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Esclavos de la inconsciencia… por decisión propia

Vicios adicciones y remedios: esclavitud y libertad (III)

Es verdad que el título de este artículo parece paradójico, el que decide es libre, no esclavo; y la inconsciencia no puede esclavizar; y, si eso es el hombre, conciencia, ¿cómo podría decidir por la inconsciencia? Son tres paradojas o contradicciones aparentes. La primera se resuelve

con el famoso texto del libro IV de La República de Platón, que inspira el castigo de los lujuriosos en el Inferno dantesco y yo creo que vale para todos los dominados por las pasiones, sobre todo cuando se refieren a cosas de inferior valor: hay señores y esclavos de sí mismos, los señores son aquéllos en los que gobierna la razón, principio de la libertad, conforme a lo alto y ordenadora; los esclavos son los ya dichos, los dominados por las pasiones, principalmente por lo bajo. La segunda se resuelve, luego de resuelta la anterior: los bienes bajos, al atraer el apetito de un compulsivo, esclavizan. La inconsciencia no puede tenerse por un bien, salvo en alguna consideración relativa: el sueño lo es, pues debemos descansar. Los adictos y ebrios la desean de manera desordenada, no por un bien superior, como el que quiere dormir conforme al orden de una vida normal. Luego, la inconsciencia puede esclavizar. La tercera paradoja: ¿que cómo se puede decidir por lo que es un mal evidente? Bueno, como siempre lo hace el hombre, por algún desorden, debido a la mala educación, a alguna mala pasión, a algún error de juicio, etc. Aquí está la tragedia.

El hombre, en verdad, se define como un ser consciente; su personalidad se halla allí, su relación con el mundo, su captarse en un lugar del mundo, sus valoraciones, amores, rechazos, etc. A veces, hay hombres que no pueden soportar ese lugar en el mundo; a veces, por torpes, prueban lo que no deberían y se aficionan a lo que luego los encadenará, como dice San Agustín; a veces, esa cadena auto-forjada es lo que hace al mundo intolerable. Es lo que les pasa a muchos y, por eso, a esto dedica unas líneas El Principito: “¿para qué tomas?; para olvidar; ¿para olvidar qué?; la vergüenza; ¿vergüenza de qué?; de que tomo”. Es un absurdo y un círculo vicioso. De ese modo, queda planteado el drama, pero en su sentido estricto.

¿Por qué en sentido estricto? Porque, en su inmensa mayoría, su casi totalidad, estas personas son altamente indignas de ninguna confianza. Hay diferencias entre adicciones y adicciones, pero tienen muchas comunidades los que quieren huir del mundo, de su lugar en él y, por tanto, de su consciencia, de sí mismos, los que no se soportan a sí mismos, los que no soportan, radicalmente, la Voluntad de Dios. Una de ellas es que son gravemente indignos de confianza. Para empezar, un ebrio, por ejemplo, que se emborrache “solamente” cuatro veces a la semana, no tiene tres días de sobriedad, pues el desorden, en esas circunstancias, alcanza a cada uno de los aspectos de su vida: su sueño, su trabajo, su afectividad. Además, estas personas tienden a tener, en los estados alterados como en los de “vigilia plena”, fuertes tendencias a la lujuria, la irascibilidad y otras pasiones desordenadas, con las consecuencias que de ellas se siguen, vistas, por ejemplo, en el artículo anterior de esta serie. La potencia de sus pasiones por los objetos respectivos, los llevan a ser violentos, ladrones e, incluso, asesinos. Todo esto, sin contar las severas consecuencias que, para el organismo, representan estas sustancias, capaces de matar, idiotizar, producir alucinaciones, desórdenes mentales, psicosomáticos. Los daños de una pequeña temporada de excesos pueden ser de por vida en la unidad corpóreo-espiritual que es el hombre.

¿Cómo luchar contra tal mal, en la propia vida y en la familia? Primero, que todos, desde que sean capaces de comprender, conozcan a

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Dios, el sentido de la vida, el valor de lo humano, el amor incondicional, la Esperanza indefectible. Segundo, que haya mucho orden y tendencia al esfuerzo sostenido en las vidas de todos, desde niños. Tercero, no permitir, desde la más tierna edad, arranques de pasión desenfrenada, ira, egoísmo y gula, paradigmáticamente. Cuarto, vigilar a los hijos con mucha prudencia, hasta mucho más allá de lo que es usual hoy: hasta, por lo menos, los 17 o 18 años, si no más. Quinto, que sepan muy claramente a qué se exponen, si deciden “experimentar” cosas “nuevas”. Sexto, el ambiente de la casa debe ser de amor y comprensión entre todos. Séptimo, los papás deben dar el mejor ejemplo imaginable. ¿Que qué hacer si ya alguien cayó en estos problemas? Lo que yo puedo decir, conforme a mi experiencia es que estos casos son materia de milagro. Aunque estos milagros no sean tan escasos. Es difícil y se requiere, sin dudas, de la ayuda de Dios, pero no es imposible ni muy infrecuente, sobre todo en los casos de verdadero empeño y amor puesto en acción. Los muchachos deben saber ambos extremos, para evitar a toda costa que caigan o que, si lo hacen, se desesperen. Los papás deben rezar como campeones. Deben aplicar, adaptándolas al caso, las recomendaciones preventivas. Y, finalmente, se debe buscar ayuda, ayuda de la Iglesia, del sacerdote y ayuda profesional calificada: alcohólicos anónimos, narcóticos anónimos, clínicas de desintoxicación y rehabilitación, etc. Si son muy jovencitos, se los puede controlar y aún llevar con autoridad a las ayudas, aunque sea muy arduo. Mientras tanto, hay que evitar caídas, hay que desaparecer el licor y las pastillas de la casa, hay que esconder el dinero y los valores. Unas largas vacaciones, un cambio de colegio, una mudanza de ciudad, para alejar a los malos “compinches” pueden ser recomendables. Se debe ser muy firme y se debe hacer entender que, a pesar de todo, el amor familiar es incondicional.

Una palabra sobre el cigarro: el cigarro no hace perder la conciencia y no parece muy perjudicial. Empero, si el cigarro te hace salir de una clase o de Misa o del cine; si te pone de mal humor no fumar o provoca una pelea con tu novia, porque ella olvidó traerte tus “provisiones”, o si te hace meterte en mil problemas que revelan tu falta de libertad frente al tabaco: sábelo bien, eres un esclavo y tienes que luchar para ser libre, para ser plenamente hombre.

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1 comentario

  1. Alfredo Villasmil Franceschi dice:

    Reblogged this on Ideas al voleo and commented:
    Si quieres ser libre, debes dominarte a ti mismo. Interesante artículo. Espero que te guste.

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