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Archivos Mensuales: marzo 2013

FIFA: cuando el dinero se convierte en el dios

A ésa no la salva nadie, algún día la gente se cansará. Serie de 3

Kempes, el Matador, le dio a Argentina la victoria en la final del 78

Kempes, el Matador, le dio a Argentina la victoria en la final del 78

Hasta hace poco, hasta el 2006, más o menos, el fútbol fue mi pasatiempo y deporte favorito. Yo jugué en equipos de fútbol todo el colegio, desde los 6 años; y, según mis papás, no me “pelé” (perdí) ningún juego del Mundial 70, con todo y que tenía 1 año. El Mundial más antiguo que recuerdo es el del 78, sin embargo. Lo recuerdo bastante, cómo, en el partido por el 3° y 4° Italia comenzó ganando y Brasil empató con un tiro libre de Nelinho y luego se fue arriba con gol de Dirceu. Recuerdo que, en la segunda fase, había un grupo de puros europeos, con Alemania, Holanda, Italia y Austria; y el otro era de americanos, Argentina, Brasil y Perú, con Polonia colada. Recuerdo la clasificación de Argentina ante Perú, el portero Quiroga, a Cubillas, etc. Y, por supuesto, la final de infarto; esa jugada al final de los 90 minutos en que los holandeses inexplicablemente no anotaron; y luego, en la prórroga, apareció Kempes y remató Bertoni…

Así fue siempre. Hubo una época en que jugaba como 12 veces semanales, contando las prácticas. Más adelante, ya de treinta y dele, no podía perderme ni un partido de la liga española ni ninguno de la Champions, veía Libertadores, Inglaterra, Italia… Estaba ahí pegado. Claro, también veía NBA, Grandes Ligas de beisbol, etc. Pero el fútbol era otra cosa. Una comparación ayudará a entender lo que pasó luego, por qué esto fue hasta el 2006 y luego se cortó. En los 80, yo no me perdía pelea alguna que fuera relevante para los campeonatos mundiales de boxeo, Leonard, Hagler, Hearns, Kalule, ManoePiedra, Holmes, Spinks, Wilfredo Gómez, Fulgencio Obel Mejía, el gran Salvador Sánchez. Hasta que llegó el cansancio sobre las sospechas de trampas y metidas de manos negras, etc. La pelea de Tyson y Hollyfield o, no tanto ella, lo que pasó después entre los apostadores, cayéndose a tiros por los miles de millones de dólares que había en juego, dieron la clave de todo. De ahí se fue Dios. Eso fue lo que le pasó a la FIFA y, por transitividad, al fútbol como espectáculo.

En 1982, dijo Joao Havelange: “El sorteo de un Mundial siempre está estructurado porque no podemos ignorar que en el Mundial hay importantes intereses económicos” (Eduardo Palomo, Un sorteo dirigido, espndeportes, 03-12-09). Al parecer, el sorteo del mundial de ese año fue algo tan vergonzoso que Havelange tuvo que “justificar” la trampa, lo injustificable, de ese modo. Havelange mandó en el fútbol por unos cuantos más y quien tomó el testigo fue el personaje que daba la cara en aquel momento: Sepp Blatter. Éste “entonces Secretario General de la FIFA, tardaba muchos minutos en anunciar los nombres, lo que hacía pensar que en el camino se corregían errores del azar. El chico Juan Centos Cuemada, entonces de 11 años, fue el responsable de sonrojar a FIFA, sacando el nombre de Escocia para el partido inaugural. Los organizadores se percataron del error. Chile y Perú permanecían dentro de un bolillero que no les correspondía” (ibíd.).

Hace unos días, una luz de esperanza, quizás, se encendió en los corazones de los aficionados despiertos. En mí, no, o, si acaso, una muy tenue. Dirán que soy pesimista, pero no es así. Chávez trató de meterle mano a la Federación Venezolana de Fútbol y Blatter viajó a Venezuela, dos reuniones, un complejo atlético en Margarita… y voilá, tenemos un acuerdo entre el, en su país, todopoderoso presidente venezolano y la FIFA. “Pero, bueno, ¿qué querías decir con lo de la esperanza?”. Lo de la investigación de la Europol y los amaños, los partidos arreglados o “trucados”, como los dados, en el fútbol (Europol destapa red de corrupción, EFE, consultado en espndeportes, 04-02-13). Parece que debería dar esperanza, hay muchos presos, 50, se ha pedido que se detenga a 28 más; se han señalado ligas importantes: Alemania, Gran Bretaña (¿la inglesa, la galesa o la escocesa?), Hungría, Holanda, Turquía, Eslovenia [¿y España e Italia?]; se han identificado 380 partidos amañados y se ha demostrado la trampa en 150; se trata de “enormes cantidades de dinero”; todo el fútbol europeo está en tela de juicio. Todo esto lo declaro (en el artículo citado) el director de Europol, Rob Wainwright, en una conferencia de prensa en La Haya.

