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Francia: alcaldes declaran guerra a ley de “matrimonio” homosexual

Hay una asociación, Maires por l’Enfance, Alcaldes por la Infancia

Nathalie de Williencourt: una persona respetable y que está muy clara: los homosexuales lo que quieren es justicia, no unos "derechos" inventados

Nathalie de Williencourt: una persona respetable y que está muy clara: los homosexuales lo que quieren es justicia, no unos “derechos” inventados

“El portavoz de la plataforma […], Franck Meyer, aseguró que al menos 14.900 alcaldes franceses se negarán a ‘celebrar matrimonios entre dos personas del mismo sexo’, ante la posible aprobación del mal llamado ‘matrimonio’ gay en el país” (ACI, 18-04-13).

El gobierno de Hollande, por su parte, promueve un proyecto de ley de “matrimonio para todos”, que, para darle sus hijitos a los homosexuales, les proveería el estado del servicio mentiroso de “procreación médicamente asistida” y de “gestación para otro”, aparte del “clásico” de adopción. Los del servicio de procreación asistida, adelantemos, es una mentira, pues dos homosexuales no pueden tener hijos entre sí, requieren de la intervención de algún tercero que provea el material biológico. Si todos fueran como ellos, sin duda, la humanidad se acabaría en dos generaciones, punto, no hay más nada que decir.

Pero lo que importa más es lo siguiente. Los alcaldes y el gobierno se han declarado la guerra, por lo que puede verse. Se trata del derecho a la rebelión. Es la voz antigua y nueva, como el Evangelio, de Tomás de Aquino: “iniusta lex non est lex”, la ley injusta no es ley. Hollande se quiere imponer; los alcaldes no acatarán esas normas, que son ley sólo accidentalmente, dice el Aquinate: porque proceden de quien debe promulgarlas; pero no esencialmente, pues la ley es una razón del derecho (ius, iuris) y éste es el medio de la justicia. Es lo que dijo el tribunal de Núremberg contra los criminales de guerra nazis: ellos se defendieron diciendo que estaban cumpliendo leyes y órdenes; el tribunal les dijo que, en el caso de crímenes contra la humanidad, esa excusa no aplica, o sea, inista lex non est lex y no obliga en conciencia, aunque Barack Obama pretenda lo que pretenda.

La pelea es la misma que en todas partes: un gobierno o una corte enfrentados a un país, a una población que, en su mayoría, no acepta las imposiciones arbitrarias.

Surge el argumentillo: “son unos homófobos; son como la Alemania nazi, son como los sureños gringos: pueden ser mayoría, pero no tienen razón”. Extraña manera de argumentar de quienes, en otras circunstancias, aducen las decisiones “democráticas”. Pasan la aplanadora de una manera, de otra o de otra, eso no importa. Lo importante no es el medio, es el fin. Pero aquí surge la pregunta más difícil: ¿cuál es el fin de todo esto?

No es servir a los homosexuales. A ellos no les interesa el fulano “matrimonio”. ¿Cómo lo sé? Muy fácil: no hay sitio en que aprueben el así mal llamado en que sus “beneficiarios” hagan uso masivo de él, lo máximo que sucede es que el 15% de ellos (lo más común es que sean muchos menos), con ocasión del “triunfo”, en la euforia de la celebración, vayan y hagan efectivo su derecho… y eso no incluye cuántos se divorcian pronto, ya que lo hicieron como celebración, de manera frívola, ni los que aprovechan y, aunque crean en eso, cedan a malas pasiones muy pronto y claudiquen (Los tropiezos del matrimonio del mismo sexo, publicado en Zenit, el 1° de julio de 2.006).

Pero, lo que es más, lo dicen autorizados representantes de los verdaderos grupos de homosexuales. En efecto, “Nathalie de Williencourt, lesbiana francesa y una de las fundadoras de una de las asociaciones de gays más grandes de Francia, Homovox, expresó en enero de este año que la mayoría de personas homosexuales del país no quiere el mal llamado ‘matrimonio’ ni la adopción de niños. ‘Soy francesa, soy homosexual, la mayoría de los homosexuales no queremos ni el matrimonio, ni la adopción de los niños, sobre todo no queremos ser tratados del mismo modo que los heterosexuales porque somos diferentes, no queremos igualdad, pero si justicia’, aseguró” (ACI, 18-04-13, citado arriba).

Entonces, se tiene que volver a plantear la pregunta. ¿A cuenta de qué estamos sufriendo este ataque mundial? Muy fácil: es un asunto de revolución, es la campaña de unos ideologistas, de unos gnósticos modernistas, de unos de ésos que niegan el orden del mundo para afirmar su poder de definir la realidad, según cualquier loquera, son los reformadores sociales de Solzhenitsyn, esos que gustan de imponer “modelos” de lo real, inventados por ellos, sin tomar en cuenta la realidad, a cual tienden a destruir. Es revolución pura. Lo que hace falta es más rebelión, frente a este intento de tiranía mundial, frente a este totalitarismo, en el que la vida vale menos que los caprichos de los que pueden suprimirla. Así de fácil. Hace falta rebelión, la rebelión de la esencia…

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1 comentario

  1. ateo666666 dice:

    Es triste reconocer que los talibanes existen en cualquier país por muy civilizado que parezca. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2012/05/referendums-para-conculcar-derechos.html

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