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Alienígenas ateos, II: fuera del Sistema Solar

Cuarto de la serie Todos contra Dios

Algo así es el ser místico que estábamos esperando para sustituir a Dios

Algo así es el ser místico que estábamos esperando para sustituir a Dios

Puesto que el sistema solar no parece tener candidatos serios a satisfacer las fantasías de sensacionalistas y enemigos de Dios, hay que ir más lejos, empezando siempre por lo más cercano, en círculos concéntricos. El problema, compañeros, es que “cerca” aquí, es como un chiste cruel:

“Son los descubrimientos científicos los que han empujado a buscar esa vida fuera [del sistema solar]. Pero ‘fuera’ es muy lejos. Las estrellas más cercanas son las tres que forman el grupo Alfa Centauro. La más cercana, llamada por eso Próxima (Proxima Centauri) es demasiado pequeña para tener esperanzas fundadas y no se le han detectado planetas, pero, en cualquier caso, está a 4.2 años–luz de nosotros. La sonda más rápida lanzada hasta el momento, Voyager I, que ya ha traspasado la zona planetaria y se dirige al espacio interestelar, viaja a unos 17 kilómetros por segundo. A esa velocidad, una sonda necesitaría unos 75.000 años para alcanzar Próxima. De las otras dos del grupo, un poco más lejanas, Alfa Centauro A es muy parecida al Sol, pero forma un sistema binario con Alfa Centauro B, un poco más pequeña, lo que significa que orbitan entre sí, lo cual casi con seguridad distorsionaría una órbita de planeta lo necesariamente estable y circular como para albergar vida. Para encontrar una estrella apta para albergar un planeta con vida hay que mirar a Épsilon Eridani, a 10.5 años luz, aunque, si se confirma la existencia de un planeta tipo Júpiter orbitando de forma elíptica la estrella, se dificultaría seriamente la posibilidad de un planeta con una órbita más circular como el nuestro, y con ello la posibilidad de encontrar algún viviente. En un radio que llegue a 16 años luz encontramos dos estrellas candidatas, pero dos tienen bastante menos condiciones que el Sol: una, Tau Ceti (11.8 años luz) tiene demasiado pocos elementos más pesados que el helio como para poder encontrar planetas rocosos en los alrededores; la otra, Groombridge 1618 (15.8 años luz), parece –está sin confirmar aún– que tiene un planeta gaseoso de masa al menos cuatro veces la de Júpiter en un borde de la llamada “zona habitable” (donde puede haber agua líquida), y si es así no permitiría a otro planeta rocoso más pequeño orbitar tranquila y circularmente en esa zona”.

No hay nada que nos quede “cerca”, nada, compinches. Lo cercano está a miles y miles de años de nosotros, con nuestros mejores vehículos. Puede que se hayan descubierto muchos planetas, que cada vez se descubran más. Pero no parece que esos descubrimientos nos  acerquen a los alienígenas:

“Ya tenemos identificados más de quinientos exoplanetas, y muy pronto rebasaremos los mil. Lógicamente, hemos empezado por lo más fácil, planetas de gran masa –grandes bolas gaseosas que se miden en ‘Júpiters’– y planetas muy cercanos a la estrella que orbitan. La Tierra, así como cualquier planeta con esperanza de albergar vida, no encaja en ninguna de estas categorías, y de momento no se han detectado planetas del tamaño de la Tierra en una órbita idónea para albergarla. Con todo, se avanza en esta dirección. Ya hay unas 35 supertierras confirmadas, y casi 300 por confirmar, aunque en bastantes casos el método de detección no permite saber si son supertierras [planetas rocosos más grandes que la Tierra] o minineptunos [planetas gaseosos, de núcleo rocoso]. También existen media docena de ‘tierras’ por confirmar; la más segura tiene una masa ligeramente superior a la de la Tierra (1.35), y orbita a una estrella muy parecida al Sol, pero está demasiado pegada a ella (su año dura un poco más de un día), aparte de estar a la ya respetable distancia de 127 años luz”.

Así, lo mejor que hemos hallado, lo que nos daría más “esperanza” de encontrar “compañía” (a mí me basta con mi familia y mis amigos), es un planeta a millones de años de distancia y que puede tener tanta vida como un volcán en erupción: y ahí no hemos empezado todavía a hablar de inteligencia. Pero ¿qué puede deparar el futuro a este respecto?

“Lo previsible es que aparezcan pronto unos cuantos planetas rocosos de tamaño comparable al nuestro, y que serán anunciados con titulares del estilo de ‘encontrado un planeta como el nuestro’. Lo que se dirá menos es que la semejanza en solidez y tamaño es sólo un primer requisito, al que deben seguir muchos más. Y menos aún se cae en la cuenta de que todos estos descubrimientos son la cara alegre de la moneda. La otra cara es que conforme más se ha descubierto, más se descarta. Se abren nuevas posibilidades, pero cuanto más se conocen los requisitos necesarios para que se pueda encontrar vida, resulta que cada vez son más numerosos, y cada vez las posibles esperanzas reales están más lejos”.

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