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El Señor de la Trascendencia: J.R.R. Tolkien

Serie (de 2) sobre el cine familiar de los 2000

Reflexiones libres, de amor, a lo san Juan de la Cruz, sobre El Señor de los anillos

 

Gandalf a Frodo: la libertad ES responsabilidad existencial

Gandalf a Frodo: la libertad ES responsabilidad existencial

Para los Casanova Bonilla, mi familia, el Señor de los Anillos es una gran cosa, amamos a Tolkien, a su mundo, su profundidad, la virtud, el heroísmo, el amor. En las películas basadas en los libros del grande de Oxford (para despecho de los enemigos de Dios), hay cinco escenas que nos elevan hasta… La Navidad y la Resurrección, eventos con vinculación total: la Encarnación y la Redención por el Sacrificio perfecto de alabanza al Padre. Cuando acababan de entrar a Moria (el nombre de la montaña santa, frente a la otra, la de Sión), Gandalf eneseñó a Frodo a no repartir muerte, pues él no puede dar la vida y no hay nadie que sepa todos los caminos. Frodo se lamenta de sus tiempos; Gandalf le da la más grande lección: “nadie puede escoger su tiempo, sólo qué hacer con el que se le da, no sólo opera el mal en este mundo, amiguito, hay otras fuerzas que lo gobiernan”: Providencia y Libertad, para la Esperanza inmarcesible, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Al final de Las Dos Torres, Frodo ha perdido la fuerza y el gran Sam-Sabio, el Valiente, lo levanta, él es “la luz de Eréndil, nuestra estrella más amada, que te iluminará en los momentos más oscuros”: le dice algo así: “no, señor Frodo, ¿cómo podría ser el mundo el mismo, después de tanto mal y tanto odio? Pero ya lo comprendí, señor Frodo: es como en las grandes historias, las que valen la pena, ésas que se quedan con uno: los amigos en esas historias tuvieron mil oportunidades de echarse para atrás, pero no lo hicieron, porque tenían algo de qué agarrarse”. Frodo: “¿y qué tenemos nosotros para sostenernos?”. Sam: “que hay bien en esta vida, señor Frodo, y vale la pena luchar por él, que, después de todo, el Sol volverá a brillar, que la virtud y el amor valen todas las penas”: Jesús se sube al madero, al Altar de nuestra Redención, con la mayor valentía y generosidad, para enseñarnos a levantarnos siempre, porque Él estará allí para conseguirnos todo bien, en las tribulaciones.
 
Eowyn la valiente, la hija de Rohan, practica la espada, el Rey que se aproxima a su destino y coronación,

Eowyn la valiente, amante de la humanidad y la trascendencia y la nobleza, no teme a la muerte, sino la esclavitud. Aragorn la juzga con justicia: eres una hija de reyes

Eowyn la valiente, amante de la humanidad y la trascendencia y la nobleza, no teme a la muerte, sino la esclavitud. Aragorn la juzga con justicia: eres una hija de reyes

llevado de fuerzas que él mismo no capta a donde él “no quiere”, se le une, ella se defiende con fiereza: Aragorn: “mi señora, usted es muy aguerrida”. “En mi tierra, las mujeres deben aprender a pelear”. “¿No temes la guerra?”. “No”. “¿A qué le teme mi señora?”. La respuesta espeluznante, la misma de la carta 123 de San Jerónimo, del 409, ante la destrucción de la Galia: “A una jaula, a que el ánimo quede aplastado en la tiranía y la esclavitud y las cadenas lleguen a ser costumbre, de modo que todo gesto de virtud o heroísmo queden completamente olvidados, más allá de la mera leyenda”: resuenan las palabras del Maestro, del que nos reveló la Voluntad de Dios y su Ser trinitario y la inmensidad del Amor: “No temáis a los que pueden matar el cuerpo y no pueden hacer nada con el alma, temed al que puede tomar vuestra alma y lanzarla a la Gehena”.

