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La verdadera ciencia es de la esencia

El alma y la ciencia (2)

Einstein: sin inteligibilidad, sin el orden y armonía del mundo, no hay ciencia.

Einstein: sin inteligibilidad, sin el orden y armonía del mundo, no hay ciencia.

Lo primero que hay que aclarar, obviamente, es qué significa la palabra ‘ciencia’. Puede significar varios sentidos relacionados, pero, en este contexto, se trata de un cierto estudio racional y metódico. Se trata de un estudio de fenómenos, de hechos percibidos, de sus causas. Más precisamente, se trata del estudio de un ámbito de fenómenos o de fenómenos relacionados por pertenecer a un mismo estrato de la realidad; y desde una cierta perspectiva. Así, un físico ve una cosa que se mueve de un sitio a otro o que cambia de temperatura y quiere saber la causa de esos cambios, en ese ámbito; un biólogo ve que lo que se traslada y cambia de temperatura es tal animal y busca describir e investigar las causas desde una perspectiva muy diferente, en la que el cambio no es un mero “movimiento”, sino una operación de un ser vivo. Esas causas pueden ser de varios tipos, entonces, porque la física parece quedarse con las mecánicas, eficientes y materiales; mientras que la biología tiene en cuenta una cualidad central, una formalidad: la vida. Pero esto es engañoso, la física también busca cualidades, formalidades: fuerzas, energías, trabajo, temperaturas, etc. Así, cada ciencia tiene un objeto bien definido y una perspectiva desde la que lo mira, su punto de vista, y aún, dado el objeto y el punto de vista, tiene una manera de enfrentarlo, un método, que tiene que ser adecuado a lo que se va a estudiar, debe haber proporción, nadie puede pretender que el modo de proceder de la matemática sea el mismo del de la física, el de la química o el de la geología.

Ahora bien, hay un concepto al que el mundo de la revolución, representado aquí por el cientificismo, le tiene alergia: los fines. La ciencia tiene fines y para ella es esencial que en la naturaleza haya un orden finalístico, teleológico. La ciencia, de suyo, lo que busca es conocer la realidad; posteriormente y con dependencia más o menos intensa de lo que se conoce, se puede producir tecnología, pero la ciencia es distinta de la técnica. La ciencia, entonces, supone que el mundo es ordenado y objeto de captación intelectual, o sea, inteligible: “con la ayuda de las teorías físicas tratamos de encontrar el camino de los hechos observados; ordenar y entender el mundo de nuestras sensaciones. Desearíamos que los hechos observados resultaran consecuencia lógica de nuestro concepto de realidad. Sin la creencia de que es posible asir la realidad con nuestras construcciones teóricas, sin la creencia en la armonía interior de nuestro mundo, no podría existir la ciencia” (Einstein e Infeld, La evolución de la física).

Ahora, si una ciencia se define por el objeto, el punto de vista desde el que lo mira y el método; y si, como actividad racional, parte de unos principios conocidos, que apoyan la actividad pero no se apoyan en ella, entonces la ciencia tiene unos fundamentos, unas determinaciones, que son su base ineludible, pues, si estas cosas no están determinadas, la ciencia no puede existir. Así, sin estas determinaciones, no hay ciencia, por lo que, para que la misma no sea un castillo en el aire, estos puntos tienen que ser hallados por la inteligencia y de manera verdadera.

Pero hay más todavía. Es algo tan claro, tan casi infantil, que se suele pasar por alto. No hay ciencia en cualquier sociedad; la ciencia

Voegelin: si se abandonan los hallazgos del Cristianismo y los clásicos griegos, si se abandona la sabiduría que afirma al alma como sensorio de trascendencia, el hombre sólo puede caer en graves desórdenes y la ciencia caerá

Voegelin: si se abandonan los hallazgos del Cristianismo y los clásicos griegos, si se abandona la sabiduría que afirma al alma como sensorio de trascendencia, el hombre sólo puede caer en graves desórdenes y la ciencia caerá

sólo se ha dado en algunas comunidades humanas. En Grecia, en Occidente, en una etapa de la vida del Islam, paradigmáticamente. Occidente puso sus bases, las bases de su expansión espiritual, por ser religión del Logos y puesto que, como dice Voegelin (The New Science of Politics), incorporó los avances de humanidad de los clásicos que, poniendo al alma por sobre todo lo material y como sensorio de orden y trascendencia, y con el rigor racional en todas las áreas, desde las universidades autónomas, de Paris, Oxford, Padua, etc. Así, el Occidente cristiano preparó avances teóricos y prácticos sin precedentes. Lo que hoy en día está en grave peligro de desaparición, por haber abandonado el hombre occidental sus visiones de trascendencia, libertad y superioridad sobre lo meramente material: cuando un cientificista, constructivista, deconstructivista, marxista, nihilista, existencialista, evolucionista, de hoy dice que el hombre no es más que materia, que no hay verdad, que todo es irracional, que somos producto de acomodaciones azarosas, que no hay orden alguno y no tenemos realmente capacidad para conocer nada, no solamente está preparando el camino de la tiranía, está preparando formas de sujeción espantosas y el fin de la ciencia.

El alma la conocemos desde ese sensorio de trascendencia que es ella misma, en esa actividad intelectiva, que fundamenta a la propia ciencia. Esto es uno de los grandes pilares de la esencia. Uno de los puntos en que nos sentimos más legitimados para dar la gran lucha, la lucha contra la revolución. Lucha que continuaremos en el próximo de esta serie…

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