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Lincoln, la película, arma de la revolución

Lincoln, un buen hombre, ejecutor de planes ideológicos antirepublicanos

Lincoln, un buen hombre, ejecutor de planes ideológicos antirepublicanos

Como ya sabemos o te invito a enterarte, en mi serie de artículos sobre Hollywood en alto contraste, la “Meca del cine” tiene sus trazos ideológicos bien definidos. Ahí, en cualquier película, salvo muy contadas excepciones (como Poder Absoluto, de Clint Eastwood), es un insulto que te llamen “republicano”; y es título de honor el ser “liberal”. Por supuesto, una de las trazas más significativas de toda ideología se refiere a la historia. La ideología se refiere al poder y “quien controla el presente controla el pasado, quien controla el pasado controla el futuro” (Orwell, 1.984). La película Lincoln es sólo un episodio más de esto y una capa más en lo que se refiere a la Guerra Civil o de Secesión estadounidense. Estamos tan acostumbrados a la interpretación de Hollywood, que ya parece una locura discutir académicamente sobre el asunto.

¡¡¡Pero la discusión cabe!!! Vamos a ver, vamos a tomar un contrincante ideal. Para mí, uno excelente es un católico, ya verán por qué, pero les adelanto que es así, precisamente porque yo soy católico, es más, como Santa Teresa, yo soyun hijo de la Iglesia”. Un muy respetable señor, José Antonio Varela Vidal, escribió un artículo en la agencia católica de noticias Zenit, la del Vaticano, nada más y nada menos, el 2 de marzo pasado. Lo tituló así: Crítica: Lincoln; y el subtítulo: ser o no ser libres. En él, dice cosas sin duda interesantes, aunque bastante dentro del estereotipo… Y ESO ES LO BUENO, VAMOS A ENTRARLE AL ESTEREOTIPO. Dice: “La película desarrolla los momentos finales de la Guerra de Secesión en los Estados Unidos, o conocida también como Guerra Civil. Como se sabe, los estados del sur quisieron independizarse del gobierno federal, tomando como excusa el triunfo de Abraham Lincoln como presidente, quien traía entre sus planes la abolición de la esclavitud en aquellos estados donde aún era vigente”. También: “Con una magistral interpretación, el Lincoln de Day-Lewis transmite al espectador su espíritu decidido para llevar adelante una reforma, que a todas luces le daría dignidad al país más esclavista de la historia”. Y apela a nuestras emociones… en un primer momento, a la ira: “Las escenas que más impresionan al espectador son varias. Por un lado están las negativas de algunos políticos por concederles la libertad a los esclavos de raza negra, privándolos de un derecho fundamental con todo tipo de artilugios y amenazas”. Y, luego, al éxtasis de alegría por la victoria: “Nos quedamos con aquel momento en que un grupo de esclavos libres, impecables en el vestido, entran al hemiciclo del Congreso y se ubican en la tribunas para seguir la votación. El silencio tenso que se crea entre los políticos, se rompe por la voz clara de un representante: ¡Bienvenidos a su casa!”. Todo muy hollywoodense: si vas a meterte a ver a Hollywood, tienes que estar dispuesto a dejarte transportar por mares de emotividad: de eso, precisamente, vive Hollywood, sus “miembros” son maestros de la creación de ambientes emotivos, digamos.

Lo espectacular, entonces, es que este “análisis” lo hace un católico, en un medio católico: así de arraigada está la revolución en nuestros días. Vamos a ver. Lincoln era un representante del clan abolicionista, nadie dice que fuera un mal hombre, nada que ver, pero hizo muchas cosas muy mal hechas, por provenir de ese clan, fuertemente ideologizado. Sus representantes más conspicuos son Emerson y William Ellery Channing. Channing es el vínculo entre los trascendentalistas-abolicionistas y los revolucionarios ingleses, con el reverendo unitarista (anti-trinitario, o sea, anticristiano) Price. Emerson es el padre del trascendentalismo, una amalgama de kantismo, hegelismo y supercherías, que dominó a los principales pensadores estadounidenses del siglo XIX. Con el poder que tenían en Nueva Inglaterra, se encargaron de manipular la opinión, a fin de llevar la guerra a los estados del sur. William Lloyd Garrison, inspirado, aupado y patrocinado por ellos, dio a los sureños de qué preocuparse, al llevar a cabo un asalto en una armería de Virginia, en la que se mostró como un verdadero enemigo de la humanidad y la república.Otro de los representantes fue Frederick Douglass, hombre de color, radical ateo feuerbachiano, amante de la revolucionaria alemana, Ottilie Assing, quien lo contactó con Feuerbach.

Mientras tanto, la voz católica más relevante del siglo, el ex marxista y ex trascendentalista Orestes Brownson, da una

Orestes Brownson, un paladín de la esencia, de los Estados Unidos del siglo XIX y universal y de siempre

Orestes Brownson, un paladín de la esencia, de los Estados Unidos del siglo XIX y universal y de siempre

versión muy distinta de los acontecimientos, en su The American Republic. Los estados del sur no podían pedir la secesión pues la república no es una membresía en un club, la república es natural y debe defender su integridad. Por otra parte, la soberanía en ese país pertenecía a los estados, en unión: no a éste o a aquél, sino a los Estados Unidos, de modo que el gobierno federal no podía, no tenía potestad, para abolir la esclavitud, pasando por encima de los estados. Finalmente, los afroamericanos no estaban integrados a la vida civil; todos sabemos cómo sufrió todo el mundo, empezando por mis negritos, cuando los vencedores norteños, impusieron al Sur sus condiciones, mandando a la calle a personas que hasta el momento habían sido parte del household de algún amo, mucho más benéfico, por lo general, de lo que presenta Hollywood. Eso se comprueba aún más, si se toma en cuenta lo que dice Brownson sobre el voto de los negros: ¿cómo se les iba a dar tal potestad, si no estaban integrados en la república ni les interesaba? Lo único que habrían logrado es que toda esa masa, que no era parte de la república, repito, terminara siendo manipulada de una manera o de otra; y lo más seguro es que el manipulador habría sido su antiguo amo. A la mentalidad democratista de hoy le es difícil entender todo esto, principalmente por manipuladores, como los hollywoodenses.

Lo terrible, para mí, es la inconciencia general, empezando por un comentador, “analista”, católico, que repite los clichés de los ideólogos de la revolución, cuando él debería tener conciencia y ser de la esencia. Con que se lograra poner la discusión a este nivel, triunfaríamos, les infligiríamos una derrota descomunal. Conciencia, independencia… estudio denodado de las fuentes perennes. Sin eso, la esencia seguirá estando perdida en la irrelevancia social… A LUCHAR… YYYYY, ¡¡¡DURO!!!, ¡¡¡A ESTUDIAR!!!

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