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Esclavitud y libertad: una luz de esperanza… la liberación

Vicios, adicciones y remedios: esclavitud y libertad I

Fíjense bien, es él mismo, flagelándose a sí mismo: la única verdadera esclavitud

Fíjense bien, es él mismo, flagelándose a sí mismo: la única verdadera esclavitud: la del vicio

Uno oye hablar siempre de los vicios. Los que siempre se traen a colación son los típicos: el cigarro, el alcohol y las drogas. Una primera aclaratoria tendría que precisar que estos objetos, estas cosas que pueden desearse y consumirse, no son propiamente vicios, sino eso, objetos de nuestros apetitos, de nuestras capacidades que nos hacen desear o, en el caso de la voluntad, querer. El vicio no está en el objeto, sino en esas capacidades. Por supuesto, el vicio es un desorden en ese tender a las cosas en sí mismas amables; el mal está, pues, en el amor desordenado, en la mala tendencia. Y, obviamente, estos tres objetos son muy eficaces en la formación de estas malas tendencias.

Pero el otro defecto al referirse la gente a los vicios está en que, sin dudas, tratándose de malas tendencias habituales, arraigadas en nuestra alma, hay muchos otros vicios. Dostoievski parecía tener especial aversión al vicio del juego y por eso escribe El Jugador. En esta época, con la televisión y el internet, parece que se hubieran multiplicado las posibilidades de adquirir tendencias insanas o negativas.

Pienso que puede ser muy provechoso dedicar una serie de artículos a estos enemigos de nuestra felicidad, que no están en ninguna otra parte que en nosotros mismos, en las heridas que adquirimos por herencia, la expulsión del Paraíso y la pérdida del estado de inocencia. Parece mejor hablar de la virtud y lo haremos, pero quería aprovechar los equívocos típicos a este respecto, para que se entendiera mejor de qué se trata. Es más fácil hablar de la castidad, si se entiende bien en la manera cómo su contrario por exceso, la lujuria, opera un terrible mal en el alma, cómo nos separa de la felicidad y de nuestros anhelos más profundos e importantes. Si a lo que tendemos es a un Infinito que nos trasciende, que es infinito en muchos sentidos: no se acaba, no pasa ni sufre menoscabo, es Bien y Belleza y Verdad sin límites ni mezcla de defecto alguno, entonces el egoísmo, la pusilanimidad, la cortedad de miras, la falta de conciencia del borrachín aparecerán como una terrible auto-negación y la sobriedad se manifestará como un sol brillante.

Conviene ponerse alerta respecto de dos puntos prácticos preliminares. El primero es que, como todo lo que se refiere a la moral, según dijo Aristóteles al comienzo de su Ética a Nicómaco, al escribir sobre esto, queremos buscar lo práctico, es decir, acercarnos y acercar al bien, a la felicidad, a ese Bien que, aún sin saberlo, todos añoramos, sólo por ser hombres. Por eso, quiero que esto sea una ayuda para que nos pongamos muy en guardia, para poder ser más felices. A lo mejor, una confidencia sirve para mostrar mis intenciones. Yo siempre fui una persona compulsiva, siempre obré sin mucho razonamiento, llevado por pasiones. En una época de mi vida, fui llevado a la filosofía por una fuerza superior a las mías, que usó primero a mi hermano y luego al encanto mismo del objeto de este amor existencial. Ahí, poco a poco, mis pasiones me llevaron como arrastrado, por caminos nobles, gracias a Dios. Vi el bien con mi inteligencia y lo amé con todo mi ser, pero mis apetitos no estaban educados, no era realmente racional, porque no sabía cómo serlo. Antes de eso, cuando el bien era algo como una fe vaga e infantil, mi pasionalidad desordenada me llevaba a ser una especie de receptáculo de vicios. Yo era uno de ésos como proclives a ello. Más tarde en mi vida, me di cuenta de lo que era la madurez verdadera, que no es sólo ver el bien y amarlo y realizarlo, a lo loco, sino conformar el alma a él: que sólo así es que se realiza realmente. De algún modo, buscaba con todas mis fuerzas el bien, pero era vicioso en un sentido: mi alma estaba muy desordenada. Por eso, tenía muchos problemas y muchas explosiones de ira. Hay que tener cuidado con esos caracteres compulsivos, exageradamente impulsivos y pasionales. Es bueno ser apasionado, ojalá yo siempre lo sea, pero no ser uno de emociones descontroladas e imaginación presta al vuelo anárquico, la razón debe ser quien manda. De otro modo, nuestra vida es presa de una pequeña frustración: todos queremos ser libres, vivir conforme a lo que queremos, a lo que vemos como bueno y realizarlo con una cierta paz interior. El vicioso no es libre, el que se lanza al mal siempre guarda un anhelo de lo que realmente quiere, que no coincide con lo que le da la gana: aunque posea un imperio planetario, en el que hace lo que le plazca, es débil, impotente, dice Platón. El impulsivo no tiene paz, vive de turbulencia en turbulencia, aunque ame el bien con todas sus fuerzas. Cada vicio particular tiene calamidades infinitas, pero todos comparten estas dos catástrofes existenciales.

La segunda advertencia se refiere a que, aunque haya muchos vicios y se puedan estudiar “académicamente”, lo que voy

Adicciones, cadenas, tragedias, vidas perdidas, promesas rotas, horizontes cerrados, fracaso existencial... ¡¡¡Pero hay salida!!!

Adicciones, cadenas, tragedias, vidas perdidas, promesas rotas, horizontes cerrados, fracaso existencial… ¡¡¡Pero hay salida!!!

a hacer aquí dista mucho de eso. Lo que quiero es agarrar a los vicios más comunes hoy, los que causan más estragos entre gente que, sin determinadas “condiciones de los tiempos”, serían maravillosas; quiero tomarlos y poner sobre ellos una alerta, para que nos ayudemos entre nosotros y podamos ayudar a “panas” de por ahí, familiares, etc. Aquí cabe una última cuestión: la increencia no es un vicio apetitivo, sino del intelecto y su apetito, la voluntad, muchas veces corrompidos por el orgullo o por alguna mala pasión “baja”. Ella parece no caber en la línea de conversación de arriba, pero creo que es muy relevante, pues ella es causa y consecuencia, desde diversos puntos de vista de esas “condiciones de los tiempos” de las que hablo antes y es un vicio a tomar en cuenta hoy. Junto a ella, hablaré de la lujuria y la pornografía; las adicciones a las drogas, el alcohol y el cigarro; la adicción a la televisión y el internet; la iracundia; el juego.

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