Kalós

Inicio » Antropología » Verdadera razón: el dharma es bello, el karma no

Verdadera razón: el dharma es bello, el karma no

Luces y sombras en el hinduismo, según una metafísica elevada

Este artículo es el cuarto de la serie Una Luz en las tinieblas y las sombras de muerte, sobre Cristianismo, racionalidad, orientalismos y el carácter benéfico de la religión.

Dharma, creencia bella del hinduismo en un orden divino subyacente al universo: algo análogo a nuestra Ley Eterna y nuestra ley natural

Dharma, creencia bella del hinduismo en un orden divino subyacente al universo: algo análogo a nuestra Ley Eterna y nuestra ley natural

Puesto que contienen verdades, las doctrinas ajenas pueden enseñarnos cosas importantes, por más que uno tenga la Revelación cristiana. No está entre las menores el que la vasta e inmensa mayoría de los hombres tenga una religión, crea en una divinidad. Por ahí, por el lado de las verdades que contiene, se puede empezar a hablar del Hinduismo. En él, “el dharma constituye la realidad esencial del cosmos, de la sociedad y del ser humano. Es el orden que reina entre los dioses, atribuyendo a cada uno su propia función e intervención. En la naturaleza, el dharma es el ciclo de los astros y de las estaciones, que regula la llegada de la cosecha y el brote de las plantas. Es el orden que regula la jerarquía de las castas. Y el orden moral por el que cada persona actúa según su deber, es decir, respetando las leyes de los dioses, de la naturaleza y de la sociedad” (El Yoga, ¿es compatible con el Cristianismo?, José Luis Vázquez Borau, InfoRIES 259, 31-10-12). A pesar de que el texto citado asume un Hinduismo politeísta, cuando hay corrientes diversas dentro del magma hinduista, el mismo nos muestra muy claramente cómo dentro de esa religión hay creencia en un orden cósmico, que el mismo tiene relación con la divinidad, con el proceder de la naturaleza, con la sociedad humana y con la conducta de cada uno. Esto sí es una enseñanza, no tanto para nosotros los católicos, que sabemos que existen la Ley Eterna y la ley natural, sino para los occidentales denominados “post-cristianos”, los que rechazaron a Dios y a su Iglesia, los ideologizados, los que fueron a Hawái y se burlaron de que el pueblo polinesio tuviera un régimen como el hindú: concebido como un orden total de la existencia, que abarca todos los ámbitos del ser, llamado kapú-tabú, convertido por ellos en proverbio de sinsentido. Los que dicen con Nietzsche, en El ocaso de los ídolos, hay que acabar con la gramática, porque, mientras haya gramática, hay Dios: mientras haya un orden independiente de nuestra producción, hay Dios. Para nosotros, esto es apoyo, para ellos, los gnósticos ideologizados, la enseñanza que deberían aprender.

Claro, meter a la divinidad a ser sujeto pasivo de ese orden es muy problemático, ¿qué, el orden de dónde surge, es independiente de Dios? ¿O sea que Dios no crea o, al crear, sus acciones no son ordenadoras o esa ordenación no procede de nada intrínseco a Dios? ¿Es que Dios o los dioses tienen un régimen extrínseco que se les impone? He ahí una visión ingenua de la divinidad, una creencia en un bien que le es ajeno, que la hace buena a ella, de modo que ella estaría esperando a algo de afuera para completar su perfección, de modo que sería, al menos, análoga a lo temporal. La cantidad de problemas de una concepción así es infinita y no es muy distinta de la que presenta el Timeo de Platón, en el que Dios, para formar el universo, mira a las ideas y, principalmente, a la de Bien, por lo que es imposible saber si Dios es bueno o cómo es que participa de ese Bien.