Parece como si, de verdad, hubiera que creer. Permítanme que difiera. Para empezar, aunque esto es más importante que otros

Calciopoli: tembló Italia... y, al final, pura bulla... los amos del valle se salieron con la suya

Calciopoli: tembló Italia… y, al final, pura bulla… los amos del valle se salieron con la suya

escándalos que ha habido en el pasado, no es muy difícil que la FIFA lo esquive, como ya ha hecho antes. En Venezuela, siempre hablamos del “chinito de Recadi”: un caso de corrupción inmenso, durante el cual un viceministro de economía se intentó suicidar y demás, y, al final, sólo un chinito terminó preso: los 78 de marras podrían ser los chinitos de la FIFA. Quiero decir, ¿qué le pasó a la Juve, al Milan y a los demás, luego del escándalo de la Calciopoli, de Moggi y Pairetto? Ni la décima parte de lo que decía el reglamento y nadie fue preso, unas cuantas suspensiones, unas multas irrisorias y risibles ¡¡¡yyyyyyy….. yaaaaa!!! Pero eso no llega ni a la superficie del problema, en el próximo artículo demostraré cuál es el fondo de la cuestión, mientras tanto, se los adelanto bien duro, para que no haya dudas:

LA FIFA PERDIÓ DE VISTA AL VERDADERO DIOS Y SE ANOTÓ EN LA RELIGIÓN DE MAMMÓN

Cerrada la discusión sobre sabermétrica

Con este artículo, no hay más discusión, la cerré

Según Dan Szymbroski, él puede predecir, gracias a la sabermétrica, cuánto valdrá Josh Hamilton, como pelotero, en 2015. Ey, Josh, pon entre las prioridades que te tatuaste en el brazo a Dan, antes que a Dios

Según Dan Szymbroski, él puede predecir, gracias a la sabermétrica, cuánto valdrá Josh Hamilton, como pelotero, en 2015. Ey, Josh, pon entre las prioridades que te tatuaste en el brazo a Dan, antes que a Dios

