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Rubén Blades: ¿sabes por qué “en Latinoamérica matan al…”? (7): México vence a la revolución

El cacique “amerindio” quería gritar: viva España, Hispanoamérica y yo también, bien, bien

Los "indigenistas" pretenden que nosotros seamos esto, que hagamos sacrificios humanos, etcétera. Lo mejorcito de esto que ahora es América, Mayas, Aztecas, Incas, los practicaban. Cristo acabó con estos abusos y trajo el amor de Dios... Que lo digan Juan Diego o el Inca Garcilazo de la Vega...

Los “indigenistas” pretenden que nosotros seamos esto, que hagamos sacrificios humanos, etcétera. Lo mejorcito de esto que ahora es América, Mayas, Aztecas, Incas, los practicaban. Cristo acabó con estos abusos y trajo el amor de Dios… Que lo digan Juan Diego o el Inca Garcilazo de la Vega…

Según Hans Kelsen, quien no cree que existan patrias, a lo Marx, a lo Hobbes, a la manera del materialismo radical, a la manera del gnosticismo extremista, una comunidad política es una ficción (ya que no hay humanos) que consiste, en realidad, en un juego de fuerzas físicas. Una de esas fuerzas se impone, al azar, sobre las otras y dicta una constitución y un cuerpo legal. Hay una hipótesis fundamental, una norma primera meta-ordenamiento que ordena obedecer al mismo y es, así, el fundamento de todo. Kelsen se da cuenta de la contradicción: ¿cómo hay leyes y racionalidad jurídico-científica, si todo es fuerzas físicas, materiales? Para defenderse, dice que él cree en la racionalidad jurídica de manera ciega, es una fe a la manera de Lutero, del fideísmo, contraria a la razón: “la ciencia del derecho es a la sociología jurídica, lo que la teología es a la sociología de las religiones”, dice. Sobre esa base, se ha pretendido imponer cualquier cosa en este mundo, por la vía de leyes irrespetuosas de lo humano. Sobre base así y por la ignorancia, un materialismo “folk” y la fuerza de la propaganda gnóstico-ideológica, se nos ha querido hacer cree que somos indios, que, sin comunidad política, tienen una continuidad mística con nuestras repúblicas progresistas, luego de haberse deslastrado del “yugo español”. Chile y Venezuela nos han servido de ejemplos para ver el tamaño de la locura y el despropósito.

Pero hay otros ejemplos. Méjico es uno excelente. Cuando Hernán Cortez llegó al Valle del Anáhuac, donde se encuentra hoy la capital de ese país, en el que hoy es el territorio del Estado, había varias comunidades, ninguna, por supuesto, cristiana; y la más importante era la constituida por los aztecas, que veneraban a distintos dioses y que esperaban la venida de Quetzalcóatl, con quien confundieron al propio Cortez. Cuando, en la segunda mitad del siglo XIX, Méjico se hallaba fuertemente dividido, cualquier mejicano, incluso “liberal”-secularista sabía perfectamente que había un solo símbolo poderoso de la unidad nacional: la Virgen del Tepeyac, Nuestra Señora de Guadalupe, a quien incluso añoraba el destacado intelectual liberal mejicano, Ignacio Altamirano, que la veía de ese modo, precisamente (David Brading, Orbe Indiano, FCE, México). Luego, cuando los revolucionarios del primer cuarto del siglo XX, cegados por su odio a Dios, quisieron erradicar el Cristianismo de Méjico, se hallaron de pronto embarcados en una batalla al mismo tiempo desigual e inesperada: se había encendido la gran “Guerra de los Cristeros”. El pueblo llano mejicano, al grito de “viva Cristo Rey”, y con la consigna de “devuélvannos a los curitas”, sin medios materiales, ponía, como una gran Fuenteovejuna, “todos a una”, en jaque al dominio de la Revolución. Las elecciones posteriores a la Guerra fueron ganadas por José Vasconcelos, pero también arrebatadas por el de paradójico nombre Partido Revolucionario Institucional.

Así, la herencia azteca de Méjico es mucho más racial que cultural, sobre todo si se tiene en cuenta que al Cristianismo lo que se oponía, en 1.927, no era el “espíritu de Cuahutémoc” o de Moctezuma, sino el “liberalismo”, el “librepensadurismo” propio de la mal llamada “ilustración” europea. Pero, en este cuadro, el “grito de Dolores” sólo pone el marco, aunque un marco que es crucial: Méjico es una unidad política independiente y el proceso que lo separó de la metrópoli colonial comenzó con Morelos e Hidalgo y eso tiene, como en el caso venezolano, virtud constitutiva. Mas la historia de Méjico es la historia de una comunidad hispánica, con importantes antecedentes aztecas, pues éstos constituyeron un gran pueblo; pero es una comunidad indudablemente hispánica: es un Estado nacional, de tipo europeo, con universidades occidentales, que habla castellano, que venera a la Virgen María, que es democrático, que cree en los derechos humanos, etc. No se puede despreciar a los aztecas y el carácter simbólico que representan en el Méjico de hoy, pero este país es occidental, porque es hispano. De nuevo, Kelsen no puede tener razón. De nuevo, ni somos “independencia” ni somos indios prehispánicos…