Ahora bien, amigos, al dharma, que es una concepción muy bella, los hinduistas asocian otros conceptos ya no muy aceptables. Es decir, uno entiende que, en una concepción con raíces verdaderas y luminosas, exista una noción de justicia y que esa justicia tenga raíces cósmicas; pero creer en el “karma” (“palabra indostaní-sánscrita, significa ‘obra o acción’”) es ya otra cosa. El karma “es la fuerza ‘invisible’ que emana de todos los actos humanos. Esta energía es la que hace al alma prisionera de un cuerpo y la obliga a reencarnarse. El karma es algo así como el balance de nuestros actos: de nuestras buenas y malas acciones. El karma influye muy profundamente en la mentalidad hindú, pues es el fundamento de la explicación del destino humano” (ibíd.). Todo empieza muy bien, con el orden, dharma, y una noción de justicia subyacente, pero no termina muy bien, con esta fuerza “mística” que emana de los actos y con ese destino que impera las reencarnaciones, hasta que se logra la “moksa o liberación [que] se alcanza cuando la virtud, el conocimiento y el amor de Dios eliminan el peso, el karma, que exige que el yo vuelva a renacer” (ibíd.).

Para empezar, no puede haber una justicia ciega, una justicia que no sea virtud de un ser personal, de un ser inteligente. Este karma es “una fuerza” que mana de nuestras acciones. Para terminar, la reencarnación es una hipótesis inaceptable. Creer en esta doctrina, en ambientes filosóficos, ha sido propio de pensadores dualistas, de personas que no ven la profunda unidad de cada ser y, en especial, de cada ser vivo. Creen que uno es un espíritu preso en un cuerpo; que el cuerpo es otra cosa, o sea, que somos dos, el cuerpo y el alma. Eso es manifiestamente falso, si fuéramos dos y el yo fuera puro espíritu, no necesitaríamos de los sentidos para conocer; no nos

Reencarnación, creencia absurda (aunque no tanto como la imagen), sólo admisible para dualismos radicales

Reencarnación, creencia absurda (aunque no tanto como la imagen), sólo admisible para dualismos radicales

emborracharíamos, pues el licor es material y estaría en un ámbito de ser otro que el yo, que la conciencia, y la borrachera del cuerpo sería la de él, no la del alma; así, no podría haber locura por causas corporales, etc. Y, más todavía, naceríamos aprendidos y nuestro yo se disolvería no se sabe en qué cadena de encarnaciones. Nuestro yo no es cuerpo solo, pero tampoco es espíritu solo: cuerpo y alma no son dos cosas, son dos componentes de un solo YO. Negarlo es negar las experiencias más evidentes del mundo y de nosotros mismos. Así, si YO soy éste, que está hecho de este cuerpo y este alma, si mi alma se pega a otro cuerpo, el resultado no soy yo, es otra cosa. La composición no es indiferente para lo que seamos, somos esto y eso es muy evidente. Luego, la reencarnación es inaceptable y decir otra cosa sería anular todo lo que sabemos del mundo, de su orden e inteligibilidad.

Para terminar, Buda, que vivió en un mundo hinduista, creyó en doctrinas similares; con la gran diferencia de que, para él, la liberación es el Nirvana, el estado de ataraxia radical, o sea, ausencia de deseos y apegos, una especie de vaciamiento de emociones, que te libera de todo dolor, pues el amor es la causa del sufrimiento. Algo muy inhumano, pues es verdad que amar el bien, a un amigo muerto, por ejemplo, nos causa sufrimiento, ante su pérdida o lejanía, pero también lo es que amamos el bien por naturaleza y que ese dolor, siendo producto de la connaturalidad con el bien, o sea, del poseer una naturaleza conforme con él, no es propiamente lo malo: dolerse por un hijo muerto es bueno, es la señal inequívoca de nuestro amor a él.

En estos puntos, estas doctrinas no parecen muy conformes con la verdad; en lo del dharma sí, en general; en lo de los dioses, el karma, la reencarnación y el nirvana, no parece.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Respicite

His autem fieri incipientibus respicite et levate capita vestra quoniam appropinquat redemptio vestra

Catarsis Neuronal

Confesiones a Marshal

voiceofthesheepblog

...Should not shepherds feed the sheep? Ezekiel 34:2

James Perloff

formerly refugebooks.com

HERMANOS ESPERADOS

Apologética catolica

A %d blogueros les gusta esto: