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Sin inmaterialidad, todo sería plastilina

Alma y ciencia 4

Daniel Dennett, materialista radical, según él, las creencias son una ilusión, no puede existir nada cualitativo, nada que no sea masa informe: ésa es su creencia

Daniel Dennett, materialista radical, según él, las creencias son una ilusión, no puede existir nada cualitativo, nada que no sea masa informe: ésa es su creencia

El hombre tiene capacidad para seguir el consejo providencial que en la Grecia helénica dio el oráculo de Delfos: conócete a ti mismo. Por estas razones, por la falsedad de la separación sujeto-objeto y por la existencia de una experiencia intelectual metafísica de la realidad, que hace posible incluso a la ciencia, se puede realizar un estudio sobre el alma, echando mano de nuestra capacidad para entender. De otro modo, la ciencia misma se destruiría, como apuntó Niels Bohr. Según este gran físico, la actividad científica parte de la experiencia común y, en el marco prestado por ella, se plantean los problemas, luego, si la ciencia la destruyera, se destruiría a sí misma. Igualmente, la cuántica no puede destruir a la física newtoniana, por las mismas razones por las que la ciencia, en general, no puede destruir a la experiencia común; pero, además, porque los propios aparatos de medición utilizados por la cuántica se concibieron por parámetros tomados de la física clásica: si la cuántica destruyera a Newton, se destruiría a sí misma. Dado que el mudo es inteligible, la ciencia se refiere a él; pero lo que eso implica es que la experiencia que fundamenta a la ciencia lo capta con seguridad y de ella podemos partir para emprender la metafísica y el estudio filosófico del alma. Así, sabemos que estamos en terreno seguro cuandoi hablamnos del alma.

Pero, para que todo quede mejor asentado o fundamentado de la manera más firme, vamos a ver qué es la materia y cómo es imposible que nada en el mundo pueda considerarse como puramente material, eso es, en verdad, lo que habría que llamar, en expresión del ultra materialista Daniel Dennett, “psicología folk”.

Vamos a verlo detenidamente: tenemos un papel, lo quemamos, sale un poco de humo y quedan unas llamadas ‘cenizas’. Ahí nos acordamos de lo que aprendimos en el colegio, la verdad más perogrullesca que hayamos sabido: “la materia no se crea ni se destruye, se trans-forma”. Cuando hay cambios sustanciales en algo material, cuando morimos, por ejemplo, una cosa material deja de ser, pero la materia permanece; mientras que se produce una cosa nueva o varias cosas nuevas, a partir de esa materia que quedó. La materia entra en lo que sean las cosas, pero ella no es lo fundamental, sino esa forma que la hace ser esto o aquello, que llega cuando algo empieza a ser y se va en la transformación, en la hoja quemada, por ejemplo.

Como nada puede ser lo que es y otra cosa, al mismo tiempo, como no hay contradicciones en lo que las cosas son, cada una es lo que es, entonces, esas formas que llegan y se van, tienen que llegar e irse, es decir, no pueden estar al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto en la misma materia. Así, es claro que la materia es una especie de receptor de esas formas que, con ella, determinan lo que son las cosas. En los seres vivos esas formas son muy claras, porque de ellas depende, precisamente, la vida, sin ellas, la muerte. Como se trata de compuesto, de la materia que recibe y de la forma que determina, una herida en el cuerpo o una enfermedad, puede ser la muerte, como el fin del papel es el fuego.

En los hombres, el asunto es todavía más importante, porque nosotros podemos reflexionar, lo que es imposible a lo meramente material: la materia no obra sobre sí misma. Además, somos libres, por lo que no estamos sujetos a las leyes físicas, no totalmente, no en lo que se refiere a lo más esencial de nuestra conducta; mientras que los demás seres de este mundo van como llevados por la gravedad, las temperaturas, etc. Para nosotros son importantes, porque tenemos cuerpo, pero no estamos determinados por ellos. Así, estando en el tiempo, no estamos sumidos en él y por eso lo valoramos, captamos su sentido, hacemos historia, conocemos lo intemporal (como 2+2=4) y lo eterno (como a Dios); nos referimos a las cosas de manera cognoscitiva, que no se reduce a ninguna categoría de la física, etc.

Los materialistas, los de la revolución, pretenden que seamos pura materia e impulsos eléctricos. Fuera de que eso es una contradicción, pues, si todo es materia no hay electricidad ni ninguna distinción formal, si tuvieran razón, no habría yo, ego, ni conciencia, ni libertad, ni moral ni amor. Más todavía, como aclaran materialistas inteligentes como Searle y Dennett, si el materialismo fuera verdadero, no habría distinción entre seres diversos, sino mera diferencia de lugar y cuantitativa, entre esta parte y aquella parte de la misma masa de materia, separada por puro azar. No habría identidad ni vida ni especies diversas (distinciones entre hombre, jirafa, mosquito, automóvil, alcachofa), más que por pura arbitrariedad, no se sabe de quién, pues no habría arbitrio. No habría nada, sería una completa debacle del universo. No se puede ser materialista coherente y creer que hay creencias o lenguaje o sentidos; si eres materialista tienes que pensar que todo es plastilina, como Denett…

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1 comentario

  1. Reblogged this on Ojos del Alma and commented:

    Sin inmaterialidad no habría ninguna distinción, toda diferencia sería accidental

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