Por petición de un amigo, hablo una vez más de este tema, que consideraré luego cerrado. Las discusiones teóricas nunca terminan, se abandonan; a menos que una parte, por sinceridad y honestidad, se considere refutada… o por un decreto. Como tengo que hacer otras cosas, yo sólo soy un aficionado de beisbol, no un periodista deportivo cubriendo “esta fuente”, decreto que aquí lo cierro, por ahora. Agradezco, sin embargo, a los amigos que han respondido a mis anteriores escritos y que, por tanto, han posibilitado que la discusión avance. En particular, hay una persona que no puedo identificar que me dedicó una amplía respuesta; que ahora paso a replicar, un poco apasionadamente, pero tratando de conservar siempre el respeto debido en estas discusiones “académicas”, que siempre tienen que buscar la verdad, en la medida de nuestras posibilidades. Un blog de beisbol, hoy, puede considerarse un blog de sabermétricos o uno “infestado” de ellos o de entusiastas admiradores, que saldrán a defenderse muy vehementemente, muchas veces, y con concepciones sobre palabras como ‘ciencia’, ‘matemática’, ‘medida’ y otras, que se adaptan a las definiciones del “SABR Pack”, aparentemente, muy inadecuadas. Ellos no van a dar su brazo a torcer, eso sí. La persona ésta cuya apasionada respuesta paso a replicar, para no darlo a torcer, dice 1) que quién ha dicho que es ciencia, que le dé ejemplos: bueno, en mi primer artículo de esta serie le pongo a Dan Zsymborski, de Espndeportes, prediciendo lo que va a batear y valer Josh Hamilton en el 2015, prediciendo a la manera en que predice la ciencia, basado en cálculos, cálculos sabermétricos de fantasía. Ahí tiene un ejemplo, señor (a). Aparte, dice 2) que yo no “demuestro” [eso no se demuestra, lo evidente se muestra] que el beisbol sea no numérico, no cuantitativo, porque, según esta persona, el beisbol permite contar. En fin, ¿qué se puede responder cuando se tiene que lidiar con “objeciones” así? Un cosa es contar y otra es lo que se cuenta y todavía otra que todo lo contado sea matemático: Descartes, por ejemplo, para convertir todo en objeto de matemática, alzó su duda metódica: sin ella, artificialidad patente, las cosas son mucho más que res extensa, cosa de extensión, medible, matematizable; en Kant, la matemática es reflexión sobre las formas (cuantitativas) de la sensibilidad pura, no toda la experiencia; en Aristóteles o en Santo Tomás, evidentemente, lo matemático es sólo lo que pertenece a la medida de la cantidad, de esa categoría accidental, no a la sustancia, por ejemplo. Duhem, por eso, tiene todo un estudio sobre cómo es posible la medición en física. Yo reproduzco parte de lo esencial de lo que dice éste, así como de lo que dicen Heisenberg y Bohr. Pero, ahora, como se pueden contar los árboles o los turnos al bate, este turno no es este turno, no, este turno es parte de las estadísticas que yo recopilaré luego; y esa estadística no tiene nada de abstracción, es la realidad misma puesta en mis gráficos. Dice 3) que el average, en el que se toma por igual un sencillo que un jonrón (clara muestra de lo que digo sobre la abstracción) no sirve, lo mismo que la contabilidad de errores defensivos, que dependen de la opinión del anotador. Muy bien, muy bien, entonces hay que buscar criterios mejores: ¿ésos son científicos? No, son valoraciones, ¿de quién?, de Fangraphs, puede que prefiera las mías. Pero, otra cosa, me imagino que, por lo que dice, preferirá el slugging, ésa no es una “nueva estadística”; además, le parecerá lo máximo el OPS, para lo que necesita el OBP. Dice que el average es una tontería, porque, en 600 turnos, 15 hits son la diferencia entre un 275 y un 300 (no recuerdo, espero que haya sacado la cuenta bien, ésta está buena: 15 es el 2,5% de 600). Pero no se da cuenta de que de eso se hace una temporada diferente: 15 hits, que ellos, como Schoenfield, en el artículo que cito en mi primer escrito, quieren minimizar, son una gran cantidad, como diferencia. Dicen: “no, no, no, el OBP es mejor”; puede ser, pero eso no implica que invalide el avg., sobre todo porque depende de él mayormente y porque esas proporciones, cuando sumas los boletos, son más insignificantes, así de fácil. Por cierto, un hit, jonrón o sencillo, en cuanto hit, es igual a cualquier otro hit. Un punto muy interesante, en este ámbito, es lo de la edad de las mediciones: tienen 100 años, por eso son malas, dice. A lo mejor es malo comer, porque tenemos toda la vida haciéndolo; o es muy bueno que la droga sea un mal endémico de la sociedad, porque eso sí es nuevo, como el totalitarismo. Seguro todo lo nuevo es mejor que todo lo viejo y, por eso, si es más nuevo, es mejor. La racionalidad, así, sí se eleva, a lo mejor porque esto del progreso es bastante viejo, para el horizonte cultural de mis contemporáneos: la religión del progreso nació en el XVIII: vieja, mucho más de 100 años, más de 250. Nadie dice que estas valoraciones –personales de unos vivarachos– sean malas, lo malo es que las presenten como una caída y mesa limpia: “las impulsadas son una basura, como el promedio, lo que importa es las ‘carreras creadas’, blablablá”. Por cierto, las medidas deben ser constantes, no como dice David Schoenfield, de espndeportes, siguiendo al “SABR Pack”, según el cual los estadios son medidas distintas, que, para colmo, pueden cambiar de año a año (¡¡¡basados en la actuación de los peloteros, que es lo que se mide por los estadios, en primer lugar!!!: esto no tiene nada de circular, ¡no!), lo mismo que los “peloteros de reemplazo”. Copio partes del artículo ¿Para qué sirve [el WAR]?, de Matt Klaasen y Dave Cameron, de FanGraphs (aparecido el 26 de enero de 2010 en espndeportes.com), para que se vea cómo son arbitrarios, poniendo valores a las cosas y queriendo comparar peras con manzanas, pitcheo, corrido de bases, fildeo y bateo, todo queriendo ser metido en un saco, como si eso no violara ningún principio teórico:

El WAR es bastante simple en teoría. La idea es tomar la contribución total de un jugador a crear carreras (bateo y corrido de bases), al igual que como las que evita (pitcheo y defensiva), y entonces se comparan esos totales con lo que un equipo podría esperar si gastaran el mínimo de la liga en algún jugador al azar disponible en Triple A (el llamado “jugador de reemplazo”).