 
Gandalf y Pippin, una gran amistad, forjada por los acontecimientos. Gandalf revela a Pippin la belleza y grandeza de la inmortalidad

Gandalf y Pippin, una gran amistad, forjada por los acontecimientos. Gandalf revela a Pippin la belleza y grandeza de la inmortalidad

Gandalf y Pipin están esperando una muerte segura, los troles están a la puerta y no parece haber salida: Pipin: “no creí que el fin fuera así”. Gandalf, el blanco, el que probó la muerte y le fue concedida una nueva vida, un nuevo propósito: “¿el fin?, ¡oh, no, amiguito, éste no es el fin! La muerte es sólo el comienzo de otro camino; cuando atravesamos el velo de cristal gris de este mundo y llegamos a las otras costas… y, entonces, Lo vemos [pausa, estamos hablando del Inefable]”; Pipin: “¿qué, Gandalf, qué vemos?”; el Sabio: “el otro lado, un país de aguas puras y pastos verdes, el país del eterno amanecer sin ocaso”: Yo os he preparado muchas moradas en la Casa de mi Padre, para que estéis conmigo para siempre, dice Jesús, en el discurso de la Última Cena, en la parte relatada por San Juan. Otro aspecto de esta misma escena: un segundo más tarde llega el Rey, con el ejército más mortífero que pisara jamás la Tierra Media, y salva a Minas Tirith, a sus habitantes y a Pipin y Gandalf: “confiad, yo he vencido al mundo”, “venid a Mí todos los que estáis cansados y afligidos, yo os aliviaré” y “no andéis preocupados de qué vais a comer o con qué os vais a vestir, de esas cosas se preocupan los paganos, bien sabe vuestro Padre del Cielo que tenéis necesidad de esas cosas; BUSCAD MÁS BIEN EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA Y TODO LO DEMÁS SE OS DARÁ POR AÑADIDURA, NO TEMÁIS PEQUEÑO REBAÑO, QUE VUESTRO PADRE DEL CIELO HA TENIDO A BIEN DAROS EL REINO”: nos da cuerpo y vida, universo, planeta y, aún, su Reino: si Él con nosotros, quién contra nosotros: “No hayáis miedo”.

 
Aragorn, a los valientes de Rohan y Gondor, que fueron a sacar al enemigo de su guarida en Mordor,

A las puertas de Mordor, unos pocos hombres son rodeados por un ejército muy superior. La valentía y el desprecio de esta vida, para realizar su sentido, son enormes y generalizadas

A las puertas de Mordor, unos pocos hombres son rodeados por un ejército muy superior. La valentía y el desprecio de esta vida, para realizar su sentido, son enormes y generalizadas

entregando su vida, para que triunfara el bien: “Puede que venga el día en que la valentía de los hombres se esfume; puede que venga el día en que nuestros nervios ya no resistan; puede que llegue el día en que los hombres abandonemos a nuestros amigos a su suerte. Pero éste no es ese día, hoy ¡¡¡luchamos!!!, hoy nos mantenemos en nuestros puestos. Guerreros de la Tierra Media, luchadores de Gondor y Rohan, ¡¡MY BROTHERS!!, ¡¡¡Adelante!!!, ¡¡¡POOOOR FROODOOOOOOOO!!!”: y tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo Unigénito. O, para encontrar palabras mejores que las mías, superiores, de otro poeta, ahora de Francia, Ch. Peguy, sobre El Sacrificio de Juana de Arco, asociado al de Cristo, como dijo el Apóstol: Él “está allí. Está allí como el primer día. Está allí entre nosotros como el día de su muerte. Está allí eternamente entre nosotros, igual que el primer día. Su Cuerpo, su mismo Cuerpo, cuelga de la misma Cruz. Sus ojos, sus mismos ojos, tiemblan con las mismas lágrimas. Su Sangre, su misma Sangre, mana de las mismas llagas. Su Corazón, su mismo Corazón, sangra con el mismo mal. El mismo Sacrificio inmola la misma Carne, el mismo Sacrificio derrama la misma Sangre. Es la misma historia, exactamente la misma, eternamente la misma, que sucedió en aquel tiempo y en aquel país; y sucederá todos los días de toda la eternidad, en todas las parroquias de la Cristiandad”: es la Misa del Señor. Es el Señor de los Cielos, el Infinito, para el que es poco ser el Señor de los cielos, que tuvo a bien crear cielos y tierra, lo visible y lo invisible; es Él, es Él, es el Eterno, la Felicidad misma subsistente, es Él, del que sólo por concesión con nuestra pequeñez, podemos decir que es absolutamente per-fecto, pues es mucho más que eso, infinitamente más; es Él, el que vive entre la compañía de los que Le son consubstanciales, es Él, el que vive donde sólo Él puede estar, el que sólo se acompaña del Infinito, el que es Amor, es Él, que nació en un portal de Belén, que se hizo chiquito y pobre, la Felicidad, que bajo a la bajeza, el que lloró, para que el universo sonriera. Es Él, el todopoderoso, el que tuvo que huir a Egipto; es Él, el que nos dice: ¡NO TENGÁIS MIEDO!

FELICIDAD Y ALEGRÍA, MY BROTHERS… en la casa de la profundidad del genio que amó a Dios así y nos dejó semejante obra de arte

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