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“¿Subjetivo, objetivo?, tas loco”

Sobre cómo el relativismo estético es enfermedad del alma y cultural

Juan Pablo II, uno de los hombres más virtuosos e influyentes del siglo XX; Papa, Vicario de Cristo, Máximo jerarca de la institución más antigua de la Tierra, la que trae la Gracia de Dios y da más servicio de educación y salud, representante de 1.200 MM de personas. Es vilipendiado, lop que constituye un delito en la mayoría de los países: ¿"bello"?, no me digas, ¿es esto subjetivo?, estás loco

Juan Pablo II, uno de los hombres más virtuosos e influyentes del siglo XX; Papa, Vicario de Cristo, Máximo jerarca de la institución más antigua de la Tierra, la que trae la Gracia de Dios y da más servicio de educación y salud, representante de 1.200 MM de personas. Es vilipendiado, lop que constituye un delito en la mayoría de los países: ¿”bello”?, no me digas, ¿es esto subjetivo?, estás loco

Hablar de belleza, hoy en día, compañeros, es algo muy difícil. Hay dos escollos para eso. Pelen bien el ojo, que este tema es de ésos en los que hay que esforzarse… y vale la pena, porque lo que se gana o se pierde es mucho. Vamos a empezar por unas cosas difíciles, en los dos primeros artículos, y después vamos a bajar un poquito a lo más “aterrizado”. Como les digo, esto paga todas las entradas, si logramos ver, al final, eso tan bello: ¿qué cosa? La belleza misma…

Escollo Primero: ¡Son tantos los que creen que se trata de una simple “cuestión de gustos”!, de algo “subjetivo”. Yo preferiría decir “personal”, lo que no se opone a “objetivo”, pues ni siquiera se opone a “imparcial” o “conforme a la verdad según ésta está en las cosas”: yo tengo por muy importante, mis amigos, sanear todo, desde el lenguaje.

Esto de “subjetivo” y “objetivo”, en la manera de hablar de la gente de hoy, se traduce en relativismo: “la verdad es relativa”. Formulado de manera más explícita, el relativismo asegura que es verdad que: “Cada quien tiene su verdad”. Como cada quien tiene su verdad, “por lo tanto, a cada quien le gusta lo que le guste, según su gusto”. Decir que cada quien tiene su verdad proviene de visiones como la de Kant: “no podemos conocer el mundo, no podemos captarlo con nuestra inteligencia, no podemos decir que nuestras ideas de él le correspondan, sino, máximo, que son nuestras ideas”. En vista de eso, se supone que cada quien puede decir lo que le vaya pareciendo y no hay manera de saber qué es lo adecuado a la realidad; así, lo que quiera que se diga tiene que ser legítimo, no hay errores ni barbaridades: Hitler no hizo mal, obraba según “su verdad”, nadie puede juzgar de otra manera. Pero, eso no es verdad y no se lo cree ni Kant mismo, por eso escribió, tuvo amigos, habló con ellos, iba para su trabajo, cada día: sabía que las palabras significaban, que los amigos existían, que eran humanos, que sabían hablar como él, que el día es el día y el trabajo el trabajo, etc. Si no creyéramos que hay verdad y nos lo tomáramos en serio, no haríamos todas estas cosas. Como tampoco diríamos que hay humanos, que nosotros somos humanos, pues venimos (relación de causa y efecto) de padres humanos, etc. Conocemos el mundo, el ser de las cosas, conocemos como ellas son, conocemos lo que son. De eso no hay duda razonable.

La verdad es un juicio de nuestro entendimiento, por el que le atribuimos a un sujeto un predicado, cuando la realidad es como dice el juicio: “yo soy humano”: esto es verdadero, porque yo soy humano, en realidad. Conocemos la verdad, porque podemos conocer la realidad y que nuestros juicios son como ella es. Es así de sencillo.

