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Hollywood en alto contraste (2)

Omar Shariff, el Gengis Khan de Hollywood

Omar Shariff, el Gengis Khan de Hollywood

Hollywood nos ha dado mucho, eso ha quedado claro, sobre eso no discutimos. Lo malo es cuando lo que nos ha dado no es ese entretenimiento sano, esa diversión inocente, incluso, esa pérdida de tiempo justificada, pues, a nuestros recalentados cerebro e inteligencia y voluntad, les hacía falta un balde de agua fría hollywoodense, precisamente, es decir, de los magos de la diversión ligera, en la que te concentras, sin cansancio. Pero ahí no queda todo, esa es la cara amable de Hollywood, hay otras, hay problemas que surgen de los “artistas”:

Nadie puede decir, por ejemplo, que Hollywood sea maestro de historia, todo lo contrario, es de una mendacidad espeluznante en esta materia. Aquí, se puede dividir. Hay temas que a Hollywood le importan un pito y temas que considera de vida o muerte. Así, podemos disculpar que nos presenten a Omar Sharif como Gengis Khan; y a un Gengis Kan en China, inventando el uso militar de la pólvora y enfrentando en una batalla absurda a los persas, absurdo todo, hasta esta posición histórica de un imperio persa, a mediados del siglo XIII de la era Cristiana. Porque, además, eso nos hizo despertar un interés juvenil por el personaje: la indignación nos llevó a investigar un poquito sobre varios temas vinculados y, así, por pasiva y por negativa, Hollywood fue maestro. Al final, quienes no investigaron, quienes se quedaron con estas imágenes absurdas, no fueron dañados sino mínimamente en su “cultura general”.

Lo malo es cuando Hollywood compromete toda la fuerza de su ideología “liberal”: dependiente de Nietzsche, de Marx, adoradora de Freud, vitrina del New Age, promotora del feminismo y del “género”, “tolerante”, o sea, inmoral y promotora de la inmoralidad como “libertad”, llena de christianophobia, radicalmente futurista, anti-política, es decir, disolvente de las patrias (empezando por los Estados Unidos: servirá de ejemplo Flags of Our Fathers [La conquista del honor, en Hispanoamérica], de Clint Eastwood), drogas (miles, pero, ¿cabrá proponer como ejemplo a The Big Lebowski?) y pornografía (Boogie Nights, una gotica de ejemplo en el mar). Hollywood puede meter su ideología en todas partes: en la historia, en la presentación de personajes actuales o recientes (normalmente esto lo hacen con mal gusto, con odio evidente), en películas “tontas-pero-divertidas” (como en Volver al futuro, citada en el artículo anterior desde una perspectiva positiva), en las películas románticas, en todas partes.

Hollywood nunca producirá una película en la que Fidel, sea realmente el malo, o, para el caso, Nikita o Kennedy: lo serán los militares gringos, los que presentan como “patriotas”; Kennedy será un patriota, pero “liberal” (13 días, con Kevin Costner). No son raros los mensajes confusos en Hollywood: “el patriotismo es malo per se, pero no si se da en ciertos individuos, a saber, nosotros, los liberales, bellos, racionales y simpáticos”. Este tipo de “razonamientos” es típico; todos los ideologizados, sobre todo si pertenecen a un partido, a un movimiento de masas que lleva al mundo la ideología, “razonan” así: las contradicciones son tapadas y aún justificadas, en la masa de justificaciones del progreso, la ciencia, la “libertad”, el pueblo, el proletariado. Recientemente decidieron dignarse a presentar bajo estos lentes a alguien a quien le deben tener algo de miedo: Sarah Palin, en la película Game Change, en la que se presenta la imagen típica hollywoodense de quien lidera al Tea Party actual, de una “ultra-conservadora”: una idiota, frígida, irracional, ignorante, antipática, energúmena (en sentidos literal o figurado, según corresponda).

De hecho, fíjense bien en las películas que vean. Casi siempre, la primera parte presenta los personajes sobre los que versará la trama después. Si presentan a uno que sea bello, simpático, carismático, audaz, agudo, inteligente, con retruécanos, habilidad en el trato y para lograr metas, persistencia: ése terminará siendo “liberal”, será amado de Hollywood, héroe de la película, un TRIUNFADOR. Al feo, agazapado, cruel, energúmeno, tenso, irracional, medio bruto o, por lo menos, obtuso, bilioso, abyecto, inseguro, atrabiliario, de relaciones frías y distantes (en especial, con su esposa, novia o lo que sea), a éste, no le quedará mucha oportunidad: éste es el

Jurassic Park, apariencia de inocencia para ideologizar

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conservador, neo-nazi, antisemita, religioso, católico, patriota, el PERDEDOR. Así es en Million Dollar Babe y True Crime, de Eastwood, Avatar, de Cameron, The day after tomorrow, de Roland Emmerich, Runaway Jury, de Gary Fleder, Jurassic Park, de Spielberg, Outbreak, de Wolfgang Petersen, y paremos de contar.

Hasta aquí, como ven, hemos hablado de presentación, del papel de regalo y el lacito, de las formas; tenemos que hablar de la sustancia, del meollo, del queso de la tostada, del parmesano del espagueti. Eso, en el próximo y de una manera que me gusta mucho, ya verán. Entonces, la ideología hollywoodense en el próximo artículo, que divido en dos para no cansarlos, compañeros…

Definitivamente, Hollywood es una realidad en alto contraste.

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