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Adoremos y demos gracias a Dios que crea y llena a la multitud de las criaturas con la claridad de su Gloria

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Oración de alabanza, gloria y acción de gracias a Dios uno y trino, creador y salvador:

En la Creación, de Miguel Ángel, Adán es imagen del Creador, Eva, al lado de Dios, es abrazada por Él, porque será reflejo de su Gloria

En la Creación, de Miguel Ángel, Adán es imagen del Creador, Eva, al lado de Dios, es abrazada por Él, porque será reflejo de su Gloria

Les dejo una oración, para rezarse en varios días, yo digo que como novena, la “Novena de la Fe y la vida cristiana”, que recoge mucho de todas mis meditaciones y de lo mejor de lo que he leído entre santos, pastores, autores de espiritualidad, teólogos y filósofos, desde el día de mi “gran conversión”, el día 5 de enero de 1.995, cuando “estando muerto, volví a la vida; estando perdido, fui encontrado”. Espero que esto sirva un poquito, aunque sea a alguien, a elevarse hasta la esencia divina y a encontrar en su vida al orden natural, Voluntad de Dios, y al orden de la Gracia, vida misma de a Trinidad, en nuestros corazones, que no anula la naturaleza, sino la perfecciona y la eleva, como dice Santo Tomás. Hoy los dejo con la segunda entrega:

III.- Adoremos y demos gracias a Dios creador

Padre amabilísimo, absolutamente simple y perfecto, sin nada que te falte, todo lo que hace algo, busca algún beneficio propio, se mueve por alguna imperfección. Lo que es absolutamente perfecto no debería hacer nada fuera de Sí. Pero Tú, Señor, eres la sorpresa de la Bondad infinita, nos sorprendes con tu regalo y tu regalo es nosotros, toda la creación. La sorpresa es tu generosidad incomprensible, el derramarse de tu Amor. Eres Ser y no necesitas nada, nada que pudieras hacer te daría nada a Ti. Pero hiciste todas las cosas, en tu infinito poder, sacándolas de la nada, dándoles de tu naturaleza, el ser, a lo que no la tenía, sin que nada se perdiera de tu Ser, sin que nada pasara de Ti a nosotros, añadiendo al ser, donde no lo había, sin que eso te añadiera nada. “Hiciste todas las cosas con sabiduría y amor”[i], con misericordia y justicia. Hiciste, pues, todas las cosas “para colmarlas de tus bendiciones y alegrar su multitud con la claridad de tu gloria”[ii]. Diste el ser a los que no lo tenían, de la nada, a los que no podían merecer, diste una medida impresionante de lo que, por participación, es sustancia divina. Siendo todo, todo es bueno, verdadero y bello, uno, alegre, feliz, gozo, en la medida en que, por la naturaleza de cada uno, participan de ti todos. Hiciste, Señor, una multitud de seres, desde la materia inerte, desde las más pequeñas porciúnculas a los más encumbrados serafines. Ordenaste por especies a los visibles; diste gracias innumerables, que no podemos barruntar, a los órdenes y coros de los inteligibles. Los pusiste, Padre nuestro infinitamente amable, en un orden deslumbrante; creaste, Amor nuestro, un universo, un mundo, luz pálida frente a Ti, luminaria que encandila hasta los más inteligentes querubines. Te adoramos, Diosito, y te damos gracias infinitas.

Padre, en el límite de este universo, donde se separa lo visible y lo invisible, nos creaste, admirable Creador; pusiste al corpóreo espiritual sólo bajo los ángeles, al hombre, bajo los espíritus puros. “A tu imagen creaste al hombre y le encomendaste el universo entero, para que, sirviéndote sólo a Ti, su Creador, dominara todo lo creado”[iii]. Nos diste el ser, Señor, pero no un ser cualquiera, uno que tenía un chispazo de tu Intelecto, participación especial de tu Palabra; uno que tenía un chispazo, una llamita, de tu Amor, reflejo de tu Espíritu. Con ellos, nos diste un cuerpo capaz de tu gloria y capaz del deleite de lo sensible; y nos diste un universo inmensamente grande para nosotros, para mostrarnos tu Grandeza y darnos una casa donde vivir y mucho con qué glorificarte. Nos diste, Padre, Creador, las relaciones entre nosotros, un eco de las tuyas; sobre todo esa unidad tan profunda que es la familia fundada por un hombre y una mujer, para ser pródigos de generosidad como Tú lo fuiste y contribuyamos contigo a dar el ser a muchos. Hombre y mujer nos creaste, Padre nuestro, que estás en los cielos, Padre de Nombre santo. Y la mujer es delicia del hombre y el hombre de la mujer y, en su mutua posibilidad de compenetración intimísima, que atraviesa a todo el ser, que muestra la espiritualidad de nuestros cuerpos y su aptitud para mostrar tu brillo, en el amor y la verdad, brilla la total unidad y compenetración recíproca de las personas divinas. Nos diste mucho de Ti y para Ti. Te damos gracias, Dios, pues “nos creaste para Ti e inquieto está nuestro corazón, hasta que descansa en Ti”[iv], nada nos sacia, sino sólo Tú, nos acercas a Ti, con la imagen que inscribiste en nosotros, que somos de la esencia misma de aquél que es “imagen y figura del que había de venir”[v].


[i] Plegaria Eucarística número IV.

[ii] Ibíd.

[iii] Ibíd.

[iv] San Agustín, Confesiones, I, 1.

[v] Romanos V,14.

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