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Astros de Dios

Colgado de las estrellas (3)

En la antigua cultura caldea se hallan los antecedentes de la ciencia, que es griega; y los orígenes de la astrología

En la antigua cultura caldea se hallan los antecedentes de la ciencia, que es griega; y los orígenes de la astrología

La astrología, tiene unos orígenes muy definidos. “El horóscopo es efecto de la antigua astrología, no de la astrología natural, que es madre de la astronomía científica, sino de la astrología judiciaria, que se empeñaba en descubrir la influencia de los astros sobre el destino de los hombres y de las cosas. En este sentido, hay que colocarlo dentro del fenómeno más amplio de las «artes adivinatorias», entre las que la adivinación de lo que iba a pasar cada hora tenía mucho peso entre los persas y los egipcios (oros-scopeo, significa horas-mirar). Los antiguos astrólogos observaban cada hora, cada día, cada periodo, el universo, esperando encontrar allí desde el pronóstico del tiempo climático hasta las causas o los avisos de los acontecimientos sociales, bélicos, religiosos o sanitarios” (José Luis Zarazúa, ¿Es cristiano creer en los horóscopos?, Info-RIES, 265, 7-01-13).

En otro sentido, el origen de la astrología es de orden cosmológico-metafísico e irreligioso. “vanos son por naturaleza todos los hombres que han vivido en la ignorancia de Dios, que, de los bienes visibles, no fueron capaces de conocer al-que-Es, ni, al considerar las obras, reconocieron a su artífice. Sino que al fuego, al viento o al aire veloz, a la órbita de los astros o a la violencia de las aguas o a los luceros del cielo, rectores del cosmos, los tuvieron por dioses. Y si, fascinados por su belleza, los tomaron por dioses, que sepan cuánto mejor es el Señor de ellos, pues los creó el Progenitor de la belleza. Y, si se asombraron de su potencia y eficacia, que deduzcan cuánto más poderoso es el que los formó. Pues por la grandeza y hermosura de las criaturas se puede contemplar, por analogía, al que las engendró” (libro de la Sabiduría, 13,1-5).

Finalmente, me parece que el origen de la astrología está en nuestra naturaleza o en ella, en cuanto caída, en cuanto herida por el pecado. Primero por lo que dice el libro de la Sabiduría, que cito en el párrafo anterior, en el límite entre la metafísica y la antropología, o sea, teniendo a la metafísica no por eso de lo que ella habla, es decir, toda la realidad en cuanto es, desde su origen y principio en Dios; sino en cuanto es ciencia humana. No llegamos a donde tenemos que llegar, nos quedamos cortos, muchas veces. Por eso, el pasaje que copié del libro de la Sabiduría habla de que se comprende que ante la grandeza de ciertas realidades nos quedemos asombrados y no pasemos a Quien las hace; aunque no eso sea justificación: se entiende, no se justifica.

Por otra parte, todavía en la comprensión de lo que somos, compañeros y amigos, somos seres de sentido, buscamos las causas de las cosas, los porqués, los “para-

Profeta Jeremías: condenó fuertemente y se burló con sarcasmo de la creencia en la astrología

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qués”, los significados, las esencias, los “hacia-dónde” y, sobre todo, en lo que se refiere a nosotros. Y, finalmente, somos criaturas, de gran valor, hechas para perdurar, para los mayores bienes, para el mayor Bien: “nos creaste para ti, Señor, e inquieto está nuestro corazón, hasta que descanse en ti” (San Agustín, Confesiones). Pero también estamos sometidos a la muerte física, que es algo que, en nuestra ceguera relativa, nos es muy duro, salvo para las personas sabias realmente, principalmente las sabias por la Fe. Estamos sometidos al dolor, a males infinitos: “los ultrajes y desdenes del mundo,las afrentas del soberbio, las congojas del amor desairado, las injurias que el paciente mérito recibe del hombre indigno”, dice Shakespeare. Así, la necesidad de creer, de hallar sentido, asidero en nuestra realidad existencial, enfrentados al miedo al porvenir o a lo terrible actual, así como la desconfianza ante la realidad, en sí misma y en nosotros, por nuestra precariedad y la posibilidad de sernos infieles, inmorales, por la desconfianza en los otros, sometidos a las mismas vicisitudes, desconfianza, ha de decirse, pues suele suceder, frente a Dios… He ahí la causa antropológica de la astrología. En un mundo como el de hoy, en el que muchos quieren que nos desordenemos, desde nuestro corazón, hay mucha propaganda anti-Dios y anti-Cristo (valga esta composición, que no busca hablar de profecías bíblicas, sino de antagonismos sensibles, otra cosa es si tú o él creen que eso devela cosas más profundas… yo no me meto ahí, no ahorita). En este mundo, la gente se refugia en los astros. Grandes bienes se siguen de la voluntad de poder de los “mejores”, de los que tienen más posibilidades existenciales. Pero dejemos eso ahí y contentémonos, que es lo que importa, con saber que ésas son las raíces de este mal.

Así, los astros buscan sustituir a Dios. Es lo que siempre pasa, hermanitos, se quita al verdadero Dios y, entonces, se pone a uno falso, a un ídolo. Entonces vienen los mayores peligros: ocultismo, voluntad de poder, acentuación de la desconfianza, desesperación, materialismo radical y paremos de contar.

Una última palabra para este artículo, tercero de esta serie. Los astrólogos creen, como dijimos antes, en cuestiones de energías, que, siendo materiales, son espíritu, pues “son muy sutiles”. Ahí meten a los “ángeles”, ahí meten a un “dios”, energía sutil, el vínculo del universo (teosofía). El “cristo cósmico” [no cómico, como tampoco es el “histórico” de los comunistas teoliberales]. Cosas así. Claro, la astrología no es necesariamente estas cosas, pero hoy en día es así. Esto es lo que se llama new age: la creencia en que en el universo hay “ages”, eras. La actual es la de Piscis, el pez, Jesús, que pasará inexorablemente, sin dejar ni siquiera recuerdo; para dar paso a la de Acuario, el Aguador, cuya era será de paz, superación de esta horrible, la de Jesús. Nada de anticristianismo radical, disfrazado de cristianismo loco-materialista, nada. Por supuesto, nadie ni se pregunta de dónde sacan esto, cuándo hubo otro “cambio de edades” o si es que se lo dijeron los astros.

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