No cabe, entonces, esa típica objeción: “¿quién tiene la verdad, el católico, el judío, el musulmán, el budista, el ateo, etc.?” No cabe la objeción, porque no hay “verdad absoluta” fuera de Dios, es decir, el único que conoce algo así es Él, que conoce todo de manera absolutamente perfecta contemplándose a Sí mismo. Nosotros conocemos muchas verdades, conociendo muchas realidades distintas. Entonces, ¿saben quién tiene la verdad? El católico, el judío, el musulmán, el ateo y todos los demás, cada vez que captan algo con el juicio de su inteligencia, realmente. Así, uno no tiene que tener ni miedo ni presunción: todos conocemos millones de verdades y cometemos muy pocos errores, en proporción. Por eso, podemos hablar, porque comunicamos en todas esas verdades, que son comunes a todos. ¡Qué ánimo da esto, ¿verdad, compadres?!

SUPERADO EL PRIMER ESCOLLO.

Segundo Escollo: “Sí, pero, de todos modos, a cada quien le gusta lo que le guste, según su gusto”. Aquí caemos en algo muy importante. Antes digo, ustedes recordarán, que, en vez de “subjetivo”, yo acepto que se diga que algo es “personal”. El juicio, el estético o el de conocimiento, es personal, no hay duda, es obvio. Pero eso no quiere decir que no haya nada que decir sobre gustos. No me creen, ¿verdad? Vamos a pensar un segundo: dos ejemplos:

1) Un tipo cayendo a golpes a un bebé, horrible ¿cuestión de gustos? No me digas. 2) Una exposición de arte, un bidet lleno de excremento con una imagen del Papa semi-sepultada en el mismo y hundida en orina, horrible, ¿cuestión de gustos? Yo te digo: “¡¡¡NO!!!”, no es cuestión de gustos. “Hay gente que considera lo segundo arte”. Sí, y hay gente que, bajo cierta consideración, hubiera gozado con la primera: los voldemortianos soñando con el Señor Oscuro aplicando exitosamente el “avada-kadabra” a Harry Potter

Sadomasoquismo. EL motivo de algunos, LO que los excita. ¿Subjetivismo? Enfermedad mental

Sadomasoquismo. EL motivo de algunos, LO que los excita. ¿Subjetivismo? Enfermedad mental

bebé (seguro que creyeron que iba a poner el ejemplo de un nazi o de un comunista, ¿no?, malpensados).

Entonces, admitiendo que el juicio estético es personal, hay una estética “conforme a la verdad que está en las cosas” o, como dicen hoy, “objetiva”. Eso es obvio de los ejemplos. Creer otra cosa es admitir que nos guste cualquier barbaridad, o sea, que seamos conformes con cualquier barbaridad, ¿no es así, no nos gozamos en eso con que somos conformes? Si la barbaridad es lo que nos produce gozo, entonces seremos conformes con ella, con que el representante de Cristo en la Tierra sea vilipendiado de esa manera; o con que la sensibilidad legítima de varios miles de millones sea pisoteada; o con que el máximo jerarca de la institución más antigua y venerable de la Tierra sea tratado así; o con que el máximo jerarca de la institución que provee, en primer lugar, la gracia de Dios a los hombres y, en segundo, que proporciona más educación y salud en el mundo sea infamado de tal modo; o con que el Sumo Sacerdote y Primado de la institución que representa con más fuerza la moral natural, la defensa de la vida, de la familia, de la justicia distributiva, etc., en el mundo sea insultado de manera tan grotesca. Es horrible la cuestioncita, ¿no? Lo es en realidad, conforme a la verdad.

Pero llegamos a unas conclusiones muy útiles para avanzar en los próximos artículos: 1) la belleza no es “subjetiva”, se puede conocer que las cosas sean conformes o no a lo bello según la verdad; 2) el juicio estético es personal, pero eso no quiere decir que sea arbitrario; 3) los gustos no están en nuestras manos, nos gozamos por nuestra constitución, que no manipulamos como nos dé la gana; 4) hay gustos horribles y que manifiestan conformidad interior con lo horrible y, viceversa, hay gustos bellos, que revelan conformidad con lo hermoso; 5) la verdadera belleza tiene algo que ver con la verdad y con el bien.

SUPERADO EL SEGUNDO ESCOLLO.

No hemos dicho nada todavía de la belleza, de qué es y de cómo se relaciona con nosotros, pero hemos avanzado tanto, un camino larguísimo. Me alegra sobremanera, amigos. Vamos a ir all the way, hasta el final, mis hermanitos.

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