“Al medir todas las contribuciones por el valor de carreras que crean (o salvan), podemos medir cosas que están en escalas ampliamente diferentes [peras y manzanas], como ponches y cuadrangulares. Por ejemplo, un sencillo vale, en promedio, media carrera, una base robada vale 0.2 carreras, y un ponche evita aproximadamente 0.3 carreras. Así que, si Derek Jeter se va de 4-2 con dos sencillos, una base robada y dos ponches en un juego en particular, entonces él creó aproximadamente 0.6 carreras en ofensiva.

“Debido a que cada acción en el terreno afecta la anotación de carreras en un grado u otro, nosotros podemos comparar ese total contra otras actuaciones de jugadores, incluso si no consiguen sencillos, bases robadas o ponches. Por ejemplo, si Mark Teixeira se va de 4-1 con un cuadrangular en ese mismo juego, entonces él habría creado un valor ofensivo similar al de Jeter, aún cuando tuvo un hit menos e hizo un out extra más. Su cañonazo fue más impactante que cualquier otra cosa que pudiese haber hecho su veloz compañero, y la compensación entre cantidad y calidad esencialmente se cancela.

“Podemos aplicar este concepto a todos los aspectos del juego, no solo a la ofensiva [peras con rinocerontes]. Cada out creado por un lanzador o un defensor también salva carreras, y una vez traducimos esos números a un total de carreras salvadas, podemos entonces comparar esos números entre las diferentes posiciones.

“Sin entrar en todos los cálculos — pueden encontrar una serie de 14 partes en profundidad que explica como se calcula el WAR en el glosario en FanGraphs si eres curioso — entonces el WAR toma esos valores totales de carreras salvadas y creadas, los ajusta por la relativa escasez entre las diferentes posiciones, y convierte las carreras en victorias [¿y esta traducción qué?] sobre lo que un equipo podría esperar si ese jugador se lesiona y tiene que ser reemplazado por algún jugador veterano de liga menor o un jornalero sustituto de la banca”.

Aplíquense a estas pretensiones fantásticas (¿qué tiene de científico poner un valor de 0,2 carreras “creadas” a un hit o a una base robada o de 0,3 “carreras evitadas” a un ponche?, cosa loca) los principios sencillos de medición que he repetido ya varias veces y se tendrá una idea clara de lo descabellado que es esto, si quiere pasar de un mero juego y de unos datos que se complementan con otros y que no sustituyen a nadie y, a lo más, amplían la perspectiva. Cualquier pretensión por encima de esto, en los términos en que está, al menos, el artículo parcialmente transcrito, es una completa ilegitimidad.

Con Kobe y Howard, Los Lakers van para la playa

La debacle de los lakers será una labor colectiva

De local, contra uno de los peores equipos de la NBA, los Wizards, hace una semana, entregándose, luego de obtener una ventaja de 18 puntos, los lakers 2013 mostraron que no tienen vida

De local, contra uno de los peores equipos de la NBA, los Wizards, hace una semana, entregándose, luego de obtener una ventaja de 18 puntos, los lakers 2013 mostraron que no tienen vida

Tienen a dos de los jugadores que, hasta el año pasado, al menos, entraban en todas las discusiones sobre quién era el mejor jugador de Basket del mundo (ya hoy no hay discusiones, para mi pesar: con lo mal que me cae, LeBron es el mejor). Tienen a dos de los mejores jugadores no-gringos que haya habido nunca, entre los que está uno de los mejores bases-pilotos, que haya pisado una cancha; y entre los que está uno de los número 4, pivotes, power forwards, que ha habido en mucho tiempo. Tienen a un loco de carretera que es un defensor de primera línea. Tienen a un tal Earl Clark, que ha sido una de las sorpresas positivas de la temporada de NBA. ¿Qué pasó?

