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Placer de la música, revolución musical y trascendencia pop

Música del Billboard y música para siempre

Breakfast in America, música pop que alegró mi juventud

Breakfast in America, música pop que alegró mi juventud

Toda la vida, desde que oí por primera vez It’s Raining Again, de Breakfast in America, me gustó Supertramp. Me parece uno de los pocos grupos de música “moderna” –como se decía antes, en la época en que empecé a ir a fiesticas–, de música pop, que puede tener oportunidad de hacer trascender su música. Es decir, a mí me parece que Queen y Supertramp, por volumen musical, y los Beatles, por su sencillez y cercanía a algo de calidad para el pueblo, pueden tener algo que decir a gentes de épocas en que estas modas de los últimos 50 años se olviden y sean materia de estudiosos. A lo mejor se me olvida alguno, ustedes me dicen, ya veremos qué podemos recolectar. No sé, ¿quizás Men at Work? Pero muy poco de éstos, porque, en realidad, lo que sacaron fue nada. ¿Cat Stevens? Podría ser. Yo no veo mucho más. Es decir, uno ve cosas que a uno le gustan, cosas que uno entiende que le gusten a muchos; cosas que nos alegraron nuestras fiestecitas, de la adolescencia. Cosas de nuestra época, entendida más en la perspectiva histórica, que por comparación con los que son 10 años menores que uno. Pero no veo mucho de calidad “intemporal”.

Claro, al ver mi listica, en la que aseguro a tres y le doy el beneficio de la duda a dos, veo que lo que considero mejor son cosas hasta de antes que yo. ¿Será que mi lista es la de un viejo? Puede ser, puede ser, yo lo soy, tengo 43; puede que venga mi hermano menor, de 34, y me diga que estoy chiflado, que mejor grupo es tal de los 90. El otro día me morí de la risa con mi sobrino, músico, de 22 años: no sabía que había existido algo como INXS. Los 90 y sus new sensations pueden estar bien old. Ahora, les digo, yo sí sé que a mí, en los 90, me gustaba INXS o Soda. No me quedé anclado en los 80, mi apogeo parrandero, y antes. Yo siempre he tratado de ser abierto, en lo que a música se refiere. Es decir, en 1995, yo podía salir a comprar un disco de Gilberto Santa Rosa, no me quedé en Rubén; y, en el 97, le pedí a un muchachito que conocía que me grabara casetes de Shakira.

Lo que me inquieta puede simbolizarse con la colombiana más famosa de todos los tiempos. Para mí, en los últimos años ha habido un

Bob Dylan: gambler, rambler a very long way home: revolución pura

Bob Dylan: gambler, rambler a very long way home: revolución pura

verdadero cambio, quizás por este capítulo de la revolución sexual que es la del “género”, quizás por lo que introdujeron en “[pseudo-] música” el rave y el éxtasis, los sonidos ésos sintetizados; quizás por esas estridencias nuevas, surgidas no sé de qué mezcla de ese “tecno” con el africanismo radical, la chabacanería máxima y los ritmos afro-urbanos gringos (el hip hop, el rap), unidos a los afro-caribeños (salsa, merengue, reggae), eso que, en una de sus corrientes, se da a llamar “reggaetón”. La cuestión es que yo creo que no somos ni yo ni mi vejez. Yo oí música punk y todavía disfruto de oír a Clash: “should I stay or should I go”. Yo descargué… y duro. A lo mejor, no me enorgullece, pero eso muestra que puedo tener un amplio rango de gustos. Pero estos nuevos, desde Don Omar hasta Nicky Minaj y quién sabe quién más… la “nueva” Shakira, la “gringa”, no la de “el octavo día, Dios, después de tanto trabajar…”; sino la que hace pelea de “gatas”-camisas mojadas-embarradas. Eso, para mí, es demasiado. Una vez más: el otro día oí a Estopa y me encantó; unos panas españoles, fusionando flamenco con otros ritmos y melodías: fue excelente. Uno podía echar broma y hasta “burlarse” de El General, pero la cosa como que se salió de madre.

Así creo que sostengo mis dos tesis sobre la música de ayer y de hoy. Desde los 50, desde el Gospel y su influencia en Inglaterra (Beatles, Rolling Stones), o desde que Bob Dylan apareció en la escena del folk gringo y se adueñó de ella, tuvimos todo un movimiento, que desembocó en múltiples manifestaciones, que tenía comunidades más o menos evidentes y a las que, incluso, uno les puede ver conexiones con manifestaciones caribeñas, como la propia salsa. En todo este panorama, el de los primeros éxitos de la música revolucionaria, de la música creada para acompañar toda la contra-cultura de los 60, heredera rebelde de diseños moscovitas de los 20, hubo unos pocos que hicieron cosas que perdurarán. Ésos son los que, increíblemente, se apartan menos de cánones de música hecha para la contemplación y la paz del espíritu, si no en sus letras, sí, en lo que se refiere a lo estrictamente musical. Muy pronto publicaré artículos analizando letras de Queen o de Supertramp o de Cat Stevens; The Logical Song, la mejor música de Supertramp, es una canción claramente revolucionaria, en su letra, su música me parece otra cosa. Por eso es que, según los casos, no perdurarán o perdurarán, creo yo. Porque unas cosas son conformes al anhelo profundo de los hombres y otras no. Lo bello realmente, eso es, en sentido duro, humano, no eso con lo que gozamos por estar en tal época. Queen y Supertramp tenían de esto. Por eso, Gardel nunca podrá pasar, es clásico realmente. No digamos nada de los, técnicamente, clásicos. Por eso, los pop tienen tan poco que ofrecer a tres meses de su subida al billboard.

Pero, eso sí, estos reggaetones y demás locarios, éstos, no pasarán de la esquina, no hay duda. Esto sí es la quintaesencia de la revolución, lo que ni en sus más optimistas sueños imaginaron Marcuse, Reich o Radek o Woody Guthrie o Ramblin Jack Elliot, ni siquiera Bob Dylan y Albert Grossman. Se llevarán por el medio a muchos, a muchos que jamás podrán llegar a apreciar la belleza; que, en ese sentido, habrán vivido como en el infierno o lejos del Cielo, por lo menos.

Mientras tanto, un vinito, una cervecita… y, desde Rubén, pasando por Verdi, un flamenquito, un joropito, una cueca, un mariachi, un Oscar D’León, un Mozart, un REO Speed Wagon, un tanguito, lleguemos a Father and Son y pasemos luego a un poco de música litúrgica, un canto Gregoriano… y disfrutemos como los buenos. A lo mejor, en una de ésas, invitamos a bailar a nuestras señoras y una salsita y un bolerito. ¡Sabroso!

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