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La discoteca, órgano favorito de la revolución y la contra-cultura

Manifestaciones grotescas, "cultura" de discoteca: lo que estábamos buscando para nuestros hijos

Manifestaciones grotescas, “cultura” de discoteca: lo que estábamos buscando para nuestros hijos

Es sábado 12 de febrero de 1994, estoy en Nueva York, queriendo entrar, a las 9 o 10 de la noche, al WebsterHall. Llego ahí por la fama de espectaculares de las discotecas de Manhattan y porque la amiga en cuya casa me quedé ese fin de semana (una hermana mía del alma, no piensen mal) me recomendó el lugar. Quería hacer un estudio, con un “interés puramente académico”, como dice el profesor Slughorn, de Harry Potter VI. El hombre del poder, el portero, resulta que era un “dudoso”, es decir, él nació hombre, él era hombre, pero no quería darse por enterado. No me dejó entrar por no tener pareja, a los dos que venían atrás, ambos nacidos hombres, sí los dejó, porque, al parecer, sí eran novios… No sentí ninguna frustración por no entrar al sitio, pensé: “ahí no quepo yo”. Y el estudio se vio satisfecho con mi “rebote en la puerta”.

De todos modos, cualquiera puede averiguar lo que hubiera encontrado: un

La mujer ideal, a buscarla en la discoteca

La mujer ideal, a buscarla en la discoteca

salón inmenso, con una altura de cuatro pisos, me parece, con salones laterales. En el salón central, se vive un rave continuo, es decir, una de esas fiestas de eso que, por error, llaman “música” tecno, para consumidores de éxtasis. En los otros salones hay rap, rock, etc. Los dejo con un “fan” del Webster Hall, para que no crean que estoy parcializado y cargo las tintas contra el establecimiento: “Webster Hall, una discoteca de dimensiones abrumadoras, con cuatro salas de ambientes muy variados (tecno, rap, disco y otros mucho más) […]. Las salas son increíbles, con todo lo que un fanático de las discotecas puede desear: espacio, láseres, luces a montón, proyección de películas y como no, bailarines y bailarinas, haciendo de todo, striptease incluido. También os encontraréis alguna que otra sorpresa según el día que vayáis. Para gente joven, entre 18 y 25 normalmente. La entrada no es ningún regalo pero vale la pena pagarla. No os arrepentiréis. ¡Ah! Y si estáis cansados de bailar… también hay un bar con ambiente algo más relajado y algunos billares” (usuario de: http://www.ciao.es/Webster_Hall_Nueva_York__Opinion_165865).

Nicky Minaj, fuerte enemiga de Dios, de inmoralidad espectacular, puro espíritu de Discoteca

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La descripción del muchacho, claro, no incluye el alcohol, las drogas, el ánimo de la gente que

La oferta de la discoteca: ambiente infernal: drogas, alcohol, contaminación lumínica y sónica, inmoralidad, frenesí

La oferta de la discoteca: ambiente infernal: drogas, alcohol, contaminación lumínica y sónica, inmoralidad, frenesí

abarrota el lugar. Vamos, una sabana, llena de estridencias, de intoxicación de luces, de sicodelismo, de frenesí, hasta altas horas de la madrugada, donde no se puede hablar, donde se va a buscar pareja, pero no a la madre de mis hijos, donde un hombre “natural” queda excluido, pero tienen pase libre las desviaciones, donde se fomenta positiva y activamente la inmoralidad sexual, en la que la gente se aturde con alcohol y psicotrópicos, ¿qué tipo de ambiente cultiva? No nos engañemos, amigos, hemos entrado al fondo de las discotecas; y, ahí, hemos descubierto de qué trata la revolución, la contracultura, lo que domina hoy el Occidente, el que quizás sea el enemigo más formidable en la historia del Cristianismo. Se trata del arrase del corazón y de la sensatez: nadie que ame una discoteca, lo que ella fomenta y representa puede tener alma para dirigirse a Dios. Una vez, puse Vivaldi a unos muchachitos marginales y se tapaban los oídos, pensé: “pobres, cierta salsa, la cumbia y demás chabacanerías pulverizaron su capacidad de apreciar la verdadera belleza… ¡y el mayor tiene 11 años!”. ¿Qué se puede esperar del amante de estas distorsiones, de discotecas?

Esto es más de lo que diseñó Reich, profeta e inspirador de la revolución sexual de los 60,

Rihanna en pijama en el Webster Hall, sobran las palabras

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inspirado él mismo en Marx y Freud, aunque va completamente en su línea. Reich dijo: “que se masturben y así quedarán curados del misticismo [de la religión]”; la discoteca va mucho más allá. Lo peor del caso es que las fiestas caseras con “miniteca”, como se decía antes en Caracas, o sea, con discoteca chiquita y lista para llevar a la casa, las fiestas con discplay, con DJ, las fiestas en las que los papás acomodan sus casas para que parezcan órganos revolucionarios, a la medida de sus hijos y sus “amiguitos”, son lo que está a la orden del día, desde hace décadas ya, desde antes de que yo empezara a ir a estas cosas, hace treinta años.

Yo no digo que uno no salga, que no tenga ánimo festivo, musical, bailarín y risueño; no digo que no se tome licor. Lo que digo es que ahí tiene que caber Dios, es decir, que todo eso se puede hacer sin ánimos frenéticos, sin aturdimiento, sin inmoralidades, chabacanerías. Yo prefiero, pues, y creo que sería lo humano, unos lugares con verdadera música (hay muchísimo para elegir), a volúmenes que permitan sentarse y hablar, en los que haya espectáculos visibles por cualquiera que aprecie su humanidad, donde no haya drogas y se tome con moderación, donde no se le venda alcohol al pasado de tragos, donde los grupos lleguen ya hechos y no haya mujeres y hombres buscando qué “recoger”, que cierren a la una de la mañana, máximo. La verdadera alegría sólo se da en la virtud, lo otro es una mera mueca, un remedo de alegría, es un vacío tapado por el alcohol, las drogas, el frenesí, la esperanza de encontrar gente desinhibida con la que salir a la “segunda parte”, el ruido

Fiesta "Trash", basura, en una discoteca: altura [in-] cultural

Fiesta “Trash”, basura, en una discoteca: altura [in-] cultural

ensordecedor, los espectáculos ofensivos. Un vacío que sólo se agiganta, en la medida en que se entra en él. Lo que quiero y le recomiendo a los muchachos es una alegría sin límite, en el ensanchamiento de la humanidad, en el camino en que la alegría juvenil se transforma en el gozo sereno de la madurez, siempre guiados por el Infinito, por ese presentimiento de la verdadera grandeza que los acompaña. A los papás: anótenlo, le darán una gran cosa a sus hijos, si los previenen de las discotecas. Recuerden que algo como el Webster Hall es una especie de modelo a imitar por todas las del mundo entero. Nosotros somos de la esencia, lo inmutable, que resistimos, con la esperanza inconmovible, las convulsiones de la revolución, de la contracultura-anticultura. Alegría, felicidad, gozo, disfrute, en el verdadero Bien. A “gozá”, pero con conciencia… ¡¡¡Á-NI-MO!!!

 

* Este artículo se inspiró en unas reflexiones de Monseñor Aguer, obispo de La Plata, recogidas en: Dueños de discotecas son “mercaderes sin alma”, denuncia Arzobispo argentino, Aciprensa, 15-09-09.

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