Kobe, el penta-campeón, se entendió siempre como uno de esos jugadores que, con un escudero decente y otros tres por encima de la mediocridad, era suficiente para meterse en las discusiones. Este año se reunió con otras tres superestrellas. Steve Nash siempre fue un director de orquesta que, con un demostrado jugador de segundo nivel, podía hacer maravillas y poner a sudar a los grandes… y hacía ver como un grande a ése, que no lo era, sino un buen complemento, para los picks and rolls: Amare Stoudemire. Dwight Howard hizo más aún: llevó a Orlando a ganar la Conferencia Este, hace 4 años, con apenas 23, con unos buenos francotiradores, pero siendo él el eje único del equipo. Pau, por su parte, es un fenómeno, campeón del mundo, doble subcampeón olímpico, doble campeón de la NBA. A todos éstos hay que añadirles a Artest-World Peace… Este fenómeno de quinteto está a punto de ser eliminado de los play offs de la NBA. Tú puedes decir que Kobe vivió la humillación del 2.004, cuando él, con Shaq, el cartero Karl Malone, Gary Payton, fue barrido de la cancha por los sorprendentes Pistons de los dos Wallace, Chauncey y Rip Hamilton. Puedes decir eso, pero esto ni se compara: perder en la final de la NBA, luego de ganar el Salvaje Oeste, no es lo mismo que salir por la ventana, con registro negativo en la temporada regular. Ahorita está en 37-36, pero éste es mi pronóstico: van a perder más que a ganar de ahora en adelante y van a terminar fuera. Me puedo equivocar, no soy Tamara, quiero decir, Walter (chiste malo), no adivino el futuro, pero los Lakers van para afuera y no van a quedar ni de novenos. Teniendo una de las nóminas más altas de toda la liga, si no la más alta, más de 1,5 veces mayor que la de sus rivales de Utah, que es todavía superior a la de Dallas, con todo y Dirk Nowitzki. San Antonio, con una inversión muy inferior a la de los Lakers, tiene 17 victorias más y 19 derrotas menos que los de Los Ángeles.

Entonces, la pregunta permanece, ¿por qué? Se puede buscar en las lesiones, pero, en realidad, quien ha tenido problemas toda la temporada, el único que los ha tenido, es Pau. Ahora se lesionó el autodenominado Metta World Peace, pero, a estas alturas, este evento tiene poco que ver con la situación actual. La lesión de Kobe lo apartó una semana, dos juegos, nada. Además, Mike D’Antoni había anunciado que Gasol sería marginado, de modo que, incluso su lesión vino, más bien, a revelar que los problemas están en otra parte. Los suplentes: siempre sirven de chivo expiatorio, pero el balance de puntos positivos y negativos de los titulares del equipo muestra otra realidad. Bruno Altieri, de espndeportes, dice que Pau y Howard se molestan, por jugar ambos en la pintura, y que Kobe y Nash se molestan, por tener ambos el balón siempre. Me parece una explicación que explica poco: parejas así se han compenetrado en la historia, solamente hay que hacer memoria: piensen en las dos torres de San Antonio, Tim Duncan y David Robinson, campeones en 1.999.

Dejando de lado otras hipótesis y causas concomitantes y contribuyentes, etc., lo que se puede ver es un equipo de gente no comprometida y de egos enormes, incluyendo al de un entrenador que dirigió con éxito a Nash, porque estaban en un equipo hecho para ellos dos y Amare y sin nadie que los molestara. Kobe está comprometido, pero se le ha salido su deseo de ser el líder, a lo macho, sin importar el equipo, hasta cuando ha dado 15 asistencias, ha estado buscando poner un número impresionante, aunque no fuera en

SuperDwight: o se baja de esa nube o no va pa ningún lado

SuperDwight: o se baja de esa nube o no va pa ningún lado

el renglón de los puntos anotados. Nash, al que no voy a acusar de egoísta, no se halla en un ambiente así, está fuera de su ecosistema, está perdido en kobelandia y el infierno de Dwight. Pau, lesionado, despreciado, acusado de todo lo malo, hasta de cuando se acaban las cervezas en el Staples Center, porque es mariquita, no tendrá mucha motivación. Y llegamos a Dwight, un fenómeno, un “superman”, un producto puro de la revolución.

