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Océanos y caminos innumerables

Vanidad de vanidades... oh, oh, vanidad, me esclavizas y me achatas

Vanidad de vanidades… oh, oh, vanidad, me esclavizas y me achatas

Es una verdadera lástima, he visto hombres andar en dos dimensiones; los he visto andar a lo largo y a lo ancho de un mundo muy pequeño, muy reducido. He visto a los hombres andar sin saber que hay caminos. Unos andan por los mercados, donde sólo crecen anhelos chatos y se secan los puntiagudos. Otros van a ver trofeos de mulos y a su parecer alfombras desorientadas, agregan vientos que las elevan unos metros, para abalanzarlos contra el suelo. Hay unos terceros que gustan de beber néctares que bajan al vientre y se devuelven a la cabeza, de modo que son alfombras con caras de cerdos, la inteligencia de los asnos y la prudencia de los avestruces. He visto a los que quieren ser alfombras gordas, con panzas embutidas: como no ven camino, quieren hacerse estatuas de grasa. Todos éstos tenían cabeza hacia abajo, no se erguían, tendían al suelo.

Hubo un tiempo, cuando muchacho, en que, por todo modelo, tenía una alfombra ciega, gorda, con gustos de mulos y escanciadora de néctares de ensueños desquiciados. Hubo un tiempo en que yo quise encarnar mi modelo.

Hubo un tiempo, cuando niño, en que tuve un Modelo, un modelo del que hablaban los poetas, un modelo que inspiraba a los profetas, que daba su fuerza a los héroes y embellecía a lo noble.

Fue un gran espectáculo. Conocí hombres que vieron caminos, pude hablar con forjadores de señales, señales de antiguo, señales

El Triunfo de San Hermenegildo abrió el cielo a la Hispanidad visigoda

El Triunfo de San Hermenegildo abrió el cielo a la Hispanidad visigoda

nuevas, señales eternas, señales de tres dimensiones, señales que apuntan a lo que está por encima. Vi a hombres que abrían caminos, héroes que morían la muerte de Hermenegildo; multitudes enteras veían subir los mares y abrirse ante ellos. Hubo hombres que se escondieron, hombres que, en un muro, dejaron un océano, una figurita y, saz, mundos innumerables. Vi hombres que me abrían la cabeza, que la dividían en dos, tres, mil y la hacían más una y alcanzaba el cénit y veía en la noche y descubría sus luces, eran los forjadores de caminos y océanos, ojos de la humanidad, participantes del Amor y la Sabiduría, aunque algunos sólo los vieran entre sombras.

***

El Cid Campeador, abrió caminos

El Cid Campeador, abrió caminos

Amigos: acabo de hablar con mis hijos de los caminos de la vida y de los océanos en los símbolos. Los caminos que abren los héroes (como Santa Catalina), los que muestran los escritores (como Cervantes o Antoine de Saint Exupery) y, más importante aún, los profetas y santos inspirados por los que Dios se nos reveló. Los océanos que están detrás de los cuadros (de los frescos de la Capilla Sixtina o El Filósofo de Rembrandt o la Academia de Rafael), de las esculturas (la Piedad), los edificios (El Escorial, San Germán, el Sócalo). Quise hacerles un homenaje. Y quise que quedara algo de esa conversación: la vida tiene caminos y océanos. Los caminos se abren cuando la sociedad de los hombres va articulándose y se va formando su espíritu, a partir de las obras de ciertos grandes. Unos hombres quitan la maleza, abren canales para las aguas, allanan un campo que era bosque, cultivan el suelo, lo surcan y amplían horizontes, abren pasos. ¿Cuánto debemos a los Benitos y Bonifacios, a los Carlo Magnos y Alcuinos, a los San Fernandos, los Colones y los Corteses, los fundadores de nuestras ciudades, de nuestros cabildos y universidades, y a los Sanmartines y Bolívares, a los que llevaron adelante la vida republicana y a tantos y tantos otros miles, de antiguo y de ahora? Luego vienen los escritores e inspiradores de los anteriormente nombrados, desde los grandes clásicos, Platón, Aristóteles, Solón, Esquilo, Tales, Virgilio, hasta los evangelistas y los padres de la Iglesia; y hasta los Dantes, los Cervantes, los Shakespeares, los Manzonis, los Dostoievski y así sucesivamente. Éstos abren y muestran caminos. Los Giotto, los Fray Angélico, los Miguel Ángel, los Rafael, los Velásquez, los Rembrandt, los Vivaldi, Mozart, Beethoven, Verdi, Bisset, etc.: éstos pintan o forjan figuras, conciben edificios y escriben pentagramas que revelan océanos. Viviendo bajo estos grandes y genios y lo que significan, la vida puede mostrar sus caminos y éstos el sentido que encierran, que espera, en la circunstancia presente, en el futuro, en el pasado, reunidos en la Eternidad. Hay que vivir bajo éstos, para remontarnos sin problemas hasta Aquél que es “Camino” y el Océano de la “Verdad y la Vida”.

Lástima todos ésos que no ven caminos o que, si leen, se llenan de desvíos o de negadores de los transitables. Lástima por los que, por

El horizonte de tantos: la profundidad de una pantalla, jueguitos vacíos, caverna platónica... de tercer grado

El horizonte de tantos: la profundidad de una pantalla, jueguitos vacíos, caverna platónica… de tercer grado

toda imagen y símbolo, tienen los muñequitos planos de los videojuegos. Lástima por los que creen que en el mercado, en una mujer en bikini, en la botella o en platos de “manjares”, de algarrobos para cochinos, en la inferioridad de una abultada cuenta de banco, encuentran el secreto de la vida. Sí, el secreto de una vida inhumana, chata y cerrada. Lástima por los bidimensionales, desorientados que creen que no existen los caminos.

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1 comentario

  1. nicolas dice:

    me la paso jugando juegos en linea ,¿me podrías explicar la ultima estrofa? y tu imagen de mario bros.

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