los propios baluartes de esta arquitectura, los más influyentes “maestros” del siglo XX: Gropius y Le Corbusier.

El cientificismo materialista es buena parte de lo que está en la base del geometrismo. “El sistema luz-color y luz-sombra, propio de toda la teoría artística desarrollada en el interior del pensamiento cristiano de los siglos X al XVII, es sustituido con un sistema que pone en el centro de la propia búsqueda única y exclusivamente la materialidad, matemática, numérica, óptica y física, trasladando toda la atención, no sólo sobre las propiedades de comportamiento de la materia con respecto a la luz, sino sólo sobre la materia, como si ésta fuese el fin último del trabajo artístico. Se asiste, entonces, a muchos reduccionismos; a propósito de la arquitectura. Gropius escribe: ‘Sólo la armonía perfecta de sus funciones técnicas como de sus proporciones puede desembocar en la belleza’ (W. Gropius, Arquitectura integrada [1955],trad.it. Milán 1963, p. 20), reduciendo así la belleza a su sola funcionalidad y proporción […]. Paralelamente, Le Corbusier reconduce la estética a la geometría de los volúmenes: ‘Problema de la época y la estética contemporánea: todo lleva a la restauración de los volúmenes sencillos: las calles, las fábricas, los grandes almacenes, todos los problemas que se presentarán mañana en forma sintética, en visiones del todo que ninguna otra época ha conocido nunca […]. No siguiendo un criterio arquitectónico, sino que simplemente guiadas por la necesidad de un programa imperativo, los ingenieros de hoy toman posesión de los elementos que generan y hacen resaltar los volúmenes; estos muestran el camino y crean efectos plásticos, claros y límpidos que apagan la mirada e infunden al espíritu la alegría de la geometría’ (Le Corbusier, Hacia una arquitectura [1921], trad.it. Milán 1984, pp. 28-29). También en este caso parece evidente la reducción de la arquitectura a un puro volumen geométrico, sin consideración alguna de la luz” (Papa, Cuando la Luz…).

“Hoy como destaca Sedlmayer, vivimos en una época incapaz de vivir y de soportar la penumbra, en una exposición excesiva a la luz, que crea una contaminación lumínica dañina, una contaminación óptica dañina, con un coste de producción energética, pero también con infinitos daños psicológicos y espirituales. Las iglesias contemporáneas utilizan sistemas tecnológicos de iluminación que no tienen nada que ver con la claritas, la exigencia práctica ha eliminado el interés por la belleza y por la verdad. Sucede entonces, que estas iglesias parecen mudas y ciegas, quizás porque se ha aceptado demasiado los dictámenes del consumo contemporáneo, sin verificar los costes no materiales. Pero lo sagrado es una cosa distinta al industrial design” (Ibíd.).

Qué enorme es esto, cuán de acuerdo estoy, como detesto las cajas con vidrios, peor, a las cajas de vidrio, a toda esta claudicación a la abstracción, a la abstracción de lo natural, a la abstracción de la “subjetividad”, a la abstracción del sentimiento. La verdad se ha escondido, sus defensores recularon, se fueron, ¿sólo quedo yo, no hay más nadie que lo vea? Rodolfo Papa lo ve, espero que ustedes lo vean y me acompañen: no es cosa sólo de razonamientos, es asunto de que la realidad se nos presenta con unos lentes, unos prismas, unos caleidoscopios, el arte es esencial, Platón lo sabía, los edificios son esenciales. En una Brasilia, todo el mundo tiene que terminar en lexotanil, habría que huir a edificios antiguos y al campo. Esto es clave, no sólo de estas series, es clave en toda la vida: hay que buscar una estética real, una estética conforme a verdad, que muestre lo bello, eso es rebelión de la esencia contra la revolución; si no, no puede haber victoria de la esencia.

Así, entiendo que los posmo se hayan rebelado contra la modernidad, lo malo es que ya se habían hecho incapaces de ver lo trascendente y, por eso, cayeron en algo mucho peor: el nihilismo o la confusión. Vamos a detenernos un momento en ellos, para que vean a dónde se ha venido a parar. Para que reconozcamos el mal y podamos identificarlo y vacunarnos contra él. Vamos, que queda poco.

 

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