El otro día escribí un artículo sobre el mesías Obama y el dios Ronaldo, Dwight es otro de esos dioses. Y lo peor es que su principal feligrés es el mismo. Es decir, yo no conozco al hombre, hablo con cautela, no puedo asegurar nada tajantemente. Pero piénsese en el berrinche que hizo por años en Orlando… se lo llevó, el mismo mohín interminable, a los Lakers. Que tomen nota todos los equipos, si este tipo no cambia, donde llegue lo que va a hacer es crear problemas. No sé, luego de cómo se han peleado por él, así como los espectáculos con LeBron y todo lo demás, no estoy muy seguro de que aprendan tan fácilmente lo equipos, menos con el final feliz que tuvo la historia de James.

Finalmente, la gerencia del equipo: contrata a un entrenador con un sistema que no sirve, que, además, no está dispuesto a cambiar nada de sus modos eficaces sólo en ciertas circunstancias; entregado a las estrellas Howard y Bryant. Embarcado en la lapidación masiva a Gasol.

Así, esta tragedia, como el basketbol bueno, es una labor colectiva…

A mis antagonistas sabermétricos

Saberméticos responden, se les replica

Sinopsis del significado de la sabermetría: arriba, negocio (business) y scouting, buscadores de talento: ahí está la caída, unos vivos científicos darán la estrategia de gastos de los equipos

Sinopsis del significado de la sabermetría: arriba, negocio (business) y scouting, buscadores de talento: ahí está la caída, unos vivos “científicos” darán la estrategia de gastos de los equipos, los contratos, los billegas

En mi artículo sobre sabermétrica, traté de mostrar que el beisbol, como actividad humana, trata sobre un reto, una batalla individual, de poder, habilidad, consistencia, valentía; que tiene que ver con un cuadro más grande, en el que otros dependen de los contrincantes individuales. A veces, el desafío incluye hasta la generosidad: el bateador tiene que sacrificarse por el equipo: toque de bola. Ahí no cabe la medición, meterla es meter lo ajeno. Quienes amamos al beisbol, amamos esto en primer lugar, no otra cosa. Claro, de repente entran unos que se dan cuenta de que hay jugadores que hacen mejor las cosas, que aportan más al equipo, que tienen éxito en sus retos individuales con más frecuencia. Esos peloteros se hacen famosos (para algunos, “ídolos”) y todos quieren ir a verlos y están pendientes de sus actuaciones.

Hasta aquí, todo bien. Lo malo es cuando salen unos y dicen que el beisbol no se trata de lo que todos podemos ver, sino de unas fórmulas de iniciados, de un selecto grupo, que es quien puede decirnos qué es lo que nos tiene que gustar, sin que sepamos por qué y sin que en verdad nos interese: “no es bueno ser buen bateador, no; el buen bateador no es el bueno, es el disciplinado: meter hits no interesa, interesa más que te den bases por bolas”. ¿EN SERIO? “Sí y ése de las bases por bolas es el que tiene que cobrar y ganar premios; sí, ya los dueños de los equipos no están pagando a nosotros, los iniciados, para que les digamos a quién contratar”.

Traté de mostrar todo lo anterior, en el artículo que les digo. Pero recibí respuestas negativas de muchos amantes de la “saber-metría”. Ninguno, sin embargo, refutó ninguno de mis argumentos, como es tan común. Dicen: “eres un fanático”, “no tocas ningún principio epistemológico”, “esto es una sarta de sensiblerías”. Bueno, pero díganme: yo muestro que el beisbol es no cuantitativo y que la medición de lo no cuantitativo, de lo cualitativo, según Pierre Duhem (La Teoría Física, su objeto y su estructura), supone alguna capacidad de traducción y que la misma va por las intensidades de las cualidades; que los instrumentos de medición tienen que controlarse, que las medidas son proporcionales a lo medido y constantes o no hay posibilidad de medir (cfr. Werner Heisenberg, Diálogos sobre la física atómica, citando a Niels Böhr). Luego muestro que los sabermétricos violan cada uno de estos principios y luego quieren manipular decisiones sobre premios y el mercado, con base en una pseudociencia. Entonces, muéstrenme que lo que digo es falso y después, si quieren, digan de mí lo que sea, no me importa, lo relevante es el tema y la verdad sobre él.

