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La revolución [homo-] sexual y su ideología gnóstica: Una gran lucha de la esencia

Platón, en El Banquete, por boca de Sócrates, defiende el amor de la "procreación en los cuerpos y en las almas", un orden en la filosofía

Platón, en El Banquete, por boca de Sócrates, defiende el amor de la “procreación en los cuerpos y en las almas”, un orden en la filosofía

Estas máximas, obedecidas, serían la salvación de todas las ciudades: nadie sembrará una semilla de hijos ilegítimos y bastardos ni con los varones, yendo en contra de la Naturaleza, una semilla estéril” (Platón, Leyes, 841d).

“En efecto, lo invisible de Dios, su eterno poder y divinidad, son conocidos mediante las obras” (Rom., I,20), a saber, el orden de la naturaleza y su dependencia ontológica respecto del Creador.

Hubo una vez en que tomé parte en una discusión de periódico (El Universal, de Venezuela) entre unos defensores de la esencia, encabezados por la señora María Denisse Fanianos de Capriles, y unas defensoras de la homosexualidad. Entre éstas, hubo una, Naibet Soto Parra, que el 4 de octubre del 11, colocó una respuesta a la señora Capriles. El artículo de esta señora,  es digno de consideración.

Lo que es de subrayarse en él es la denominación que da del grupo que representa. Dice que habla a favor de los “LGBTI”. En un principio, este grupo era el de los “LG”; luego, el de los “LGB”; más tarde, “LGBT”; ahora vamos por “LGBTI”. Y las siglas seguirán aumentando; y les voy a decir por qué. En Australia, se hacen listas y se actualizan cada cierto tiempo de las tendencias sexuales; la última vez que supe, la lista iba por 22 “géneros”. Y eso es lo normal, ya que, según los ideólogos de “género”, “La orientación sexual se refiere a la capacidad de cada persona de sentir una profunda atracción emocional, afectiva y sexual por personas de un género diferente al suyo, o de su mismo género, o de más de un género, así como a la capacidad de mantener relaciones íntimas y sexuales con estas personas. La identidad de género se refiere a la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo (que podría involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios médicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que la misma sea libremente escogida) y otras expresiones de género, incluyendo la vestimenta, el modo de hablar y los modales” (Declaración de Yogyakarta del lobby gay, citada en: Boletín semanal del Population Research Institute para Iberoamérica, del 14-06-11). Así, los lesbiangaybisexualtrans e inter tienen una fecundidad potencialmente infinita, en cuanto la manipulación de la plastilina que es la realidad material en sus manos, a lo Descartes y su dualismo, ya que no hay orden y todo tiene que quedar sometido a un arbitrio ciego. Hay infinitos “géneros” y yo puedo cambiar de uno a otro de un momento a otro, sin que medie razón alguna ni nada de nada, más que mi solo arbitrio. Eso era lo que decía Platón, en el pasaje citado de Leyes en el epígrafe, cuando aseguraba que si no se reconoce un orden, que tiene que ver con los fines naturales, en este caso, del acto sexual, no hay quien detenga la fila infinita de las aberraciones.

El testimonio de la señora Soto, bien analizado, se vuelve contra ella, porque él supone que hay orden y que lo podemos conocer. Entonces, independientemente de las opciones arbitrarias, habiendo la capacidad para conocer el bien y el mal, ¿la homosexualidad es una conducta admisible por parte de los seres humanos? Como ella misma descarta el arbitrismo moral, hay que discutir sobre la racionalidad de la conducta. Ahora, claro, no se trata sólo de esta señora, todo ser humano, hasta el más radicalmente deconstructivista-nihilista-gnóstico, viene y dice, ante un problema particular, cosas como: Hitler o Stalin eran malos, respeta mi derecho, no puedes imponerte a la fuerza o, como Nietzsche, lo bueno es que los fuertes se impongan a la fuerza o lo que sea: no se puede hablar, si no se supone un cierto orden y, además, la verdad del significado de las palabras, de las construcciones, de la manera de construir, de la posibilidad de comunicarse, de que los demás entiendan… Lo dice el propio Nietzsche, en El ocaso de los ídolos: el lenguaje es propio de una etapa primitiva de la humanidad, hay que abandonarlo; hay que abandonar la gramática, porque, mientras haya gramática, hay Dios. Si hay un orden natural que no dependa de nuestra voluntad, hay Dios… y, evidentemente, de anteojito, de Perogrullo, de cajón, hay un orden natural… y la gramática es sólo una manifestación más…

El punto clave de la discusión radica, en último término, en qué es el ser humano, hombre y mujer, y qué es el amor que

José y María, modelo de amor esponsal y fecundo, en Dios

José y María, modelo de amor esponsal y fecundo, en Dios

los une. Ahí está la batalla de los que defienden el orden natural. Lo demás es adorno, incluso los alegatos tan importantes, aunque lógicamente falaces y éticamente mentirosos, como la proporción de los sidosos o los que se apoyan, supuestamente, en la biología. En el ámbito de la antropología, pues, hay que decirle a la persona con tendencias sexuales desviadas que él o ella no es, para usar el gramaticalmente infausto término, “homo”. Un ser humano no se define por el apetito sexual, aunque éste pertenezca al hombre, en cuanto animal que se reproduce de manera sexuada, en cuanto mamífero, inclusive. Lo distintivo del hombre es su inteligencia y su voluntad, su capacidad de conocer la verdad, el bien y la belleza, de lo ínfimo hasta Dios, de conocer que los conoce, de ser consciente de sí y de su proporción con ellos y de vivir conforme a ellos libremente. Y, más todavía, el hombre tampoco se reduce a eso, lo más alto y lo más distintivo suyo: es mucho más rico. Empero, todo lo demás que guarda en su ser, debe ser ordenado por esa espiritualidad suya.

Así, amamos a los hombres, pero reconocemos lo que haya de bueno o malo en todos. Lo bueno, para ver que hay esperanza y para amarnos y buscar la felicidad juntos, en comunidad; lo malo, para luchar contra eso, para que todos seamos más y más felices, conformes con el sentido de nuestro existir. Hay heterosexuales malos, porque, por supuesto, los vicios humanos no se reducen a sexualidad desviada. Pero, si no se reconoce que hay vicio en lo vicioso, no se podrá nunca ayudar al que padece de estas cosas. Luego, pues, podrán venir los adictos a diversos objetos; luego, otros, con otras torpezas. Hasta que no haya ley, pues todos tenemos derecho a definirnos, sin ninguna referencia a ningún orden; y, sobre todo, tomando como referencia ese aspecto único en que consiste el vicio que nos domina. O hay orden y lo podemos conocer y amar y, por tanto, hay moral humana, ya que el hombre posee al nacer una esencia, que no se puede quitar nunca de encima y que está sometida al orden de un Ser superior, que es Infinito y Perfecto y nos conoce y nos ama infinitamente por lo que sabe y ama nuestro bien infinitamente más que nosotros mismos.

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