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Es verdad, te lo juro

Serie sobre verdad y relativismo, parte II: el relativismo cultural y religios

Encuentros ecuménicos de Asís: iniciativa gigante de los papas, todas las religiones y culturas dialogando, sería imposible sin verdades comunes

Encuentros ecuménicos de Asís: iniciativa gigante de los papas, todas las religiones y culturas dialogando, sería imposible sin verdades comunes

El tema de la verdad es uno de los que más llama la atención del hombre, es uno de los temas sobre los cuales se suele opinar mayormente y sobre el cual hay más equívocos en las concepciones. El equívoco más extendido hoy casi con seguridad se puede decir que es el de que cada quien tiene su verdad. La verdad es relativa. De ahí que se llame relativismo a este tipo de creencia.

Esta concepción tiene un importante fundamento en la diversidad de culturas y religiones. La gente ve esto y se pregunta, “¿quién tiene la razón, el judío, el cristiano, el musulmán, el ateo, el budista, el hindú?”. Se toma a las doctrinas de estas religiones y creencias como absolutamente irreconciliables, casi antagónicas. Pero el fondo del asunto, cuando alguien se hace una pregunta como la planteada arriba, es que se toma a la verdad como única, como un sistema cerrado de juicios. Lo que no es de tal modo: hay tantas verdades como aspectos de cosas, entes, en el mundo: la verdad, como dice Platón, es decir que lo que es es y que lo que no es no es; o, como dice Santo Tomás, la verdad es unir en el juicio lo que está unido en la realidad o separar en el juicio lo que está separado en la realidad; o, todavía, es la adecuación entre el juicio y la realidad de la que se trate. Las religiones no son cajas de todo o nada; la verdad no es una caja de todo o nada, mucho menos algo que alguien posea en propiedad. La verdad es un juicio sobre un aspecto de algo, que dice lo que eso es: una piedra, algo blanco, un animal parado, un animal, Dios existe, Dios es el sentido, el hombre es inteligente, el hombre tiene conciencia, el hombre puede dar gracias, el hombre ama… etc. Muchas verdades, muchas verdades compartidas por todas las religiones… Cualquiera puede verlo, pero hoy en día pocos lo hacen, merced a la revolución, revolución de la mediocridad…

… Como hay muchos sistemas religiosos, filosóficos y culturales, que versan sobre puntos muy difíciles, de los cuales muchos no caen en la experiencia; y como no se toma en cuenta que la realidad es inteligible y que esos seres que no caen en la experiencia humana –Dios, etc.– podemos conocerlas por su comunidad en el ser con los entes de los que sí se tiene experiencia, mediante el intelecto; entonces la gente se pierde en el relativismo. He ahí la mediocridad de la revolución: en vez de averiguar, demuele, por floja y desanimada, apática para lo que vale… En los círculos intelectuales, se ve lo difícil que es la ciencia y lo escasa que es, en el sentido propio de la palabra, es decir, certeza plena con evidencia segura. Se ve cómo, a través de los siglos, lo que se creía verdad irrefutable se demuestra falso.

Hay que repetir, sin embargo, que la verdad no es única, que no es un sistema cerrado. Cada afirmación que se haga es verdadera o falsa, si dice o no lo que es el aspecto de la cosa de que se trate. Pero una doctrina, filosófica o religiosa, posee muchísimas afirmaciones o negaciones, cada una será verdadera o falsa; y lo que hay de erróneo en cada una no hace falsa a toda la doctrina, más bien hay que decir que cada una tiene mucho de verdadero y puede haber alguna (la hay, la Iglesia, guiada por el Espíritu) que en lo referente a su objeto propio no tenga falsedades. De esta forma, ya el Cristianismo, el Judaísmo, el Islam y las demás doctrinas no se excluyen mutuamente de modo absoluto. Por el contrario, coinciden en muchos puntos y, sobre todo, en los más importantes. El caso es bastante claro, entre las doctrinas nombradas: todas se fundan en la fe de Abraham, creen en “el único Dios Verdadero”, poseen doctrinas morales bastante conformes entre sí, etc. Hay que abandonar los exclusivismos, como lo han hecho muchos grandes hombres, el paradigma de los cuales es el gran Santo Tomás, y ver lo que hay de verdad en las creencias de las distintas personas, sin importar su procedencia.

Por otra parte, el intelecto puede, partiendo de lo sensible, llegar a su Causa Primera, a Dios mismo. Y, por ello, puede tenerse confianza en que muchas otras cosas pueden ser alcanzadas por el hombre, aunque sea de modo precario y limitado. Además, si es verdad que la ciencia es limitada, también lo es que hay ciencia y hay capacidad humana de distinguir lo que es ciencia de lo que no lo es, si no, no podría decirse todo esto y no se podría hablar de errores.

Con todo esto, puede ser ya claro que la rebelión de la esencia vale la pena, para salvaguardar nuestra dignidad, sentido y orden… así como la capacidad misma de comunicarnos todos, aunque provengamos de diversas tradiciones. La revolución niega la dignidad, atenta contra la libertad, pulveriza la posibilidad de que nos comuniquemos (como lo está haciendo efectivamente con las artes), quiere que abandonemos nuestra identidad y lo que constituye el sentido de nuestras vidas. No hay ganancia en la revolución, la esencia, el bien de los hombres, la felicidad y la paz, nos exhortan a la rebelión, a la única verdadera rebelión, rebelión de la esencia… en la verdad.

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