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Un progreso de espanto: la época del descreimiento es la época de la superstición

El Grito de Munch, buena expresión de la situación existencial del hombre posmo... Dios nos libre

El Grito de Munch, buena expresión de la situación existencial del hombre posmo… Dios nos libre

El otro día estaba hablando con un amigo muy preocupado por uno de sus hijos: gracias a varias circunstancias conjugadas, el muchacho anda en malas compañías. Terrible. Yo me puse como indignado en lo profundo de mi ser y le dije: “¿hasta cuándo?, los secularistas saben muy bien que promoviendo el descreimiento, fomentan el desorden y el vacío, ahí vienen  las drogas, los suicidios, las familias destrozadas y paremos de contar, ¡es inaceptable!”.

Otro día, estuve discutiendo con uno de esos ateos que detestan a los creyentes, que nos tratan de irracionales por definición, aunque estemos dejándolos en la calle (o por eso mismo), de los que quieren ver a Cristo olvidado, como un fósil inoperante, uno como aquel que vi en una notaría, con una camisa que decía: “si Cristo vuelve, lo volvemos a crucificar”. Discutiendo con este tipo, me dijo que el hombre creía sólo porque lo condicionaba desde chiquito, que, por naturaleza, es ateo. Yo le mostré su error de diversas maneras, la universalidad de Dios en todas las civilizaciones y culturas bárbaras, tribales y salvajes y semisalvajes, etc. La casi universalidad de las creencias en el mundo de hoy, luego de tantas décadas de ataque inmisericorde: algo bueno tenía que tener el new ge: muestra que las pretensiones de los secularistas son pendejadas. Como le gusta decir a otro amigo, citando a Chesterton: “el ateo no es un hombre que no cree, es uno que cree cualquier cosa”: una civilización dedicada a botar a Cristo, a desecharLo, a arrinconarLo, arrumbarlo: primero, no lo logra, la mayoría todavía es cristiana y parece que eso no va a cambiar. Segundo, de los que no son cristianos, la aplastante mayoría es new age que, aunque sea un astrologismo, un modo extraño de relativismo y sincretismo, etc., un anticristianismo, en su misma definición, aunque muchos de sus cultores crean otra cosa, engañados por los avispados, aunque todo esto sea así, el new age muestra que el hombre es un animal de creencia. Y eso por dos motivos, uno humano, otro del Universo.

El hombre es un animal de sentido y de sentido infinito y trascendente, de eso no hay duda alguna, salvo en la cabeza de esos radicales, que, repito, son pocos, aunque tengan todo el poder, como resulta bastante obvio. El universo muestra un orden y una belleza y muchas verdades-inteligibilidades y bienes que remiten a algo más allá, que no puede sino dar esperanza muy cierta en que el antedicho rasgo humano tiene un correspondiente en la realidad.

Quitado el Cristianismo o atacado tan insistente y de manera mundanamente poderosa. Y, para colmo, atacado con mucha más fuerza

Anaxágoras de Clazomene: el Nous, la inteligencia, es lo que subyace al mundo. Sócrates partió de aquí. Los materialistas de hoy rechazan el verdadero saber

Anaxágoras de Clazomene: el Nous, la inteligencia, es lo que subyace al mundo. Sócrates partió de aquí. Los materialistas de hoy rechazan el verdadero saber

el Cristianismo verdadero, aquel que afirma al Logos fundamental, que Dios es, antes que nada, Sabiduría y que, haciendo la Causa lo que de algún modo es proporcional a Sí, crea lo que es sabio, “creando todas las cosas para colmarlas con sus bendiciones y alegrar su multitud con la claridad de su Gloria” (Plegaria Eucarística número IV). Atacada así nuestra religión, no puede sino quedar el espacio abierto a todo tipo de locuras y manifestaciones extrañas, destinadas a tapar el vacío. Infinidad de supersticiones. Pululan por donde voltees. Es terrible. ES LA ÉPOCA DEL PROGRESO. Cuando el hombre, como dice Eric Voegelin, echando para atrás desde lo que habían logrado los clásicos griegos y el Cristianismo, en cuanto a la posición del hombre en el cosmos: su señorío, su libertad, su ser el único ser que no sólo está ahí, sino que tiene conciencia, ama, investiga, conoce y conoce que conoce, busca el origen, halla el sentido; echando para atrás desde ahí, negando ese señorío, afirmando que somos briznas, menos que animales, que piedras, vamos poco a poco perdiendo de vista nuestra libertad, nuestra posición, nuestra dignidad. Ahí le decimos adiós a la moral, le damos la bienvenida a la tiranía, le rendimos culto a los planetas y las piedras.

La rebelión de la esencia nos requiere, el hombre está al borde de un gran abismo. En estos días escribiré sobre los funerales ecológicos: del destino ultraterreno, pasamos a abono. Escribiré sobre espiritismo y sobre brujería… y alguna otra creencia muy desarrollada, de ésta, la época del progreso, la de la ciencia, revolución pura.

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