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Es verdad, te lo juro III

san Agustín, padre espiritual de la civilización occidental, logró tal hazaña, hallando la cura para el escepticismo, curando el suyo propio

san Agustín, padre espiritual de la civilización occidental, logró tal hazaña, hallando la cura para el escepticismo, curando el suyo propio

Está claro que el relativismo es una especie de seducción, para una falsa libertad, que, llevado coherentemente hacia sus consecuencias, termina por negar la realidad y la dignidad. Pero hay mucho más. El relativismo lleva por derroteros impracticables, verdaderas derrotas existenciales. Lleva a callejones como el del escepticismo, también bastante difundido hoy: a la creencia firme en que no hay verdad o la inseguridad absoluta o relativa acerca de cualquier creencia. San Agustín de Hipona, habiendo sido escéptico él mismo, llama al escepticismo enfermedad mental; y estableció en su Ciudad de Dios una cura para este mal: dijo “si dudo, existo”: tengo certeza de que dudo y de que hay uno que duda. Si se posee una sola certeza, se vence al escepticismo. Ahora bien, este mal es consecuencia del relativismo porque, si no se puede dilucidar acerca de nada qué es lo verdadero ni quién tiene la razón, la consecuencia más coherente es concluir que no hay verdad ni certeza de ningún tipo; es decir, el relativismo trae implícito al escepticismo. De modo que responder al relativismo es responder al escepticismo y viceversa, por lo que todo lo dicho en los artículos anteriores, empezando por la infidelidad de Romualdo a Brunihilda, vale para los dos.

Pero se pueden dar otras razones de mucho peso. Y es que, tanto al escepticismo como al relativismo, se les podría preguntar si lo que ellos dicen es la única verdad absoluta, pues, si lo es, hay verdad y, si no, entonces hay verdad: ambos son contradictorios en sí mismos.

Además, si las personas creyeran en lo más profundo de su ser que no hay verdad, entonces no actuarían de ningún modo, pues no se dirigirían a nada que creyeran verdadero: tendrían que convertirse en plantas, pues no podrían ni siquiera pensar, su intelecto tendría que quedar en blanco: la duda total y radical, que lleva a decir que todo es falso, es impracticable, si es que va a intentarse realizarla de modo totalmente sincero. Eso queda claro al considerar lo que dice Aristóteles de Cratilo, un filósofo griego que creía que nada podía ser conocido, porque, según él, todo fluye: dejó de hablar y se echó como una planta. Pero fue incoherente, pues, para comer y satisfacer sus otras necesidades, movía un dedo, con lo cual expresaba conocimientos y hacía ver que había cosas que podían satisfacer sus necesidades; y que aquellos a los que les expresaba lo que les expresaba con los dedos podían entenderlo y, por tanto, conocer lo mismo que él conocía…

Un punto central en que se ve la “incompetencia” del relativismo es el de la noción misma de error y, más importante aún, de verdad. ¿Cómo podríamos tener la noción de lo que de ningún modo conocemos? ¿Y cómo podríamos tener la noción contraria a ella? Como dice Platón, los opuestos se conocen con una misma operación de conocimiento mental; por eso, la disciplina de la salud y de la enfermedad es la misma, la medicina. Lo que sucede, absolutamente, con todas las disciplinas intelectuales. Así, hablar de este tema sería imposible, de modo que lo sería la existencia misma de estos artículos y todos los litros infinitos de tinta, saliva y aliento que se han gastado en tratar el tema.

Lo importante está en que la verdad es el resultado de nuestra capacidad para conocer la realidad, es, exactamente, ese conocimiento. Yo conozco un carro, un coche, un auto, y digo la verdad sobre él: “es un auto”. Alguien puede objetar: “de eso no es de lo que se discute, pues de lo que se trata es de las cosas fundamentales: el orden del mundo, Dios, el destino final del hombre, etc.”. Por supuesto, hay puntos muy difíciles, pero la actitud adecuada ante ellos no es rendirse, sino estudiarlos con más esfuerzo, ya que son fundamentales y dirimentes. Tampoco cabe decir: “hay muchas opiniones; luego, todas son falsas”; pues la actitud válida es, más bien, ver qué hay de verdadero y de falso en todo: uno tiende a sorprenderse al darse cuenta de cuánto acuerdo hay y de cómo, innumerables veces, distinguir el agua pura de la turbia no es tan difícil, si se cuenta con la debida formación o se cuenta con un buen maestro y espíritu realmente abierto (“acepto la verdad, no importa de dónde venga”).

Finalmente, si no se pudiera llegar, con espíritu sencillo y honestidad, a esas verdades, sobre el sentido y el orden, entonces no habría manera de decir, por ejemplo, que tal ley política o tal decisión o tal régimen, el de Hitler o el de Stalin, sean injustos y tiránicos. Sin verdad, no hay tiranía, pues no hay orden ni justicia, salvo opiniones todas igualmente inválidas. Las de Hitler y Stalin con los mismos títulos a ser tenidas en cuenta que las otras. Así, o hay verdad y un orden que no controlamos y que podemos conocer, o el poder define lo que sea la ley, sin ninguna cortapisa…

La anti-verdad o la “contra-verdad”, como decía Nietzsche (Humano, demasiado humano), es una de las armas predilectas de la

Nietzsche, inspirador de tiranos, enemigo de Dios y de la verdad, quiso cabar con la gramática, para afirmar el poder humano

Nietzsche, inspirador de tiranos, enemigo de Dios y de la verdad, quiso cabar con la gramática, para afirmar el poder humano

revolución, porque es la más fundamental y efectiva. No se olvide: el diablo, “homicida desde el principio”, es “mentiroso y padre de la mentira”. Él le dijo a Eva y a Adán: “seréis como dioses”: lo mismo que dicen ideólogos e ideologistas gnósticos de hoy. Y lo dice a cada uno, de maneras muy repetidas, sobre todo por la publicidad y los medios masivos y los libros de autoayuda, etc.: “libérate”, “sé lo que quieras”. Ese libérate o “defínete”, significan, como en el ejemplo de Brunihilda un: “créete plastilina y créete niñito de preescolar, al mismo tiempo”,  es el hombre que se autoproduce de Marx, no importa la contradicción. Dios puede todo y no puede contradecirse… estos usurpadores muestran su indignidad al creer que es más lo que supone imperfección. Y lo peor es que, como vio Brunihilda, si no hay verdad, no hay dignidad y no hay orden… ni siquiera para la fidelidad y la confianza: Romualdo puede hacer lo que le dé la gana y esclavizarla. La seducción revolucionaria opera así: los que serán esclavizados expulsan ellos mismos el orden, la única frontera entre su esclavización y su libertad, en la moral. Les pasa como a los pueblos democráticos de La República, que se lanzan a la tiranía: rechazan la servidumbre en manos de hombres libres (sujetos por buena voluntad al orden), para caer en la peor de las esclavitudes, a manos de indignos esclavos… Así opera la revolución. ASÍ, ASÍ, ASÍ, nuestra libertad es la rebelión, la única rebelión auténtica, en tiempos de revolución, la rebelión de la esencia…

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