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Solzhenitsyn y los reformadores sociales

Un Gulag, una fosa común, la humanidad barrida, eso es la revolución, a eso se enfrentó Solzhenitsyn

Un Gulag, una fosa común, la humanidad barrida, eso es la revolución, a eso se enfrentó Solzhenitsyn

Hablar de Alexander Solzhenitsyn es hablar de heroísmo impresionante. Solzhenitsyn fue realmente un héroe. Entre los rasgos de su heroísmo se pueden destacar la valentía, claro, la humildad que requiere todo converso, para reconocer que estuvo equivocado toda su vida, y el descomunal amor a la verdad, a la realidad y su orden. En realidad, todos los rasgos de este héroe mío y de tantos amantes de la esencia, de tantos aferrados a ella, en estos tiempos de revolución, están como en su negativo, en nuestra némesis, exacto, han dado en el clavo: la revolución misma. La revolución es avasallante, tiende al totalitarismo: Solzhenitsyn fue víctima del de su país, donde estuvo preso en un Gulag, ganó el Nobel de literatura, con su Archipiélago Gulag, pudo salir y se quedó denunciando al gobierno revolucionario y a la mismísima iglesia ortodoxa rusa: frente al totalitarismo revolucionario, valentía y fidelidad. La revolución es gnóstica, desconoce el orden de lo real, lo odia, lo quiere suprimir, recrear a su desquiciada imagen, enmendar a Dios. Solzhenitsyn afirma lo real. Sobre esto quiero hablar más abundantemente, en nombre de los que amamos la esencia.

La gnosis es un “conocimiento” mágico, salvador. Pero no es inofensivo: el mundo, por más que yo quiera escapar de él y que lo haga de hecho, en la medida de lo posible, sigue teniendo la

Hombres sepultados en vida, en los campos de la muerte de la recolución, reforma social

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misma estructura. O sea, el “conocimiento”, la gnosis, es un ensueño, en realidad, no un conocimiento: aunque socialistas, cientificistas, capitalistas, etc., se presenten como “científicos”, lo que son es unos gnósticos. Aunque yo lo encuentre defectuoso, el mundo es como es: el intento de destrucción del mismo no lo destruirá, sólo aumentará el desorden de la sociedad (Eric Voegelin, Science, Politics and Gnosticism). Aquí es donde entra Solzhenitsyn, él describe el problema y lo resuelve, de manera magistral y de un plumazo. Un profesor anciano y dos muchachos jóvenes, a punto de salir, en Agosto de 1.914, para la Primera Guerra Mundial, se conocen de manera casual y terminan tomando cerveza en un bar; los muchachos se preguntan si es lícito ser patriotas, si la única vía posible no sea alguna gnosis moderna, el socialismo o el anarquismo. Creían que el culto profesor, en honor a su cultura y buen natural, debía ser “al menos, un anarquista”. El profesor responde y da la clave de la batalla entre las fuerzas y argumentos del gnosticismo y la sensatez, la esencia:

“Obviamente, una clase [de orden social] es menos mala que todas las demás. Quizás haya una perfecta. Sólo recuerden, amigos, que el mejor orden social no es susceptible de ser arbitrariamente construido o aún científicamente construido –hoy en día todo es supuestamente científico–. No sean tan arrogantes como para imaginar que ustedes pueden inventar un orden social ideal, porque, con esa invención, pueden destruir a su amado ‘pueblo’. La historia no es gobernada por la razón […]. La historia es irracional, jóvenes. Ella tiene su propio e, incomprensible, quizás, para nosotros, estructura orgánica […]. La historia crece como un árbol vivo. Y, en lo que concierne a ese árbol, la razón [humana] es un hacha: nunca lo harás crecer mejor mediante la aplicación de la razón a él. O, si prefieres, la historia es un río; éste tiene sus propias leyes que gobiernan su flujo, sus curvas, su serpenteo. Entonces viene una gente inteligente que dice que el río es un estanque y debe ser desviado a otro canal mejor; todo lo que se debe hacer es escoger un lugar mejor y cavar un nuevo cauce para el río. Pero el curso de un río no puede ser interrumpido –pártelo unos centímetros y él ya no fluirá más–. Y se nos dice que el cauce debe ser desviado forzosamente varios millares de metros. Los lazos entre las generaciones, lazos de institución, tradición, costumbre, son los que mantienen las márgenes del cauce del río unidas y sostienen a la corriente en flujo […]. Puede que sean incognoscibles [las leyes que gobiernan el flujo del río]. A todo evento, no se hallan en la superficie, donde cualquier tonto lleno de ocupaciones puede buscarlas. Las leyes de la sociedad humana perfecta sólo se pueden encontrar en el orden total de las cosas. En el propósito del universo. Y en el destino del hombre (Alexander Solzhenitsyn, August 1914, Farrar, Straus and Giroux, New York, 1.971, pp. 410-411).

No es que la historia sea irracional, es que supera a la razón humana; pues, aunque ésta pueda, por sus fuerzas o por Fe o por ambas,

Aleander Solzhenitsyn, héroe de la esencia, un despertador frente a la revolución

Aleander Solzhenitsyn, héroe de la esencia, un despertador frente a la revolución

hallar puntos centrales y profundos, en cuanto a su comprensión y la del mundo todo, incluyendo al propio hombre, una completa visión de su sentido lo supera. De nuevo, el mundo tiene un sentido y es accesible a nosotros, sólo que no podemos responder de manera total y definitiva y hasta el último fondo, las preguntas relevantes sobre el tal sentido. Mas es de igual importancia destacar que, habiendo ese sentido, los así llamados “reformadores sociales” lo que son es unos grandes destructores de las patrias, que demuelen eso que une a las generaciones, las tradiciones e instituciones y las verdades naturales, en tanto que encarnadas en la respectiva sociedad. Nadie tiene que andar fundando la sociedad, ella es un “producto natural”; el amor a ella estriba en buscar su sentido y trabajar para realizarlo: las reformas no son sino destrucción, traída por gente que, en su soberbia, u odian a sus patrias o se aman tanto a sí mismos que, en erupciones inusitadas de estulticia, las quieren hacer a sus imágenes, llevándolas más cerca de su destrucción.

Tenemos que dar nuestra alma, ¡¡¡AMIGOS!!!, todas nuestras fuerzas. Tenemos que llevar la verdadera sabiduría a nuestras sociedades. La esencia tiene que triunfar. La Salvación del mundo nos requiere, nos conmina, nos exhorta. Declarémonos en rebeldía. Rebelémonos en estos tiempos de revolución gnóstica. Imitemos al gran Solzhenitsyn. “A luchar, a buscar, a hallar y a no ceder”*.

 

* Ulises de Tennyson.

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