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Belleza, comunidad en el esplendor del ser

Serie sobre estética, segundo capítulo

Dos niveles: en el sensible, PARECE feo; en el verdadero, el inteligible, ES hermosura pura, esplendor de la naturaleza humana, heroísmo en el amor, paradigma de "MUJER REALIZADA"

Dos niveles: en el sensible, PARECE feo; en el verdadero, el inteligible, ES hermosura pura, esplendor de la naturaleza humana, heroísmo en el amor, paradigma de “MUJER REALIZADA”

Ya sabemos, compadres, que existe una belleza real, una según la verdad, pero no sabemos en qué puede consistir todavía. También sabemos que tiene algo que ver con los juicios personales. Que, sea como sea, es algo que nos gustará, en lo que nos gozaremos. Ésas fueron las expresiones que utilicé. Y ya verán que son correctas.

Lo primero que quiero que hagamos, compañeros, es considerar qué queremos decir cuando decimos que algo es bello o feo. Una cosa será cuando decimos que es bella una muchacha, otra cuando decimos que es bella una buena acción, otra cuando decimos que fulano es una bella persona, otra que es bello un amanecer, otra cuando el biólogo dice que es bella una cucaracha o tal estructura morfológica y todavía otra cuando un matemático asegura que tal proporción matemática es muy bella. Éstos serán “bellos” de distinta manera, pero ¿en qué comunican todas estas maneras de ‘bello’? Algo tiene que haber. Creo que lo que sea ese algo se hará más evidente si consideramos los ejemplos de arriba, un truco que hago en ellos: la cucaracha y la proporción matemática son bellas para dos personas especiales, dos personas que, cognoscitivamente, son “expertas” en una ciencia que tiene que ver con eso que dicen que es bello.

Entonces, la belleza es según la verdad, porque la belleza es un atributo de la verdad o de lo verdadero. ¿En serio? Sí, la belleza es lo que nos produce gozo, un gozo contemplativo, desinteresado, un gozo del ver, del conocer, de nuevo, del contemplar. La muchacha es bella a la vista, como la función matemática lo es para la inteligencia, capacidad de captación. La belleza, entonces, es un esplendor, una como luz, de las cosas que conocemos, que nos son conformes. El gozo es la respuesta de nuestro ser ante la contemplación de esa luz. Cuando lo que vemos nos atrae, cuando lo apetecemos, cuando nos mueve a “adquirirlo”, a hacerlo nuestro de alguna manera, se trata del bien. No es lo mismo gozarse viendo a una muchacha, que sentirse atraído por ella. Claro, innumerables veces las dos cosas se dan respecto de la misma realidad: nos atrae la que consideramos deleitable a la vista. Pero eso no significa que sean idénticas ambas cosas. Aunque sí significa que hay alguna relación. El matemático se dedica a los números porque le parece bello contemplarlos; esa belleza es un bien y, por eso, el matemático dedicó a eso su vida, la hizo su propio estilo de vida.

Entonces, ¿todo es bello, bueno y verdadero? En absoluto, es decir, considerado absolutamente, la respuesta es un rotundo , amigos, aunque se sorprendan. Toda la realidad es inteligible, cognoscible por la inteligencia. Toda la realidad, por tanto, puede darnos gozo a la contemplación. Y toda la realidad puede atraernos. Ahora, claro, no todo es legítimamente atractivo o deleitable en todo momento y circunstancia. Lo virtuoso es lo que le conviene al sentido de nuestra vida en cada circunstancia, ni más ni menos. Es hermoso pelear… si las circunstancias dictan que se debe hacer tal cosa, para defender a nuestra familia o a la patria, por ejemplo. Es hermoso el cuerpo humano, en general, pero no es hermoso ni virtuoso que me ponga a ver Play Boy. Así, en absoluto, todo es bello: “hiciste todas las cosas para colmarlas de tus bendiciones y para adornar su multitud con la claridad de tu Gloria”, dice la Plegaria Eucarística número IV. Pero no es siempre conveniente gozarse de todas las cosas. Yo puedo gozarme en el cuerpo femenino de maneras lícitas e ilícitas, para completar el ejemplo anterior.

Lo que es bello en absoluto, lo luminoso, es todo; y, más exactamente, es esplendoroso lo que guarda la estructura íntima de su ser, en

Cucaracha: repugnante por excelencia a los sentidos; belleza para el estudio del biólogo, morfología impresionante... y, lo que más importa, ser y VIDA... luz para el que pueda ver y para el corazón puro

Cucaracha: repugnante por excelencia a los sentidos; belleza para el estudio del biólogo, morfología impresionante… y, lo que más importa, ser y VIDA… luz para el que pueda ver y para el corazón puro

integridad y proporcionalidad (y la fealdad es la falta de uno de estos dos “requisitos”). Pero, para nosotros, lo hermoso tiene alguna proporción con lo que sea bueno, lo que realice el sentido de nuestras vidas. De modo que lo hermoso, en el hombre, será lo que sea conforme con lo virtuoso. Entonces, si una persona es buena y culta, a ella le gustará lo verdaderamente bello. Y, a todos los demás, nos irán gustando cosas que son, a veces, bellas de verdad, a veces, no tanto. Aquí hay que cuidarse mucho, que, como dice Platón, por aquí pueden entrar a la inteligencia y el corazón muchas cosas buenas o muchas cosas muy malas, sin darnos cuenta.

Finalmente, siendo esto así y como veremos más detalladamente en el próximo artículo, hay cosas, obras de arte, manifestaciones humanas, que pueden ser bellas y no gustarnos, por no estar nosotros muy conformes con los modos de expresión, por ejemplo. El juicio, no lo olvidemos, es personal. La universalidad de espíritu es una que puede ver la belleza detrás de diversidad de expresiones. El provincianismo, está en la cerrazón a otras culturas, a lo verdadero que hay en todas (no a lo falso, claro), por creer que la propia es la medida de la humanidad y no simplemente un modo más de expresión.

Ahora sí, mis hermanitos, ¡cómo hemos avanzado! Espero que cubramos mucho más, de este tema tan apasionante e importante. Seguimos in touch, en contacto.

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