El beisbol se coronó con la lengua de Cervantes

Robinson Canó, segunda base de los Yanquis y emblema de República Dominicana, uno de los mejores del mundo... Latino

Robinson Canó, segunda base de los Yanquis y emblema de República Dominicana, uno de los mejores del mundo… Latino

Se acercó en octubre el elegante John Lowe, con su sombrero y su corbata, a saludarnos en San Francisco, antes de que comenzara el primer juego de la Serie Mundial. Este colega, luego de sus afectuosas palabras, contaba que estaba aprendiendo español. “Es una necesidad ya a estas alturas”, nos contaba.
Muchos de los cronistas estadounidenses, poco a poco, se han dado cuenta de que los latinos, los hispanos, dominan el juego. Los oriundos del Caribe han llegado a los máximos niveles de rendimiento de tal manera que en este momento nadie puede negar que los mejores exponentes del bateo y pitcheo, muchos de ellos, comparten nuestra identidad. (más…)

Sabermétrica, matemática aplicada al deporte… para dominar

No sólo es problema del beisbol, se piensa aplicar a todos los deportes profesionales de EUA

TroutCabreraEl béisbol, más que nada, es movido por un reto, un reto individual: un pitcher le dice a un bateador: “a que no la bateas de manera inatrapable”; el bateador responde: “a que sí”. Son dos machos, frente a frente. Pero eso no agota todo: si hay gente en base, el bateador se puede sacrificar, el pitcher tiene que procurar que no avancen; los jugadores de campo ayudarán a ese efecto. En el reto, cada uno tiene sus compañeros, para añadir drama, tensión y alternativas distintas para la estrategia. Aquí estamos hablando de relaciones: de equipos y entre rivales; y de cualidades: fuerza, destreza, velocidad. Se habla, también, de unas acciones y unas pasiones: el pitcher trata de engañar, el bateador encuentra el pitcheo y deposita la pelota en lo profundo del rightfield. Por ningún lado aparecen cantidades. Cualquier intento de matematizar esto, tiene que incluir alguna manera de traducir las realidades anteriores a números, a medidas. Siempre se utilizó una manera bastante obvia: un bateador se presenta a su reto particular un número de veces, sobre las que tiene éxito o fracaso otro número; dividiendo, se halla una proporción: Miguel Cabrera tuvo 330/1000 el año pasado y ganó el título de bateo. Pero, como pasa mucho hoy en día, llegaron unos vivos, que dicen ser los descubridores del agua: encontraron la piedra filosofal, la ciencia aplicada al beisbol. En los últimos siglos han salido miles que se presentan y dicen: “la humanidad estaba en tinieblas, hasta que llegué yo”. Vean a Marx, a Nietzsche, a Hegel, a Descartes, Heidegger, Comte, etc. El beisbol no podía quedar al margen. Y, como siempre, cada vez que aparece uno así, hay que desconfiar, puede estar buscando algo diferente. Para mí, está claro, quiere que sus favoritos ganen premios (Mike Trout, ESPN y Miguel Cabrera son  nombres suficientes para probarlo) y quieren influir en las decisiones de los equipos, en cuanto a contratación de peloteros.

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Dominicana Vs. Puerto Rico

Robinson Canó, segunda base de los Yanquis y emblema de República Dominicana, uno de los mejores del mundo, ¿estará inspirado en la final?

Robinson Canó, segunda base de los Yanquis y emblema de República Dominicana, uno de los mejores del mundo, ¿estará inspirado en la final?

Hace dieciocho años, en una Semana Santa, fui a jugar fútbol en una casa de retiros del Opus Dei. Me invitó un amigo que estaba ahí, haciendo una convivencia. En esa actividad, participaban miembros de esa institución, claro, pero principalmente de Venezuela, aunque recibían como anfitriones a unos dominicanos y unos “puertorros”. Jugué y la pasé buenísimo, con amigos de la universidad y esa gente bullanguera: unida a los locales, el relajo estaba asegurado. Luego del juego, fuimos a merendar y un cura me preguntó si quería ir a misa. Le dije que por supuesto y asistí a un acto singular: era en una capillita donde sólo cabía el cura y un monaguillo, cuyas veces hice yo. Me sentí amado de Dios ese día. El cura era dominicano. Luego me fui a mi casa y dejé a todos esos numerarios en su actividad de Semana Mayor. Un poco más tarde, ese mismo año, fui invitado a Santo Domingo y llamé al padre Juan Carlos, mi compañero de aquella misa memorable. Me invitó a su casa, un centro del Opus Dei de esa ciudad. Casualmente, había otra convivencia y, de nuevo, dominicanos y puertorriqueños compartieron conmigo momentos muy agradables.

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