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La ciencia sobre el alma

Alma y Ciencia 3

Hume, empirista, uno de los padres de la revolución, de gran influencia hoy

Hume, empirista, uno de los padres de la revolución, de gran influencia hoy

En los artículos pasados, quedó claro que la ciencia natural no agota el saber humano, no agota nuestra experiencia; y es que ni siquiera agota la CIENCIA humana, hay otro tipo de ciencia, más alta e importante, como ésa que se refiere a nuestra alma y otros muchos puntos, como la belleza, el bien, el sentido, el amor, la amistad, Dios y un largo etcétera. Pero, entonces, ¿cómo llegamos a esta cerrazón? Tenemos que volver la mirada atrás, unos cuantos siglos; y, aunque sea un poco simplificado hablar de tres o cuatro nombres, es una gran verdad que los genios que forjan los cursos de las sociedades, para bien o para mal, son pocos. Locke y Hume, reduciendo nuestra capacidad de conocer a lo sensible y con la tremenda influencia que han ejercido, tienen bastante que decir sobre la caída en la revolución (y ambos fueron guerreros culturales conscientes, dicho sea de paso). Si todo es sentido, si no hay inteligencia, si lo que llamamos razón e ideas es sólo imaginación, capacidad de almacenar imágenes y manipularlas, entonces ¿qué va a haber conceptos verdaderos? Mucho menos cuando Hume, por ejemplo, no se circunscribe a negar nuestras capacidades, sino dice que esa negación implica que sus objetos tampoco existen: no sólo no hay inteligencia, no hay nada que entender, nada inteligible, nada que sea objeto del entendimiento, del intelecto. Adiós ciencia sobre lo que está por encima de lo meramente material y sensible. Quien saca esta conclusión es Kant, que es un gran padre del cientificismo.

Por otra parte, en Francia, Descartes hacía una separación que parece insustancial, sin consecuencias ni efectos, pero

Descartes, en él, la soberbia y el egoísmo solipsista llegaron a cuotas nuevas en la humanidad... y decía que no nos conocíamos a nosotros mismos, oh paradoja

Descartes, en él, la soberbia y el egoísmo solipsista llegaron a cuotas nuevas en la humanidad… y decía que no nos conocíamos a nosotros mismos, oh paradoja

que es de una trascendencia que ni nos imaginamos. Descartes separa sujeto y objeto. El objeto es lo que se puede conocer y, como está radicalmente separado del sujeto, el sujeto es incognoscible. De ahí vienen dos puntos clave: no nos conocemos, no conocemos nuestra alma ni hablamos racionalmente del amor o de la moral, etc.; y se manda al infierno de lo irracional a lo que no sea “científico”, según la definición apriorística de Descartes mismo. ¿Y cuál es esa definición? Ésta: “lo que es ciencia es lo que se acomode a mi método”. ¿Que cuál método? La adaptación que Descartes hace de la matemática como ciencia universal. Luego, Kant hará lo mismo, pero ahora con la física. Y, así, todo lo que no sea física o, quiero decir, la presentación que hace Kant de esa ciencia, influido por Hume, será lo único “objetivo”, “científico”, “racional”.

Ésa es, “en dos platos”, como dicen en mi tierra, la historia de la caída de esta sociedad occidental en el materialismo y en el cientificismo; y, con ello, la caída en el gnosticismo y la revolución quedaron preparadas. Así, el alma fue como dejó de ser sensorio de trascendencia y la ciencia filosófica la más alta. Entonces, ¿qué hay que hacer? Muy fácil, ya lo hemos hecho: ver que tenemos inteligencia, que en el mundo hay orden y armonía inteligibles, que las cosas sensibles se pueden captar con la inteligencia, que, por reflexión, nos conocemos y muy bien, que todos estos conocimientos son superiores a los científicos y que, de hecho, sin este tipo de conocimientos, la ciencia no existiría, pues sus fundamentos se hallan en este ámbito. Lo único que falta es, pues, que veamos con nuestra inteligencia que no se puede decretar un método como único admisible, de antemano, que el número se conoce de un modo, el calor y sus transferencias de otro, las ondas sonoras de otro, las reacciones químicas de otro, la fisiología de los vivos de otro… nuestra psique de otro, el arte de otro… y así sucesivamente.

En particular, el alma se conoce por un método que nos legó Platón. No, por un método que todos usamos siempre,

Platón, nos legó el método de estudio del alma

Platón, nos legó el método de estudio del alma

cuando decimos, por ejemplo, que tal persona es inteligente o de buen corazón o de voluntad de hierro o hipócrita: ¿dónde vimos la inteligencia, la hipocresía, la voluntad, el corazón? Los vimos y Platón lo que hizo fue señalarnos, por reflexión, dónde los vimos. Vimos la inteligencia porque vimos cómo entendía cosas difíciles; la hipocresía por su conducta y su disimulo; la voluntad en la forma de enfrentar las dificultades; el corazón en sus buenas obras. Vemos las capacidades y cualidades de las personas en sus acciones y en los objetos a los que se refieren: dice Platón “por el objeto se conoce el acto, por el acto se conoce la potencia o capacidad, por las capacidades la esencia del alma”. Somos un alma intelectual, capaz de lo intemporal, lo eterno, lo universal y necesario, capaz de ver el sentido, de tener intimidad y de expresarla a los que queramos, de conocer la verdad, de amar el bien, de gozarnos en la belleza y paremos de contar. Somos algo muy hermoso. Los revolucionarios quieren que creamos que somos tierra y miseria, pero vemos que somos mucho más… ésa es la verdad, eso es la verdad que defendemos los que hemos emprendido la rebelión de la esencia…

 

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