Habría muchos ejemplos que tocar para dar un contrapunto a estos de nuestras comunidades políticas, como el de la Italia unificada de Víctor Manuel II, la sometida a franceses y españoles y austríacos y al Sacro Imperio, etc.; en comparación con la de las ciudades-estado renacentistas o la Roma republicana o imperial. También sería bueno tratar de los países balcánicos, de Palestina e Israel, de Pakistán y otros, a ver si lo que dice Kelsen se parece remotamente a la realidad. Pero me parece muy conveniente traer el ejemplo de Polonia. Esta gran nación estuvo sujeta, primero, a tres imperios (ruso, prusiano y austro-húngaro), durante 120 años, hasta el fin de la Primera Guerra Mundial; luego, a los nazis y los soviéticos, de 1.939 a 1.945; y, finalmente, a los bolcheviques, de 1.945 a 1.989, cuando recuperó su capacidad de regir sus destinos hasta el día de hoy. La historia de Polonia se remonta a más de mil años, por lo que la hipótesis de Kelsen es inadecuada. Pero es menester traer dos capítulos de la lucha por su independencia respecto del imperio de los rusos comunistas. El primero es el de la admirable historia de Nowa Huta, una ciudad minera construida por los comunistas polacos, vasallos de los rusos, que, en la década de 1.950, sería la primera ciudad sin Iglesia, sin Dios, de la vida de aquel país. El pueblo polaco se dedicó desde entonces a asistir a misa todos los domingos a un descampado en las afueras de la ciudad, lloviera, nevara o sucediera lo que sucediera. El reto duró dos décadas, al final de las cuales el gobierno ateo permitió la construcción del templo, en el lugar en que se habían realizado las celebraciones litúrgicas. No esperaba, empero, que unos hombres y mujeres sin recursos materiales ni tiempo fueran capaces de llevar a cabo una obra tan difícil. Y se equivocó: robaron horas a su sueño, a su familia, a su recreación; tomaron más de un millón de piedras de los ríos de Polonia y trozos de metal, residuos de la actividad minera; montaron el edificio y lo adornaron con un gigantesco crucifijo. Vieron la perla –que es el Reino– y vendieron todo lo que tenían y compraron el campo donde se hallaba, siguiendo las palabras de su Señor.

Más tarde se abriría el segundo capítulo que quiero comentar: los mineros de Gedansk se fueron al paro, pidiendo que se abrieran caminos de libertad: la Polonia del último cuarto del siglo XX, a través de Solidaridad, se abría paso en la Historia y escribía uno de los capítulos más llenos de heroísmo. El régimen respondió con violencia y Polonia estuvo a punto de ser nuevamente invadida por el “ejército rojo” de la Unión Soviética. Pero no se arredraron y consiguieron la anhelada liberación de la Patria. El alma polaca, que los nazis quisieron pulverizar y los soviéticos trataron de transmutar, había vencido amenazas imponentes. Polonia atravesaba peligros gigantes con un espíritu inquebrantable, no obstante que sus medios materiales eran insignificantes, minúsculos, comparados con las amenazas.

Polonia, como Hispanoamérica, nació como hija de la Iglesia y se mantuvo fiel, a costa del martirio, en momentos desesperados a los ojos humanos. No es Polonia, como pretende el nacionalismo, un conjunto de tribus vándalas, germanas, o de simples nómadas eslavos. No, es una república occidental, que, como dice Platón, ha resistido de manera increíble hasta las estupideces de sus propios líderes, a través de una historia milenaria. Nosotros tenemos que levantarnos así.

La sustancia espiritual de un país, de una comunidad política, miembro de una sociedad más amplia, de una civilización, es esencial a su constitución; de hecho, cuando los clásicos hablan de ‘constitución’ se refieren a ella y a las instituciones fundamentales, para las que son muy importantes las leyes, claro, pero no a ninguna “Ley de leyes”. Así, es claro que Hans Kelsen no se acerca a dar una explicación satisfactoria de los que sean los aspectos fundamentales de una comunidad política o de la “constitución” de la misma.

Hispanoamérica es una parte de una gran civilización, atravesando una tremenda crisis cultural. Esa parte, en las últimas décadas (más de 10, en la mayoría de los casos) se ha entregado a las interpretaciones que de sí dieron desde siempre sus enemigos históricos y, lo que es peor, aceptando la versión de las mismas dadas por esos enemigos en esta etapa de revolución de la profunda oscuridad y rebelión contra Dios. No ha sido menor, en esta debacle, la labor sucia de muchos entregados al espíritu anti-hispano, como el nombrado Guzmán Blanco en Venezuela o los revolucionarios mejicanos o gente como los revolucionarios cubanos y paremos de contar. Hemos entrado en regiones de revolución profunda. La única respuesta es revivir a gente como Vasconcelos, Briceño Iragorry, Oswaldo Lira (Chile), José Enrique Rodó (Uruguay), José Fuentes Mares (Méjico) y otros muchos como ellos. ESTO ES, EN VERDAD, PURA REBELIÓN DE LA ESENCIA: VIVA HISPANOAMÉRICA, EL CONTINENTE DE LA ESPERANZA; DESPIERTA HISPANOAMÉRICA, TU ESENCIA Y LA ESENCIA TE CONMINAN A ELLO… COMO DICE UNA CANCIÓN INFANTIL VENEZOLANA: el Cacique Guaicaipuro mató a su mujer, porque no le dio dinero para irse en el tren, en el tren había un lorito que decía: ¡¡¡¡¡VIVA ESPAÑA, VENEZUELA [Y CHILE, PANAMÁ, NICARAGUA, MÉJICO, ARGEENTINA Y TODOS LOS DEMÁS] Y YO TAMBIÉN, BIEN, BIEN!!!!!


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