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Adoremos a Dios tres veces santo y pidámosle que nos dé lo que nos pide: que seamos santos

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Oración de alabanza, gloria y acción de gracias a Dios uno y trino, creador y salvador:

Vitral de la Catedral de Chartres, imponente obra de arte. En el centro, el centro del existir, al rededor, el Espíritu Santificador, en la parte de arriba...

Vitral de la Catedral de Chartres, imponente obra de arte. En el centro, el centro del existir, al rededor, el Espíritu Santificador, en la parte de arriba…

Les dejo una oración, para rezarse en varios días, yo digo que como novena, la “Novena de la Fe y la vida cristiana”, que recoge mucho de todas mis meditaciones y de lo mejor de lo que he leído entre santos, pastores, autores de espiritualidad, teólogos y filósofos, desde el día de mi “gran conversión”, el día 5 de enero de 1.995. Espero que esto sirva un poquito, aunque sea a alguien, a elevarse hasta la esencia divina y a encontrar en su vida al orden natural, Voluntad de Dios, y al orden de la Gracia, vida misma de la Trinidad, en nuestros corazones, que no anula la naturaleza, sino la perfecciona y la eleva, como dice Santo Tomás. Hoy los dejo con la sexta entrega:

Adoremos a Dios tres veces santo y pidámosle que nos dé lo que nos pide: que seamos santos

El Señor de la virtud y la santidad

Padre bueno, cuando se va a consumar tu Justicia salvadora, en la Liturgia de tu Iglesia, cuando, el sacerdote, en nombre de toda la asamblea y de toda la Iglesia y en unión con el Papa, está a punto de llegar a pronunciar las Grandes Palabras, que transustancian pan y vino de amor en Dios encarnado, unida a los ángeles y santos que ya han triunfado y te ven cara a cara[i], la asamblea misma, en su nombre y el de toda la creación sensible, canta un himno que expresa, a una, tu trascendencia, tu sacralidad, tu bondad, que eres creador, gobernante y salvador, y el amor reverente que te tiene la Iglesia, de una manera admirable, inspirada por el Espíritu animador de la Liturgia: “Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo; llenos están el Cielo y la Tierra de su Gloria, hosanna, en el Cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor, hosanna en el Cielo”. Padre, creador y redentor, eres Santo en Ti mismo, eres suma Santidad subsistente, eres virtud; en Ti, toda virtud imaginable y muchas que ni presentimos, se funden en tu Ser, en la suma Simplicidad que Eres y eso también es parte de la claridad de la gloria con la que adornaste a tu creación, siendo el acto más profundo de cada criatura el ser, reflejo de la divinidad misma.

Por eso, cuando restauraste todo, cuando viniste a consolar a la creación, que “gime y sufre hasta hoy, con los dolores del parto”[ii]; nos diste la gran orden: “sean, pues, perfectos, como vuestro Padre del cielo es perfecto”[iii]. En virtud de tu mandato, Dios de gloria y majestad, te pedimos que des lo que pides[iv]: danos la gracia de parecernos más y más a Ti, para vivir de manera virtuosa, hasta el heroísmo, en las circunstancias en que nos hallemos, desde las más tranquilas y placenteras o rutinarias, hasta las más dolorosas o trepidantes. Danos, Señor, vivir para Ti, hasta lo profundo del Ser, de manera inquebrantable por la inconstancia, los miedos, los dolores o las seducciones carnales o espirituales. Danos, gran Amigo, vivir en la Verdad, realizar el bien, nuestra vocación, tu Voluntad, construir una vida bella y pacífica.

Danos, Benefactor nuestro, ser plenamente humanos y, por ello, en las particularidades de nuestras existencias, que tratemos de parecernos más y más a Ti, en la medida de nuestra naturaleza, para colmar nuestro ser y vivir de cara a Ti, en la plenitud que nos prometes. Danos, pues, Señor, tu Amor, para ser tus amigos y amar a todos con tu mismo corazón; y para tener tu Sabiduría sobrenatural, que guía los pasos de la obra de tu Voluntad amante, llena de misericordia, de liberalidad, de magnificencia y de justicia. Danos la prudencia, que nos indique qué bienes nos acercan a tu amor y tu gozo y para que nos alejemos de lo que nos aleja de Ti. Danos la justicia, por la que toda obra buena la dirigimos al bien de todo, del Universo que creaste, de la Iglesia que es tu cuerpo Místico, de los hermanos en la comunión de los santos, de la humanidad que quisiste redimir, de las comunidades políticas en las que quisiste que viviéramos, de las familias en que nacimos y crecimos y las que fundamos para transmitir tu Amor, de los grupos de amigos con que asociamos nuestro existir. Danos la templanza, para dirigir nuestros cuerpos y apetitos sensibles al orden de tu Providencia, manifestada en nuestra racionalidad. Danos la fortaleza y la valentía, para mantenernos firmes en tu Amor y enfrentar todo lo que sea temible realmente, lo que nos puede apartar de tu Bondad. Danos, Padre amoroso, que nos mantengamos firmes en estas virtudes, hasta el final de nuestras vidas, cuando por la gracia de la perseverancia final, nos lleves a Ti y a contemplarte cara a cara, en el Amor. Danos, entonces, la esperanza, para tenerte siempre como el Bien que deseamos con todo nuestro corazón, en cada una de las encrucijadas de la vida. Que seamos, pues, Libertador nuestro, santos, como Tú eres santo, que queramos recibirte “con aquella pureza, humildad y devoción, con que os recibió vuestra santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos”.


[i] I Cor., XIII,12.

[ii] Rom. VIII,22.

[iii] San Mateo, V,48; Cfr. Levítico, XIX,2: “sed santos, porque yo, Yahvéh, vuestro Dios, soy santo”.

[iv] San Agustín, Confesiones, X,29.

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