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Astros anticristianos, anticientíficos, antifilosóficos, inhumanos

Último de esta serie

Un espectáculo hermosísimo, inferior al hombre, en él hay reflejo de Dios, pero más pálido que en el amor de una familia

Un espectáculo hermosísimo, inferior al hombre, en él hay reflejo de Dios, pero más pálido que en el amor de una familia

Ya vimos que la Biblia condena la astrología. Para eso basta con el pasaje de Sabiduría 13, que cité antes. En Jeremías, se encuentran innumerables condenas, así como a todo lo largo de los Libros Sagrados. Toda la Biblia está llena de estas advertencias y admoniciones, compadres. El Catecismo de la Iglesia Católica también la condena, junto con otra serie de prácticas de la misma especie. En efecto, el Catecismo “señala que «todas las formas de adivinación deben rechazarse». Pues bien, entre las variadas formas de adivinación, el Catecismo cita las siguientes: «el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone ‘desvelan’ el porvenir (cf. Dt 18, 10; Jr 29, 8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a ‘médiums’»” (José Luis Zarazúa, ¿Es cristiano creer en los horóscopos?, Info-RIES, 265, 7-01-13).

Ya debería ser más que claro para nosotros por qué causa el Catecismo hace tal cosa: la protección de la sanidad mental, digamos. Pero debemos oírlo del propio documento: “todas estas acciones «encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos». Además, estas prácticas «están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios» (n. 2116). Querer saber el futuro es querer ser iguales a Dios, pretensión tan soberbia como absurda. Debemos confiar a la Providencia divina nuestra vida, confiar en Dios como Padre que es” (Ibíd.).

Pero esto no es nuevo, desde muy antiguo la Iglesia, el Cristianismo, condenó estas prácticas, mostrando su solicitud por todos nosotros, los hombres, y su ardiente deseo de guardarnos de todo mal, como le pedimos a Dios en el Padre Nuestro. “La Iglesia condenó y rechazó siempre todo lo relativo a la adivinación, al espiritismo, al cultivo de vanas creencias. Recordó siempre que el mundo ha sido creado por Dios y se rige por las leyes naturales y los cuidados especiales de la Providencia. En tiempos antiguos ya hubo sínodos y concilios, como el de Toledo del año 400 o el Concilio de Braga del 561, que rechazaron frontalmente el culto o cultivo de la astrología” (Ibíd.).

***

Vamos a concluir, entonces, recordando varios puntos básicos.  Sencillamente, nadie puede decir que tres horóscopos de fuente

En esa bola, los astros se comunican, como personas superiores, y nos dicen el futuro, a según. así sí vamos pal baile

En esa bola, los astros se comunican, como personas superiores, y nos dicen el futuro, a según. así sí vamos pal baile

distinta serán conformes; ni que el mío y el de otro que nació en el mismo instante que yo sean idénticos y conformes a la realidad; que todos los que nacimos en el mismo instante tenemos el mismo destino; ¡que dos gemelos monocigóticos lo tendrán! Con un solo dedo de frente podemos darnos cuenta de la estulticia de estas creencias y debemos todos hacer algo por erradicarlas de nuestra sociedad, en favor de la sanidad mental.

“Los hombres, para vivir, necesitan esperanza, serenidad, algo en lo que apoyarse. Los que creen que Dios es Providente y admiten que todo lo que pasa o lo quiere o lo permite, no necesitan otros apoyos. Los que no tienen ese eje fundamental en su pensamiento, buscan con más o menos afán, según su cultura y su sensibilidad, los caminos del azar, de la aventura, para esconder sus desventuras, sobre todo si tienen ante sí peligros o desconfianzas. «Mundus vult decipi», decían los antiguos. Es decir: «El mundo quiere ser engañado»” (ibíd.). Luchemos contra la mentira, por la libertad y la sensatez de todos los hombres. De nosotros puede depender la vida de éste o de aquél o del otro y, quizás, de muchos a su alrededor, y, así, en círculos cada vez más grandes, de la sociedad toda. Es la rebelión de la esencia, queriendo librar de las garras de la revolución: vale mucho la pena…

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