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La revolución sex drugs and rock and roll, la aventura comienza

Revolución es contracultura, o sea, tu destrucción (B)

Hippies, el culmen del espíritu revolucionario, poor un lado; el otro es Stalin o Pol Pot...

Hippies, el culmen del espíritu revolucionario, poor un lado; el otro es Stalin o Pol Pot…

Occidente se ha hecho revolución; de esa forma, nada extraña que se hayan dado tantas y tantas revoluciones en nuestras sociedades. Las hay de todos los tipos. Es la inquietud que sigue a la barrida del sentido, impulsada por la voluntad de poder, que pretende que el hombre se auto-produzca, hasta producir todo, hasta su definición en nuevos “géneros”.

Pero el culmen de todo esto es nuestra revolución. Cuando en este blog se dice que estamos en “tiempos de revolución”, eso puede significar los tiempos del Occidente barrido y hecho revolución o la revolución de la contracultura. El sentido paradigmático es éste último, porque entendemos que la revolución por excelencia, la que terminó de barrer todo, es la cultural. Los hippies lograron lo que los Whig, Voltaire, Robespierre, Napoleón, Massini, Cavour, Kossuth, Emerson, Napoleón III, Lenin, Stalin, Hitler, Gramsci, Mao, Tito, Ho Chi Minh, Pol Pot y pare de contar no pudieron: barrieron a la decencia y la verdad y al orden interior. Lograron eso a lo que temían Eowyn, de El Señor de los anillos, o San Jerónimo, carta 132, del 409: forjaron unas cadenas, que, de oprimir, hicieron olvidar la libertad y que los gestos heroicos son más que leyenda… de estúpidos, en el juicio de los oprimidos por estas cadenas, a lo Matrix. Claro, los hippies no son los únicos héroes: los beats, los folk, los bohemios de Greenwich Village, los black power, Hollywood. Más de un héroe en esta historia.

¿Por qué lograron tanto? Es fácil: ninguna otra revolución se presentó sin armas, como liberación individual y “subjetiva” de una opresión existencial, más que institucional. Ella no cambió instituciones. Pero, como las instituciones dependen de la cultura, y ella barrió la cultura, ella, como dicen en inglés washed out, arrasó, le pasó la aplanadora a todo el sentido institucional de Occidente. Gobierno, valentía y patriotismo (ergo: ejército y disciplina militar), familia, universidad, Iglesia. Todos éstos están en grave crisis. Luego de 1789, se proclamaba el fin del Cristianismo, pero eso no era sino un sueño de radicales; y surgían las vocaciones y la santidad entre la juventud, a borbotones. Hoy, puedes irte a Australia y ver que las vocaciones religiosas han disminuido 70% en cuarenta años (Aciprensa, 07-04-13). Estamos en límites históricos. Claro, una sociedad que ama a Jim Morrison, su depravación sexual y su esclavitud frente a las drogas, sólo porque producía estridencia y despreciaba a la autoridad y al orden; una sociedad que canta con Ozzy Osbourne: “We’re not gonna take it,¡NO!, we’re not gonna take it, we’re not gonna take it, any mooore… we got the right to choose and we’re never gonna loose it”; una sociedad que canta “We are young […] no one can tell us we are wrong”, con Pat Benatar, no puede amar los rigores de una vida radical de renuncia en Cristo, incluso a los propios criterios. Esto sí es revolución. “Carlitos, eres un pendejo, mucho más sabe Bobby, él es mucho más, cuando está ‘rambbling, gambling and a very long way home’”…

No, Carlitos, no eres un pendejo, eres un profeta. Marx es la gran inspiración: él vio muy claramente la orto-praxis, vio cómo barrer sentido diciendo que no existe, diciendo que todo es necesidad material, económica… y odio: esto es, alguna pasión baja. Luego, sus seguidores lo adaptaron a las circunstancias y lo afinaron. Como muchos autores y muchos movimientos, de materialistas nihilistas capitalistas (a lo Ayn Rand o Von Mises), materialistas nihilistas nietzscheanos, nihilistas pansexualistas freudianos (a lo Reich), materialistas autonomistas radicales-marxisto-heideggeriano-kierkegaardiano-nietzscheano-cartesiano nihilistas (a lo Sartre y su definición del hombre como náusea y como una pasión inútil), cientificistas materialistas nihilistas (como los positivistas) y otros fueron dominando la universidad y el panorama civilizacional; como eso fue así, muy pronto el alma de los muchachos, en universidades no católicas, fue sucumbiendo ante la marejada de nihilismo, desorden y voluntad de poder. Estas mezclas y muchas más, pero de los mismos elementos, terminaron por forjar una ideología nueva: una en que no hay que expresar nada, porque no hay nada que expresar, a lo Derridá o, más bien, a lo Cratilo. Y el ingrediente que termina de hacer que esto cuaje en las almas de los muchachos es la contestación intergeneracional, un “cállate la boca, mamá”, como el de Pat Benatar citado arriba: Kinsey diciendo que así son las cosas, que somos esclavos del sexo, al tiempo que desarmaba a los papás de los 50, que, a según, al querer imponer la moral sexual, no eran otra cosa que hipócritas, como lo sabíamos todos por la ciencia de Kinsey.

Gramsci, diseñando el plan de destrucción de la familia y la Iglesia, o Reich, diciendo “que se masturben, que así dejan de rezar”, son

Mick Jagger, símbolo de la revolución

Mick Jagger, símbolo de la revolución

paradigmas totales de la revolución. Otro es Margaret Sanger, interpretando las relaciones hombre-mujer como Marx interpretaba las relaciones obrero empresario. Una vez que éstos triunfan, ya todo está dado: Jack Kerouac puede ser el héroe de las chicas y los chicos. Lo mismo que los Beatles o Mick Jagger.

Sólo hicieron falta unos pocos impulsos. Los derechos civiles de los negros, echaron leña al fuego. Fue cuajando el anticristianismo, emparejado con el orientalismo, en el new age, a esto se unió el anticapitalismo, que se equiparaba, ramplona y materialistamente al antioccidentalismo; el sexismo de Sanger y Reich y Freud encontraron paja seca para su fuego. Y llegó la Guerra de Vietnam: puuuum, estalló la revolución. Un oficial estadounidense en Indochina, apresado por el Vietkong, es torturado de manera horrenda física, pero también psicológicamente: “ustedes nos ganarán con sus armas, pero nosotros les ganamos la guerra, con todos esos traidores que tienen ustedes allá…”.

Ahí vienen, el pop, en música y expresión pictórica, vienen los punks, La discoteca como órgano revolucionario favorito, el disco-music, el arte pobre, la disgregación. Ahí está todo, el sex, drugs and rock and roll.

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